
Todos conocemos a la princesa RapunZel, aquella a la que el príncipe salvó de estar presa en una torre trepando por su larga cabellera; la típica historia de la típica princesa desdichada que acaba con el típico “…y vivieron felices y comieron perdices” pero ¿y que pasa después de eso? ¿En serio vivieron felices? ¿De verdad que comieron perdices?
Pues no, de eso nada, para empezar, a los dos días de casarse el príncipe no aguantaba ni un segundo más a la princesa, era presumida, engreída, egoísta, mandona, no sabía cocinar, dormía hasta la una del mediodía, no le gustaban los animales… ¡ni siquiera sabía cantar! Se pasaba el día sentada en su habitación, cepillándose el cabello. Para cuando acababa de cepillarlo ya eran las tantas de la noche, así que se volvía a acostar y así un día tras otro, cepilla que te cepilla.
El príncipe, cansado de esta situación, decidió cortar por lo sano, y nunca mejor dicho, decidió cortarle el cabello. Pero no podía hacerlo directamente, sería ir de cabeza al suicidio. No, decidió contratar los servicios de un peluquero. Le dijo que se ofreciera a la princesa a lavarle el cabello, y que en el proceso le administrara a este alguna substancia rara para que se le cayera el pelo.
Así lo hizo. Estaban en los jardines de palacio, le estaban lavando el pelo en la piscina real (era el único sitio lo suficientemente grande) y mientras la princesa leía una revista de cuidado del cabello, el peluquero cogió una gran garrafa en la que se leía: “ÁCIDO SULFÚRICO”, se lo esparció a Rapunzel con mucho cuidado de no tocarlo por el cabello. Cuando acabó, se acercó a ella y le dijo que se tenía que marchar un momento, que enseguida volvía.
Mientras esperaba, la princesa se quedó dormida, cuando se despertó, notó algo raro en su cabeza, estaba demasiado… ¿ligera? Se llevó una mano a la cabeza y cuando notó que faltaba algo de vital importancia se giró y vio a sus pies los resto de lo que fuera su preciada cabellera, se quedó un momento en shock y cuando reaccionó pegó un grito que recorrió todo el reino, a continuación cayó desmayada en el suelo.
Cuando despertó se encontraba en su habitación, una vez se hubo espabilado escuchó unas voces que venían del pasillo, agudizó el oído y lo que escuchó le hizo hervir la sangre de pura ira: “Si, si, ya está, el peluquero le ha cortado el cabello, tal y como yo le dije”, era la voz del príncipe.
Se levantó de la cama, se puso el sombrero más grande que encontró, hizo su maleta y se fue a buscar al príncipe. En cuanto lo vio se dirigió a él con una sonrisa encantadora y cuando estuvo lo suficientemente cerca… ¡¡PLAFF!! … le dio una torta en toda la cara.
Seguidamente se dio la vuelta y nunca nadie más volvió a saber nada de ella.
18-11-2008 (18:39)
13 comentarios:
María, me alegro mucho que te animaras a escribir tu versión de este cuento y me lo enviases.
Al leerlo lo primero que pensé es que se nota que eres muy joven y eso también me gusta, que te hayas querido unir a nuestro juego. Como habrás visto también los niños y las niñas de mi cole escribieron los cuentos desde "su" punto de vista.
Ya sólo queda que os escribáis con los mayores por correo tradicional!
Espero que el curso te vaya muy bien.
Un abrazo y gracias por tu tiempo.
Conchi
hola maría!!!!!!!
hermosa tu versión de este cuento tradicional.
en realidad no se sabía bien como había terminado esta historia.
gracias por contarla!!!!!nada más que ella era medio vanidosa, no??????
un abrazo y felicitaciones, sigue así
Muy bueno!! es una versión muy actual , de muchas parejas (no te parece)jajaja , que bien que se haya animado hacer su versíon de este bello cuento! Felicidades a María!
Besitos Conchi y que tengas un hermoso día:)
También es verdad que aquel tirón de pelos fué el primer maltrato de la historia. Ya no dudo de que ella era presumida, pero el príncipe empezó primero con los malos tratos físicos (que dolor, aguantar el peso de un hombre trepando hasta la ventana) y luego psicológicos, cortando un cabello del que ella se sentía tan orgullosa.
Y, luego dicen que Dalila se portó mal con Sansón...
(Perdón, perdón, se me fué la olla. Pero solo para que se vea que se puede dar una tercera vuelta, una cuarta, una quinta. Pero, tu, ni caso, sigue escribiendo, que lo haces muy, muy bien.)
No se si la princesa sería demasiado insoportable, pero lo que hizo el príncipe me parece fatal, es una traición, las cosas se hablan y mas entre enamorados. Pienso que no la quería mucho.
No me extraña que ella lo haya dejado, yo hubiese hecho lo mismo.
Muy bien por Maria y por Conchi, por supuesto.
besos
Jejeje, la verdad es que se me ocurrió de sopetón, lo escribí y salió eso...
No se muy bien como vamos a hacer para "cartearnos" con tus niños, porque por lo que se sabela fue a hablar con la profe de lengua de 1º y 2º de E.S.O., y como estamos en 3º no estoy segura de que vamos a hacer, ya preguntaremos :)
¡Un saludo, gracias por colgar mi historia!
Felicidades a las dos, a María por escribir el cuento y participar, y a Conchi porque visto lo visto, comprobando que mueve montañas, no me extrañaría nada que cualquier día nos mostrase un relato escrito por una de esas montañas que tan hábilmente pone a andar.
Un abrazo para tus niños/as que lo han hecho muy bien.
Abrazos.
Hola María, estábamos las dos haciendo comentario a Conchi. Lo vuestro, Sandra y tú, será escribir una carta (sabemos que lo hacéis muy bien) dirigida a todos/as los niños/as del colegio de Conchi, bueno quizás a los que están en 2º de ESO, supongo que alguno contestará. De todas formas Conchi tendrá la solución más acertada, ella os informará.
Conchi perdóname por meter la nariz.
Abrazos.
María y Sabela, ya estoy esperando esa carta, jaja! Las ideas no hay que dejarlas que se enfríen, lo difícil es empezar pero luego ya viene rodado.
Os agradezco a todas vuestras visitas y vuestros saludos.
Seguro que María seguirá escribiendo cuentos y lo que se proponga. Creo que es una chica muy madura para sus catorce años y siempre recordará este cuento, ¡sin duda!
Un abrazo.
Conchi
vaya cuento tan bonito. Alguna vez sí que he pensado qué pasaría después del comer perdices de los cuentos tradicionales: la cenicienta y esos cuentos que forman nuestra vida. Encantador. Una delicia de lectura. Qué envidia, ojalá pudiese yo escribir así, jaja!!Muchos besos.
Muy buena esta versión moderna que bien se podría aplicar en algunos casos de los tiempos de ahora. Lo de comer perdices yo creo que solo comieron un día jajaja, después no sé lo que comerían. Felicidades María por tu cuento y hacernos pasar un ratito divertido con él.
Conchi, gracias por tu comentario, estoy bien pero hoy toca hacer el cuento de la ratita jajaja, pero he hecho un alto en el camino y me he venido a tu blog a ver qué tenías por aquí y desearte feliz fin de semana.
Un beso para las dos.
Me ha gustado mucho... ahora, espero que ni una gota de ácido le haya tocado la piel o le hubiera producido un agujero insalvable.... muy original y, tal vez, más real que el mismo cuento. Un saludo
Maria, felicitaciones por tu cuento, estoy de acuerdo con el sentido que has dejado pues la vida auténtica de las parejas empieza justamente donde el cuento acaba. Más allá del colorín colorado y de las perdices. Un beso
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