viernes, 12 de diciembre de 2008

JA, por María Jesús

Hace tiempo había un hombre.

Un hombre indómito y primitivo, habitante de las selvas amazónicas, o de las del Zambeze o el Orinoco. Habitante de América o de Africa ¡qué más da!: habitante de un mundo desconocido.

Vivía pacientemente: sobrevivía a tormentas y tempestades; a sequías e inundaciones; a los calores más asfixiantes y a las más heladas intemperies.


Nicaragua

Comía, bebía, vivía. Pescaba, procreaba, jugaba con sus hijos y les enseñaba todo lo que él sabía hacer. Su vida era igual a la de todos los de su familia, su clan y su tribu. Sufría y gozaba. Lloraba y reía. Cantaba, soñaba y amaba y, a veces pasaba hambre, pero otras, comía hasta hartarse.


Un día, apareció un pájaro en el cielo. Un pájaro asombroso, diferente a todos los de la selva.

La tribu se juntó y rezó a sus dioses. Las mujeres escondieron a sus hijos en los rincones más insospechados, en los lugares más recónditos. Luego, todos, hombres y mujeres prepararon sus lanzas y sus ofrendas, porque aún no sabían si tendrían que luchar o agasajar...

El pájaro descendió verticalmente, rompiendo ramas, machacando hierba y rodeado de un remolino. Y, mientras volaban en pétalos las flores de las ofrendas y las lanzas caían de las manos temblorosas de sus dueños, el vientre del pájaro se abrió y de él salieron dos hombres:

Sus caras eran pálidas, el color de su pelo, pajizo y, uno, escondía sus ojos tras unos adornos extraños. Pero, parecían hombres, aunque sus cuerpos no estaban cubiertos de hojas ni de plumas...llevaban algo de color cielo cenagoso, pegado, escondiendo y diciendo donde estaban las nalgas; se le veían las manos y marcaban, pero no enseñaban, los pies.

Ja, nuestro hombre, el hombre de esta historia, notó como su frente se despegaba de la tierra, sus nalgas de los talones y como, luego, sus rodillas se separaban del suelo. Se irguió (preguntándose que había sido lo que lo hiciera postrarse para adorar a aquel pájaro y aquellos seres), se irguió, digo, y dijo:

DISS POF TROC TROC

(Y quería decir: ¿qué pájaro es ese que vuela cae y hace tanto ruído)


Pero aquellos seres le hablaron en extraños sonidos, no fáciles de reproducir y no supo qué querían decirle. De cualquier forma, entendió que deberían guardar las lanzas y traer flores nuevas para agasajarlos.

Los hombres y las mujeres, mostraron a sus hijos con orgullo. Todos presumieron de armas y adornos. Más tarde, les enseñaron sus despensas naturales: el río y el barro donde encontraban peces y deliciosos gusanos y la selva donde encontraban arañas y otros pequeños animales.

El pájaro no voló durante un tiempo y en él, Ja y los suyos aprendieron que el pájaro se llamaba Helicóptero, los adornos de los ojos, gafas y lo que le cubría el cuerpo, ropa (lo que cubría nalgas y piernas, vaqueros). Los pies llevaban zapatos, pero, tener, tenían dedos...

Aquellos hombres escribían sin parar en un cuadernito todo cuanto Ja y su tribu hacían y les hablaron de algo llamado civilización y, por los nombres de las cosas “civilizadas” (televisor, nevera, teléfono, lavadora), tenía que ser algo asombroso. Y, como Ja era el jefe y además tenía algo de gallego, decidió ir a conocer la civilización, para poder guiar a su pueblo por los caminos de la cultura superior...

Cuando subió al helicóptero dijo:

-Diss pof

Y, por mor de aquella amabilidad natural que lo caracterizaba, tradujo:

-Ahora me voy en el pájaro helicóptero, pero, ciertamente, he de volver a caer aquí mismo cualquier día.

(Y dijo muchas palabras, que la traducción literal era: vuelo caeré).

Madrid

Y Ja pasó un tiempo en una ciudad civilizada.

Un día dijo a Juan y Pepe, aquellos hombres con nombre de velocidad y de bocina:

-Por favor, llevadme de vuelta.

Los hombres quedaron asombrados. Al fin, Pepe habló:

-Estábamos seguros de que ya habías olvidado a tu tribu. ¿Cómo puedes cambiar esta vida fácil y civilizada, con todas las comodidades y llena de cosas placenteras, por aquella vida primitiva?

-“Os diré, amigos. En mi tribu, vivo; aquí tengo la sensación de que viven por mí. Y todas las comparaciones que hago entre una y otra forma de vivir, me empujan con más fuerza hacia allá. Me acuerdo de cómo abríais los ojos cuando nos visteis comer gusanos: yo no me pasmé cuando os vi comer anguilas, lampreas, angulas; cuando comisteis la primera araña, pusisteis cara de asco, pero las nécoras os parecen manjar de dioses; nosotros comemos serpientes, vosotros ranas... Recuerdo vuestro asombro cuando nos visteis desnudos: si yo aquí anduviese desnudo, el polvo, el humo y los gases taparían mis poros; si anduviese descalzo, mis pies se llenarían de heridas...pero si allá anduviese vestido, las tormentas mojarían mis ropas que se secarían sobre el cuerpo y se volverían duras e incómodas; si anduviese calzado, no podría andar sobre el barro, mis pies se hundirían y pisaría los bocados mas exquisitos. Las mujeres de mi tribu perderían mucho de su encanto si escondieran sus senos entre gomas que machacan el pecho; los hombres no querrían ocultar su sexo en eso que llamáis calzoncillos, para no perder el orgullo que da saberse hombres. Suprimida la ropa, ¿para qué queremos lavadoras?.

Poníais cara de asco porque comemos casi todo crudo, pero cuando queréis exquisiteces tomáis carne a la tártara, ostras o comida japonesa cruda. ¿Qué falta nos hace la cocina?.

Para mantener vuestras relaciones de familia y amistad, usáis el teléfono y el correo. Nosotros andamos diez pasos y encontramos a toda la gente que amamos y nos ama: no necesitamos que nuestra voz corra por un hilo, ni que el papel hable con nuestra lengua: nosotros somos los portadores de nuestros sentimientos y no necesitamos las interjecciones, nos llega con la expresión de los ojos. Porque para mantener la amistad y el amor, lo más importante es la presencia física, la expresión y las caricias.

No tenemos televisión, ni tocadiscos ni periódicos: todo lo que queremos ver, saber y escuchar está a nuestro lado: Tenemos el murmullo del viento en las ramas, el sonido de la lluvia en el río, las voces cantarinas de nuestros hijos. Tenemos el cielo limpio, inmenso, lleno de pájaros, que, en vez de hacer ruido, cantan. Y escuchamos a los animales de la selva pelearse o gozar.

Vosotros tenéis catedrales, escuelas y polideportivos. Para nosotros, todo lo que nos rodea es un templo a nuestros dioses y en cualquier sitio les hacemos ofrendas. Nuestros hijos aprenden con nosotros y con la naturaleza todo lo que les hace falta para vivir y ser felices. Nuestras energías las gastamos en correr y saltar por la selva, cazar y pescar y trabajamos en equipo con toda nuestra tribu para el mantenimiento diario: si pescamos un grandísimo pez, con ese trofeo, toda la tribu come y hace fiesta.

Vosotros tenéis calendarios porque los árboles han muerto por la polución, el papel y los muebles y los animales están enjaulados en zoológicos, muriendo por la ansiedad de libertad...¿para qué queremos nosotros los calendarios?. El verano es tórrido, el otoño calurosamente frío; el invierno gélido y la primavera,¡ ah, la primavera!: es un canto a la vida, a la luz, al amor...y toda la naturaleza entona ese canto y tiembla. Porque ese canto tiene su danza, una danza que hace que el hombre se sienta hombre y la mujer, mujer.

Quiero marchar porque quiero dejar de hablar cosas tan largas que no queda hueco ninguno, ninguna rendija por la que puedan meter su imaginación los que escuchan. Cuando yo en mi tribu digo DISS POF, mis padres entienden que me voy, pero que he de caer ante ellos antes de que se vayan definitivamente, para darles un último abrazo; mi mujer entiende que me voy pero que volveré pronto, porque no puedo vivir sin ella, porque la amo; mi amigo entiende que me voy, pero que antes de que nuestra amistad se mustie, estaré nuevamente a su lado; mi enemigo entiende que no huyo, que volveré para retomar nuestra lucha sin miedo...

Y también quiero irme por eso: quiero luchar contra mis enemigos sabiendo su nombre como ellos saben el mío; inventando trucos para derrotarlos; mirándoles a los ojos, sintiendo su rabia, calentándonos con el odio mutuo...Yo no sirvo para luchar con bombas que no sé donde caerán: a lo peor, sobre un anciano que había encontrado la paz interior; sobre una niña que esperaba a los suyos; sobre un niño que soñaba con ser libre: ¿quién será feliz?¿quién esperará? ¿quién soñará ese sueño?. Nadie. Las bombas hacen añicos la paz, los sueños y las esperas.

Y cuando yo falte no me van a meter en una caja, ni me van a tapar con una losa, ni pasarán el trabajo de llevarme flores: me taparán con tierra y sobre mi nacerán árboles, flores y frutos y puede que, después de transformado, sea alimento para aquellos a los que amo. Y los míos me recordarán al menos tanto tiempo como a vosotros los vuestros.

Yo allá soy EL HOMBRE para los animales. MI HOMBRE para mi mujer, JA para mis amigos, porque siempre sonrío...Aquí soy un hombre: nadie me conoce ni me quiere.

Llevadme, por favor. Quiero ser yo mismo y saber que vivo; que amo y soy amado; que sufro y soy feliz. Quiero escuchar la música del viento y la voz de mi mujer”.

Lo llevaron.

Ja, desnudo, se dejó caer del helicóptero y dijo:

-Pof

Su mujer le tendió la mano y Ja, como siempre, sonrió: supo que todos los suyos estaban entendiendo y escuchando TODO los que necesitaban oir.


En el helicóptero, los hombres comentaron:


-En realidad, nunca dejó de ser un salvaje.

Maria Jesús (Paradela de Coles).


Nota de la autora:

Escrito en 1990, en castellano. Traducido para ser publicado en la revista “Gaiola aberta” (Jaula abierta) en 1994. Perdida la primera versión, rehago la historia.

Es mi respuesta a esa estúpida creencia de los “civilizados” de que estamos en “posesión de la verdad” , lo que nos lleva a un absoluto menosprecio de lo desconocido. Cuando estudiamos a otras culturas, no lo hacemos para aprender, sino para comprobar “lo atrasados que están”.

Utilicé la afirmación de Saint Exupery en “El Principito” :”la palabra es fuente de malentendidos”.

13 comentarios:

Conchi dijo...

María Jesús, me alegro que te animaras a compartir tu cuento con tod@s nosotr@s.
Me ha gustado mucho el mensaje que nos trasnmites y es el tema ideal para una debate o tertulia.
No estamos en posesión de la verdad ni es tan imprescindible lo que se puede prescindir de ello.

No sé si este cuento es una versión de otro ya escrito, pero lo he colocado junto a los otros que escribimos las personas mayores, jeje.
Un fuerte abrazo. ¡Y gracias!!!!
Conchi

ISABEL TEJERA CARRETERO dijo...

Esa es la historia que nos gusta escuchar o leer . Al leerla es como si linea linea alcanzaras la libertad esa libertad "salvaje" Siempre acaba asi, el hombre salvaje vuelve a su tierra y los otros se quedan en su ciudad sin entender como no se dió cuenta de lo bien que estaba Con lo que la moraleja que se extrae es que cada uno se debe quedar en el lugar al que está acostumbrado... unos con zapatos y otros sin
Un abrazo

ANDREA dijo...

MAGNIFICO.

Nunca olvidemos de donde venimos, quienes fuimos y sobre todo NO OLVIDAR NUNCA NUESTRAS RAICES Y DE LOS QUE NOS PRECEDIERON EN EL CAMINO.

Me ha encantado, sigue escribiendo no pares.

Un saludo y hasta la próxima

Anónimo dijo...

sin palabras conchi!!!!!!!!

mensaje sin igual, ojalá muchos lo leyeran para copiar algo de todo ésto.....
las cosas simples son las que hacen la felicidad!!!!!
un abrazo reina y buen finde

Natacha dijo...

He encontrado unos minutos para venir a leer. y francamente, han sido bien empleados... enhorabuena a su autora.
Un beso, para tí, mi querida amiga.
Natacha.

Kety dijo...

Cada uno es feliz a su manera.
Felicito a su autora por su narración.

es cierto que no hay que olvidar nuestras raices, pero creo que tampoco menospreciar el progreso. Si no fuese por él, no habríamos contactado. Seamos realistas.

Un abrazo y feliz día a todas

Piedad dijo...

Interesante para la reflexión. El progreso es muy importante pero también se puede ser feliz con menos, porque cuanto más se tiene más se desea y a veces no nos paramos a contemplar aqello que poseemos ni a quien nos rodea.
Me ha gustado mucho este cuento y felicito a su autora.

Un beso.

Pato´s dijo...

Que bello mensaje amiga!!Nunca debemos olvidar de quienes somos y de donde venimos, y que se puede ser feliz con lo poco o mucho que se tiene ! Gracias por compartirla!

Besitos Conchi y muy buen comienzo de semana:)

AFRICA dijo...

Precioso, es de los cuentos que enseñan. Me ha hecho pensar en lo que nos perdemos con las prisas y el querer hacer mil cosas, desatendiendo a veces lo verdaderamente importante, la familia y los amigos.

Un abrazo

mari "no sé" dijo...

Creo que en la sociedad que nos ha tocado vivir es difícil encontrar el equilibrio entre la naturaleza y el progreso, entre nuestro interior y el exterior, entre el silencio y el ruido, entre la serenidad y la prisa. Este cuento me confirma que es importante trabajar individualmente para encontrar este equilibro porque es lo que nos hace ser seres únicos e individuales en una sociedad. Saber quíenes somos entre muchos otros. Darnos cuenta del "papel" que interpretamos en cada situación que vivimos. Vivir nuestra vida basandonos en el respeto, hacia nosotros, hacia los demás y hacia nuestro mundo. Jo, es algo muy profundo para poder explicarlo con unas simples palabras, es como dice el cuento: hay que mirarse a los ojos y decirlo con el corazón.
Un saludo para todos y un beso para mi hermana, jaja (lo siento, a ella la conozco personalmente)

mariajesusparadela dijo...

Gracias a Conchi por publicar mi historia. Gracias a vosotros por leerla y juzgarla con bondad. Creo que nada es bueno o malo en si mismo, pero el respeto hacia los otros es esencial: que no vivan como nosotros no qiere decir que sean menos sabios o felices.
Creo.

Conchi dijo...

Driada, Andrea, Adrisol, Natacha, Kety, Piedad, Pato's, África, Marisé, no os había dado las gracias esperando a que apareciera Maria Jesús, pues no sabía siquiera si ella había visto que yo había publicado su cuento.
Ya que ha venido, os doy las gracias de corazón por seguir pasando por este rincón dedicado a Compartir Experiencias.
Maria Jesús, yo también creo lo mismo que tú. Y también creo que nadie es poseedor de la Verdad.
Ahora soy yo la que te agradezco el que me enviaras tu relato para compartirlo con tod@s nosotr@s.
Un abrazo fuerte.
Conchi

@SusVersiva dijo...

Busco entre los cuentos, encuentro el de M. Jesús, y es curativo, como su blog, de reencuentro con la naturaleza, de mirar hacia adentro y hacia lo que importa. Felicidades a ambas (a ella por su continua reivindicación desde lo más sencillo, tan imprescindible; a ti, por estar atenta a las causas fundamentales, por abrir tus puertas, por publicarlo y por regalar cosas hermosas desde jtu blog).

Besos gigantes... Volveré!!

"Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad" (Cora Weiss)

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