Lo pasamos muy bien y aprendimos mucho. Nos enseñaron las dependencias y nos explicaron cómo trabajan ellos y los materiales tan sencillos que utilizan: tierra, agua, aire y fuego. También nos dejaron participar metiendo las manos en el barro sentados en el torno (claro, con el tornero al lado y sus manos creando los objetos), también hicimos unas cajitas con la técnica de los churritos y pintamos objetos que nos regalaron.
Los dueños de esta fábrica llevan años organizando estos talleres que llaman "Alfareros por un día" con el fin de dar a conocer este oficio artesanal. Ya sabemos que hoy se están perdiendo muchos de estos oficios. Este es familiar, pasando de padres a hijos.
Ver salir una jarra, un botijo, un plato, un muñeco de nieve y tantas, tantas piezas, de un taco de barro es algo mágico. Muy difícil. Como también lo es el decorarlas y luego darle el vidriado. Pudimos visitar un museo en el mismo pueblo donde había objetos realizados en todas partes del mundo. ¡Maravillas!
Trabajo donde se necesita creatividad, imaginación y buen pulso. Es imprescindible dominar el manejo de los pinceles para poder pintar estos objetos, tanto que muchos no podíamos creer que algunos estaban hechos de barro: biciletas, sillas, pañuelos, etc... Porque no solo está la cerámica tradicional sino que ahora hay una más moderna, innovadora, inventando nuevas formas.
Como decía la maestra alfarera que nos acompañó: "el barro en nuestra manos tiene vida".



