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viernes, 21 de noviembre de 2008

CUENTO Nº 19 (Segundo premio)



EL LOBITO Y LOS TRES CERDITOS



Había una vez un lobo que llevaba una semana sin comer, vivía en un bosque, en un tronco hueco. Vestía pantalones verdes y chaqueta morada. Parecía muy feroz pero era todo lo contrario.

Un día se despertó al escuchar ruidos. ¡Parecían de construcción!. Se asomó fuera de su tronco y vio a un cerdito, era pequeño y gordito. Estaba haciendo una casita con paja. Los ruidos no venían de ahí, estaba claro. El cerdito ya había acabado para cuando el lobo se dio cuenta. El lobo estaba hambriento pero todavía tenía algunas fuerzas, así que llamó insistentemente a la puerta y le dijo al cerdito:

-¡Por favor, ábreme, necesito algo de comer!

El cerdito no abrió porque estaba muy asustado, ya que creía que el lobo se lo quería comer. El cerdito se puso a temblar de miedo, y tembló tanto que derribó su casa. Al derribarse la casa, el cerdito salió corriendo a la casa de su hermano mayor, que era alto y delgado. El lobo pensó que iba a buscarle comida, así que lo siguió y llegó a la casa del segundo cerdito que estaba hecha con ramitas.

Cuando los cerditos lo vieron se asustaron mucho y se pusieron a correr por toda la casa. El lobo llamó a la puerta y volvió a decir:

-¡Por favor, abridme, sólo quiero algo de comer!

Al decir esto, el cerdito mayor se despistó y se chocó contra la pared, eso fue suficiente para derribar la casa. Al derribarse la casa los cerditos salieron corriendo a la casa de su otro hermano, que era alto y gordinflón. El lobo no sabía por qué se derribaban las casas, no sabía por qué corrían todo el rato los cerditos, y decidió seguirlos de nuevo para ver si esta vez tenía suerte y le daban algo de comer. Después de un largo rato caminando el lobo encontró una gran casa hecha con ladrillos y vio humo saliendo por la chimenea. El lobo se asomó por la ventana y vio que los cerditos estaban guisando algo. Al lobo le entró curiosidad y subió al tejado, se asomó por la chimenea para ver mejor el caldero, mientras pensaba:

-¿Serán garbanzos? ¿Serán lentejas? ¡No, es sopa!- y diciendo esto se escurrió con una teja y cayó de cabeza al caldero.

Los cerditos gritaron despavoridos cuando vieron al lobo dentro de la casa, pero lo que nunca imaginaron es que el pobre lobo iba a llorar y llorar y llorar sin parar.

-¡Qué desgraciado soy, llevo una semana sin probar bocado y nadie me ayuda! ¡Tengo tanta hambre!

Los cerditos se miraban asombrados y sintieron lástima del lobo. Ya no les parecía nada fiero y decidieron ayudarle.

-¡Pensábamos que nos querías comer! ¡Estábamos muy asustados!... Pero compartiremos la sopa contigo, ya sabemos que no eres malo.

-Muchas gracias, cerditos, siempre seréis mis amigos.

Recordad que, a veces, las apariencias engañan.

Marina, 11 años.



martes, 18 de noviembre de 2008

CUENTO Nº 5



CAPERUCITA ROJA SEGÚN EL LOBO



Hola a todos. Soy el lobo del cuento de Caperucita Roja. Os voy a contar la historia que verdaderamente ocurrió en aquel bosque.

Yo era un buen lobo, ayudaba a los lobitos abandonados, donaba mi dinero, cocinaba galletitas para repartirlas a los pobres en navidad…

Hasta que un día esa Caperucita de capa roja, violenta, aunque lo disimulaba muy bien, se cruzó en mi camino y me gritó desafiante:

-“Juguemos a quién mata primero a mi abuelita”.

Yo dije que no: “No, Caperucita, yo no soy un asesino”.

-“Esa vieja pesada me tiene cansada”.

-“Caperucita, ¿tan mala te has hecho?”.

Caperucita se fue rápidamente y en su canasto llevaba lindas flores.

No pude soportar la idea de que una viejecita, tan tierna como la abuela de Caperucita, muriera asesinada por su nieta y corrí para que no lo hiciera. Como yo conocía bien el bosque, tomé un atajo por el que tardaba la mitad del tiempo.

Cuando llegué a la casa de la abuelita, Caperucita no había llegado.

-“Abuela, corra y avísele a quien se encuentre más cerca que Caperucita se acerca a matarla”.

-“Oh, mi nietita”.

-“Corra, abuelita, yo tengo un plan para atraparla.

Así que la abuelita corrió a avisarle al leñador que vivía no muy lejos. Yo busqué ropa de la abuelita y me disfracé. Me metí en la cama y esperé a que llegara Caperucita, hasta que por fin llegó.

La niña se acercó y comenzó a insultarme.

-“¡Qué cara tan larga tienes y que feas manos y que mal! Eres una mala abuela”.

-“Nieta, te extrañaba tanto”.

-“Oh, qué boca tan grande tienes”.

Al decirme eso me comí a Caperucita, pero me cazaron en la puerta. La abuelita estaba furiosa y el leñador golpeaba mi estómago para que vomitara a la malvada niña, hasta que la vomité. Y al hacerlo me desmayé.

Al rato me encontré en el bosque sintiéndome muy pesado, y viendo las caras riéndose de la abuelita, el leñador y la mala Caperucita.

Me llenaron la barriga de piedras y me fui del bosque para siempre.

Virginia, 11 años.



lunes, 17 de noviembre de 2008

CUENTO Nº 4



CUENTO DE LA CABRITICA CONTADO POR EL LOBO



Estaba yo un día tranquilamente echado sobre un olivo cuando vi salir a la cabritica de su casa.

Lobo: ¡Anda! Pero si sale de su casa -susurré- a ver si oigo algo.

Cabritica: Bueno, voy a salir y recordad: no abráis la puerta a nadie. Cuando yo venga diré: soy vuestra madre, que tengo leche en las tetas y leña en las cornetas. Después os enseñaré la patita por debajo de la puerta,

Lobo: Ja, ja, ja, me he enterado de todo. Voy a merendar –dije, mientras me relamía-.

Me acerqué a la casa y dije:

Lobo: Soy vuestra madre, que tengo leche en las tetas y leña en las cornetas.

Cabriticos: Nuestra madre no tiene así la voz.

Había oído por ahí que los huevos suavizan la voz. Así que fui a un gallinero y le dije al hombre:

Lobo: Dame una docena de huevos.

Hombre: Te la daré si me pagas.

Lobo: O me los das o te como.

El hombre no tuvo más remedio que dármelos. Yo me comí todos los huevos y la voz se me puso suave. Llegué a la casa de la cabritica y dije con voz ya suave:

Lobo: Soy vuestra madre, que traigo leche en las tetas y leña en las cornetas.

Cabriticos: Enséñanos la patita por debajo de la puerta.

Y yo, sin más remedio, se la enseñé y ellos me dijeron:

Cabritcos: La patita de nuestra mamá es blanca.

Así que no tuve más remedio que ir al molino y le dije al molinero:

Lobo: Eh, tú, enharíname todo el cuerpo.

Molinero: Te lo enharinaré si me pagas.

Lobo: Como no me lo hagas te como.

Y el hombre no tuvo más remedio que enharinarme. Después fui a la casa de la cabritica y dije:

Lobo: Soy vuestra madre que tengo leche en las tetas y leña en las cornetas.

Cabriticos: Enséñanos la patita por debajo de la puerta.

Yo le enseñé mi patita y dijeron:

Cabriticos: Nuestra mamá tiene las uñas más cortas.

Así que no tuve más remedio que coger el cortaúñas y cortarme las uñas. Luego fui a la casa de la cabritica y dije:

Lobo: Soy vuestra madre que traigo leche en las tetas y leña en las cornetas.

Cabriticos: Enséñanos la patita por debajo de la puerta.

Se la enseñé y dijeron:

Cabriticos: ¡Es mamá!

Me abrieron la puerta y entré. Me los comí y fui a echar una siesta. Después no sé lo que pasó pero cuando me desperté fui a beber agua al río y de tanto que me pesaba la barriga me caí en él.

Y colorín colorado, conmigo y con los cabriticos este cuento se ha acabado.


Jesús, 11 años.



domingo, 16 de noviembre de 2008

CUENTO Nº 3



EL LOBO Y LAS GALLINAS



Había una vez una familia de gallinas. Tres gallinas querían hacer un nido cada una.

Una lo hizo en un árbol, otra en un pajar y la última la hizo en una casa.

Un día un lobo tenía hambre y vio un nido de gallina que tenía huevos. En el nido estaba la gallina y la vio el lobo y le dijo el lobo a la gallina:

-“Quita del nido que me voy a comer los huevos”.

La gallina le dijo al lobo:

-“No me quito de mi nido”.

-“Quita o me los como”.

-“¡Cómetelos!”

Se los comió.

El lobo siguió con hambre y vio a la otra gallina y le dijo:

-“Quita que me coma los huevos”.

-“No me quito”.

Se los comió.

Y de la gallina mayor también quería comerse los huevos, pero las gallinas le tenían una trampa, le habían puesto piedras pintadas como huevos.

El lobo también vio a la gallina con huevos y le dijo:

“Quita que me voy a comer los huevos”.

Y la gallina le dijo:

-“¡Toma, cómetelos!

El lobo los mordió y los dientes se le cayeron todos y el lobo se fue corriendo.

Al final las tres gallinas vivieron juntas y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Juan, 11 años.



viernes, 14 de noviembre de 2008

CUENTO Nº 2



EL PERRO Y EL LOBO



Como hacía todas las mañanas salí de casa a buscar algo de comer. Llevaba un saco al hombro y tenía intención de llenarlo para poder saciar mi hambre. Yo, el lobo, iba desaliñado y triste, pensando que llevaba demasiados días sin comer.

Al pasar cerca de una granja oí cacareo de una gallinas y yo me dije: “esta es la mía, hoy llenaré el estómago”. Y, pensando que el granjero estaba fuera, intenté saltar el muro, relamiéndome de gusto.

Pero el granjero no andaba lejos y cuando me vio que intentaba atrapar a sus gallinas, entró hecho un búfalo en el corral y me dijo:

-“¡No robarás mis gallinas, tunante!”

Yo, sin hacer caso al granjero, seguí persiguiendo a las gallinas.

El granjero no tuvo más remedio que atizarme con el garrote. Y me volvió a decir:

-“¡Aléjate de mi gallinero!”, me gritaba. “¡Vete por ahí!”

Yo huí machacado como una aceituna.

El granjero no contento con verme huir seguía atizándome con todas sus fuerzas.

-“¡Socorro! ¡Socorro!”, gritaba. “¡No volveré a robar en un corral en mi vida!”. Y pude escapar.

Yo, viéndome libre de la paliza del granjero, vi un panal entre las ramas de un árbol y dije: 2¡la miel es buenísima!”. Con la ayuda de un palo empecé a mover el panal para hacerlo caer.

Tanto moví el panal que los que estaban dentro se cabrearon tanto que salieron zumbando para atacarme. Yo quise huir pero ya me habían picado unas pocas de abejas.

Me acerqué al río y allí me zambullí. Era la única forma de huir de las furiosas abejas. Y allí estuve yo, sumergido en las aguas del río y respirando a través de una caña.

Como seguía sin comer y tenía mucha hambre, no se me ocurría otra cosa que mirar en el cubo de la basura. En ello estaba cuando veo pasar por allí al elegante perro.

-“¿Por qué buscas en la basura?”, me preguntó. “Mira lo bien que voy vestido”, añadió el perro. “Mi vida es maravillosa”.

-“Ya lo veo”, respondí, “y yo, en cambio, sin tener nada que llevarme a la boca”.

-“Deberías buscar un amo que te cuidara y te diera de comer. Así nunca pasarías hambre”, me aconsejó el perro.

-“¿Y qué debería hacer a cambio?”, le pregunté.

-“Llevar este collar para que tu amo te ate siempre que quiera”, me dijo el perro.

Yo pensé el consejo dado por el perro pero decidí que a mí no me gustaría estar atado.

Después de aquello estuve lamentándome un mes y para colmo me habían pegado con un garrote, me pegaron con una chivata y me dieron unas pocas pedradas en la cabeza.

Sergio, 12 años



miércoles, 12 de noviembre de 2008

CUENTO Nº 1






Un día muy temprano el lobo escuchó algo fuera y dijo:

-¿Quién anda ahí?

Era Caperucita Roja que estaba cortando leña para encender un fuego, pero no pudo encenderlo. Caperucita sólo quería quemar al lobo porque eran rivales desde pequeños. El lobo la echó de allí.

Un día precioso iba el lobo paseando con cuidado por el bosque. Andaba con cuidado por si se encontraba con Caperucita Roja. Ella era muy mala y él le tenía mucho miedo. Entonces el lobo fue a casa de su amigo a llevarle un bonito regalo y un poco de comida porque su amigo, que por cierto se llama Enrique, era pobre. Era un perro que tenía dos cachorritos. Él no tenía muchas pesetas. Tenía cinco pesetas solamente. Era muy pobre, por eso el lobo quería ayudar a su amigo y los cachorritos, pero a la madre de los cachorritos no la podía ayudar porque había muerto.

El lobo era muy amable y simpático, en cambio Caperucita Roja era malvada. Entonces apareció Caperucita y le dijo al lobo:

-¡Mira qué mariposas!

El lobo las miró y Caperucita aprovechó y le quitó la comida y el regalo y se fue. Entonces vio Enrique que era Caperucita Roja la rival del lobo y le echó la zancadilla, la cogió y se la dio al lobo. Llamó a un cazador que había venido por casualidad y la encerraron. Pero Caperucita Roja se escapó y el lobo se asustó. Le dijo al cazador que la parara y la cogió el cazador y ya no se escapó.

Caperucita Roja le pidió disculpas al lobo por todo lo que le había hecho y le dio la comida y el regalo para su amigo Enrique y los cachorros.

Ah, ¿y queréis saber lo que le regaló? Era una flor.

Y colorín colorado este malvado y amable cuento se ha acabado.

Ah, Enrique y sus cachorros y el lobo fueron muy felices.


Carolina, 9 años.

Noviembre 2008



"Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad" (Cora Weiss)

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