¡Feliz día del libro y feliz san Jorge!
Don Quijote de la Mancha
Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: donde una puerta se cierra otra se abre…
Capítulo vigésimotercero
De lo que sucedió al famoso Don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más famosas aventuras que en esta verdadera historia se cuentan
…
Subió Don Quijote sin replicarle más palabra, y guiando Sancho sobre su asno, se entraron por una parte de Sierra Morena que allí junto estaba, llevando Sancho intención de atraversarla toda, e ir a salir al Viso o a Almodóvar del Campo, y esconderse algunos días por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscase. Animóle a esto el haber visto que de la refriega de los galeotes se había escapado libre la despensa que sobre su asno venía, cosa que la juzgó a milagro, según fue lo que llevaron y buscaron los galeotes.
Aquella noche llegaron a la mitad de las entrañas de Sierra Morena, adonde le pareció a Sancho pasar aquella noche y aún algunos días, a lo menos todos aquellos que durase el matalotaje que llevaba, y así hicieron noche entre dos peñas y entre muchos alcornoques: pero la suerte fatal, que según la opinión de los que no tienen lumbre de la verdadera fe, todo lo guía, guisa y compone a su modo, ordenó que Ginés de Pasamonte, el famoso embustero y ladrón, que de la cadena por virtud y locura de Don Quijote se había escapado, llevado del miedo de la Santa Hermandad, de quien con justa razón temía, acordó de esconderse en aquellas montañas, y llevóle su suerte y su miedo a la misma parte donde había llevado a Don Quijote y Sancho Panza a hora y tiempo que los pudo conocer, y a punto que los dejó dormir. Y como siempre los malos son desagradecidos, y la necesidad sea ocasión de acudir a lo que no se debe, y el remedio presente venza a lo porvenir, Ginés ni era agradecido ni bien intencionado, acordó de hurtar el asno a Sancho Panza, no curándose de Rocinante, por ser prenda tan mala para empeñada como para vendida. Dormía Sancho Panza, hurtóle su jumento, y antes que amaneciese se halló bien lejos de poder ser hallado.
Salió la aurora alegrando la tierra, y entristeciendo a Sancho Panza, porque halló menos su rucio, el cual viéndose sin él comenzó a hacer el más triste y doloroso llanto del mundo, y fue de manera que Don Quijote despertó a las voces, y oyó que en ellas decía: ¡Oh hijo de mis entrañas, nacido en mi misma casa, brinco de mis hijos, regalo de mi mujer, envidia de mis vecinos, alivio de mis cargas, y finalmente, sustentador de la mitad de mi persona, porque con ventiséis maravedís que ganaba cada día mediaba yo mi despensa! Don Quijote que vió el llanto y supo la causa, consoló a Sancho con las mejores razones que pudo, y le rogó que tuviese paciencia, prometiéndole de darle una cédula de cambio para que le diesen tres en su casa, de cinco que había dejado en ella. Consolóse Sancho con esto y limpio sus lágrimas, templó sus sollozos y agradeció a Don Quijote la merced que le hacía, el cual, como entró por aquellas montañas, se le alegró el corazón, pareciéndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba. Reducíansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas tan embebecido y transportado en ellas, que de ninguna otra se acordaba, ni Sancho llevaba otro cuidado (después que le pareció que caminaba por parte segura), sino de satisfacer su estómago con los relieves que del despojo clerical habían quedado, y así iba tras su amo, cargado con todo aquello que había de llevar el rucio, sacando de un costal, y embaulando en su panza; y no se le diera por hallar otra aventura, entre tanto que iba de aquella manera, un ardite.
En esto alzó los ojos, y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanzón alzar no sé qué bulto que estaba caído en el suelo, por lo cual se dió priesa a llegar a ayudarle si fuese menester, y cuando llegó fue a tiempo que alzaba con la punta del lanzón un cojín y una maleta asida a él, medio podridos, o podridos del todo y deshechos; mas pesaba tanto, que fue necesario que Sancho ayudase a tomarlos, y mandóle su amo que viese lo que en la maleta venía. Hízolo con mucha presteza Sancho, y aunque la maleta venía cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella había, que eran cuatro camisas de delgada holanda, y otras cosas de lienzo no menos curiosas que limpias, y en un pañizuelo halló un buen montoncillo de escudos de oro, y así como los vio dijo: Bendito sea todo el cielo que nos ha deparado una aventura que sea de provecho. Y buscando más, halló un librillo de memoria ricamente guarnecido. Este le pidió Don Quijote, mandóle que guardase el dinero y lo tomase para él. Besóle las manos Sancho por la merced, y desvalijando a la valija de su lencería la puso en el costal de la dispensa. Todo lo cual, visto por Don Quijote, dijo: Paréceme, Sancho (y no es posible que sea otra cosa), que algún caminante descaminado debió de pasar por esta sierra, y salteándole malandrines le debieron de matar, y le trujeron a enterrar en esta tan escondida parte. No puede ser eso, respondió Sancho, porque si fueran ladrones no se dejaran aquí este dinero. Verdad dices, dijo Don Quijote, y así no adivino ni doy en lo que esto pueda ser; mas espérate, veremos si en este librito de memoria hay alguna cosa escrita por donde podamos rastrear y venir en conocimiento de lo que deseamos. Abrióle, y lo primero que halló en él escrito como en borrador, aunque de muy buena letra, fue un soneto, que leyendo alto, porque Sancho también lo oyese, vio que decía de esta manera:
O le falta al amor conocimiento,
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.
Pero si amor es dios, es argumento,
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel; pues ¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
Si digo que sois vos, Fili, no acierto,
que tanto mal en tanto bien no cabe,
ni me viene el cielo esta ruina.
Presto habré de morir, que es lo más cierto
que al mal de quien la causa no sabe,
milagro es acertar la medicina.
…
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viernes, 22 de abril de 2016
martes, 29 de septiembre de 2009
La afición por la lectura II
(Esta entrada es continuación de la entrada anterior)
Y ahora os tengo que contar otra historia que me ha pasado y que está relacionada con los blogs. Resulta que un día, hace tiempo, me encontré aquí en Compartiendo, un comentario de una persona que nos visitaba. En seguida fui a su espacio para agradecerle sus palabras y me encontré con que era una escritora: Blanca Miosi. Empecé a visitarla asiduamente para leer sus relatos, sus cuentos y lo que allí publicaba. Me gustaba su estilo. Un día Blanca publicó en una entrada que había escrito su segunda novela: "El legado. La hija de Hitler". Más tarde anunciaba que dicha novela se encontraba a la venta en España. En seguida me entraron muchas ganas de comprar este libro y leerlo, porque me gustaba el estilo de Blanca y por el hecho de conocerla (a través del blog, claro).
Me costó trabajo encontrar la novela, pero un día, estando de compras en unos grandes almacenes, pasé por la sección de libros y allí estaba esperándome. La compré y aquella misma tarde empecé a leerla.
Necesitaba un separador o marcapáginas para dejarlo señalando la página por donde iba leyendo. De pronto me acordé del que me regaló otra amiga bloguera. Una mujer que conocí hace tiempo a través del blog "Sueños que despiertan". ¡Y qué casualidad, esta mujer también se llama Blanca! A ella ya la conocéis pues ha participado en nuestro juego veraniego de los mandalas.
El marcapáginas lo hizo ella. Cogió una foto de mi blog y debajo escribió un bonito texto. La foto es de una ventana que pinté en tela y que formó parte de un decorado de teatro.
El mismo día que compré la novela le escribí un correo a su autora dándole la noticia. "¡Lo encontré!". Pensé que a ella le gustaría saber que su libro se estaba vendiendo y que había personas interesadas en comprarlo. Amablemente me respondió dándome las gracias y me pidió que cuando lo leyera le hiciera un comentario y lo publicaría en su blog de El legado. Cruzamos algunos correos más y un día recibí algo que me emocionó: Blanca Miosi me enviaba un autógrafo.

La novela me enganchó desde las primeras páginas y me la leí en pocos días. Le escribí el comentario a Blanca y unos días después ella lo publicó en su blog "El legado. La hija de Hitler", cosa que le agradezco de corazón.
No voy a hacer un resumen del libro pero sí os puedo decir que es una buena novela. Basada en hechos reales que ocurrieron en Europa, antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Creo que ella estudió y se documentó profundamente para escribir y conjugar la realidad con la fantasía de una novela.
Para mí uno de los personajes más importantes es Alice, una mujer que aparenta estar ajena a todo, pero que sabe lo que es el sufrimiento desde pequeña, se muestra segura exteriormente pero en su interior siente la soledad, se revela contra su padre del que se aleja creyendo que puede luchar contra el destino pero al final éste se cumple... siempre se cumple el destino.
Os dejo algunos enlaces por si queréis leer más sobre este libro y también os recomiendo que lo leáis por dos razones fundamentalmente: una porque es una buena novela que trata muchos temas interesantes como el ocultismo, el uso de los símbolos en la política o en las religiones, la lucha por el poder, etc; y la otra porque su autora, Blanca Miosi, es una mujer cercana, luchadora y encantadora.
Editorial Viceversa
Visión Femenina
A continuación podéis leer las palabras de Blanca como respuesta a las preguntas que le realizó Armando Rodera en una entrevista virtual muy interesante sobre "El legado. La hija de Hitler". Esta entrevista podéis leerla completa AQUÍ.
Mucho se ha hablado del esoterismo que rodeaba a Hitler y sus seguidores más cercanos, pero no fue el motivo por el cual El legado tiene como hilo conductor el ocultismo. El personaje Hanussen es todo un misterio. Se sabe poco de sus antecedentes, sin embargo queda la pregunta: ¿cómo pudo un mago de circo obtener tal ascendencia sobre el Führer? Fue la pregunta que me hice y empecé a trabajar en torno a ella. No he pretendido hacer de la novela un simple recuento de pasajes mágicos o esotéricos. He tratado de hacer comprender cómo personas con mentes poderosas pueden llegar a dominar a las masas, basándose en la utilización de las técnicas mentales como el hipnotismo, y el poder de persuasión. Las consecuencias se pueden ver aún hoy en cualquier parte del mundo, si se saben utilizar estos dones.
Todo ser humano tiene dos caras. Algunas veces más. Cuando nos comunicamos a través de Internet, por ejemplo, mostramos una faceta diferente a la que conoce nuestra familia. Se podría decir que nos transformamos, ¿es nuestro verdadero yo? ¿O el verdadero yo es el que trabaja, conduce, toma el metro y cuenta chistes que la novia tiene que soportar una vez más? Estoy segura de que la personalidad que adoptamos para comunicarnos virtualmente es la que quisiéramos tener. Hitler también tenía esa dualidad, es más que probable que por un lado era el frío estratega, inflexible, duro, inexorable, y por el otro, un hombre sensible, enamorado, que soñaba con ser un gran pintor, que amaba a su perro, vaya, un hombre que ama a su perro debe tener sentimientos.
En la novela doy a entender que Hanussen tuvo algo que ver con la caída de Hitler, es cierto, pero al mismo tiempo doy información cierta de lo mal que andaban las cosas para los nazis. La invasión alemana de la Unión Soviética fue el detonante. Hitler incumplió el pacto que había hecho con Stalin y envió millones de soldados alemanes al frente ruso. Todos sabemos en qué terminó aquello. Perdieron tiempo, equipos y soldados. Por otro lado, en África, Montgomery derrotó a Rommel, mientras que los italianos, como aliados de Hitler no aportaban mucho. El desembarco de Normandía fue consecuencia de la entrada de Estados Unidos en la guerra. Se habían mantenido reticentes después de lo ocurrido en la Gran Guerra, pero después del ataque a Pearl Harbor no les quedó otro camino que declararle la guerra a Alemania y al eje formado por Italia y principalmente Japón. Ahora, dime: ¿no te parece sospechosa la cadena de desaciertos que se produjeron por parte de Hitler? ¿Por qué tenía él que mantener a sus tropas en Rusia, sabiendo los antecedentes de las guerras napoleónicas? ¿Y por qué los japoneses tenían que atacar Pearl Harbor? Todos estos acontecimientos me dieron motivo para pensar que de alguna manera Hitler había perdido “su toque”.
Quizás el destino haya querido que, gracias a internet, nos hayamos encontrado. Vosotras, vosotros y yo.
A través de esta ventana nos estamos comunicando y hasta nos estamos dando cariño.
Esta vez yo estoy contenta con el destino...
¡Si habéis llegado hasta aquí leyendo os merecéis un abrazo enorme y un trocito de cielo!
Y ahora os tengo que contar otra historia que me ha pasado y que está relacionada con los blogs. Resulta que un día, hace tiempo, me encontré aquí en Compartiendo, un comentario de una persona que nos visitaba. En seguida fui a su espacio para agradecerle sus palabras y me encontré con que era una escritora: Blanca Miosi. Empecé a visitarla asiduamente para leer sus relatos, sus cuentos y lo que allí publicaba. Me gustaba su estilo. Un día Blanca publicó en una entrada que había escrito su segunda novela: "El legado. La hija de Hitler". Más tarde anunciaba que dicha novela se encontraba a la venta en España. En seguida me entraron muchas ganas de comprar este libro y leerlo, porque me gustaba el estilo de Blanca y por el hecho de conocerla (a través del blog, claro).
Me costó trabajo encontrar la novela, pero un día, estando de compras en unos grandes almacenes, pasé por la sección de libros y allí estaba esperándome. La compré y aquella misma tarde empecé a leerla.
Necesitaba un separador o marcapáginas para dejarlo señalando la página por donde iba leyendo. De pronto me acordé del que me regaló otra amiga bloguera. Una mujer que conocí hace tiempo a través del blog "Sueños que despiertan". ¡Y qué casualidad, esta mujer también se llama Blanca! A ella ya la conocéis pues ha participado en nuestro juego veraniego de los mandalas.El marcapáginas lo hizo ella. Cogió una foto de mi blog y debajo escribió un bonito texto. La foto es de una ventana que pinté en tela y que formó parte de un decorado de teatro.
El mismo día que compré la novela le escribí un correo a su autora dándole la noticia. "¡Lo encontré!". Pensé que a ella le gustaría saber que su libro se estaba vendiendo y que había personas interesadas en comprarlo. Amablemente me respondió dándome las gracias y me pidió que cuando lo leyera le hiciera un comentario y lo publicaría en su blog de El legado. Cruzamos algunos correos más y un día recibí algo que me emocionó: Blanca Miosi me enviaba un autógrafo.La novela me enganchó desde las primeras páginas y me la leí en pocos días. Le escribí el comentario a Blanca y unos días después ella lo publicó en su blog "El legado. La hija de Hitler", cosa que le agradezco de corazón.
No voy a hacer un resumen del libro pero sí os puedo decir que es una buena novela. Basada en hechos reales que ocurrieron en Europa, antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Creo que ella estudió y se documentó profundamente para escribir y conjugar la realidad con la fantasía de una novela.
Para mí uno de los personajes más importantes es Alice, una mujer que aparenta estar ajena a todo, pero que sabe lo que es el sufrimiento desde pequeña, se muestra segura exteriormente pero en su interior siente la soledad, se revela contra su padre del que se aleja creyendo que puede luchar contra el destino pero al final éste se cumple... siempre se cumple el destino.
Os dejo algunos enlaces por si queréis leer más sobre este libro y también os recomiendo que lo leáis por dos razones fundamentalmente: una porque es una buena novela que trata muchos temas interesantes como el ocultismo, el uso de los símbolos en la política o en las religiones, la lucha por el poder, etc; y la otra porque su autora, Blanca Miosi, es una mujer cercana, luchadora y encantadora.
Editorial Viceversa
Visión Femenina
A continuación podéis leer las palabras de Blanca como respuesta a las preguntas que le realizó Armando Rodera en una entrevista virtual muy interesante sobre "El legado. La hija de Hitler". Esta entrevista podéis leerla completa AQUÍ.
Mucho se ha hablado del esoterismo que rodeaba a Hitler y sus seguidores más cercanos, pero no fue el motivo por el cual El legado tiene como hilo conductor el ocultismo. El personaje Hanussen es todo un misterio. Se sabe poco de sus antecedentes, sin embargo queda la pregunta: ¿cómo pudo un mago de circo obtener tal ascendencia sobre el Führer? Fue la pregunta que me hice y empecé a trabajar en torno a ella. No he pretendido hacer de la novela un simple recuento de pasajes mágicos o esotéricos. He tratado de hacer comprender cómo personas con mentes poderosas pueden llegar a dominar a las masas, basándose en la utilización de las técnicas mentales como el hipnotismo, y el poder de persuasión. Las consecuencias se pueden ver aún hoy en cualquier parte del mundo, si se saben utilizar estos dones.
Todo ser humano tiene dos caras. Algunas veces más. Cuando nos comunicamos a través de Internet, por ejemplo, mostramos una faceta diferente a la que conoce nuestra familia. Se podría decir que nos transformamos, ¿es nuestro verdadero yo? ¿O el verdadero yo es el que trabaja, conduce, toma el metro y cuenta chistes que la novia tiene que soportar una vez más? Estoy segura de que la personalidad que adoptamos para comunicarnos virtualmente es la que quisiéramos tener. Hitler también tenía esa dualidad, es más que probable que por un lado era el frío estratega, inflexible, duro, inexorable, y por el otro, un hombre sensible, enamorado, que soñaba con ser un gran pintor, que amaba a su perro, vaya, un hombre que ama a su perro debe tener sentimientos.
En la novela doy a entender que Hanussen tuvo algo que ver con la caída de Hitler, es cierto, pero al mismo tiempo doy información cierta de lo mal que andaban las cosas para los nazis. La invasión alemana de la Unión Soviética fue el detonante. Hitler incumplió el pacto que había hecho con Stalin y envió millones de soldados alemanes al frente ruso. Todos sabemos en qué terminó aquello. Perdieron tiempo, equipos y soldados. Por otro lado, en África, Montgomery derrotó a Rommel, mientras que los italianos, como aliados de Hitler no aportaban mucho. El desembarco de Normandía fue consecuencia de la entrada de Estados Unidos en la guerra. Se habían mantenido reticentes después de lo ocurrido en la Gran Guerra, pero después del ataque a Pearl Harbor no les quedó otro camino que declararle la guerra a Alemania y al eje formado por Italia y principalmente Japón. Ahora, dime: ¿no te parece sospechosa la cadena de desaciertos que se produjeron por parte de Hitler? ¿Por qué tenía él que mantener a sus tropas en Rusia, sabiendo los antecedentes de las guerras napoleónicas? ¿Y por qué los japoneses tenían que atacar Pearl Harbor? Todos estos acontecimientos me dieron motivo para pensar que de alguna manera Hitler había perdido “su toque”.
Quizás el destino haya querido que, gracias a internet, nos hayamos encontrado. Vosotras, vosotros y yo.
A través de esta ventana nos estamos comunicando y hasta nos estamos dando cariño.
Esta vez yo estoy contenta con el destino...
¡Si habéis llegado hasta aquí leyendo os merecéis un abrazo enorme y un trocito de cielo!
sábado, 26 de septiembre de 2009
La afición por la lectura I
Aprendí a leer cuando tenía cinco años. En aquella época, hace ya mucho tiempo, no era obligatoria la educación infantil. Cerca de mi casa había una escuela y la maestra era amiga de mi madre. Por las tardes venía de visita, tomaban café y charlaban amigablemente. Así que teniendo yo cuatro años, Doña Carmen, la maestra, le dijo a mi madre que me llevara a su escuela, pero que también tenía que llevarme una sillita pues todas estaban ocupadas.
Yo me sentaba al lado de la maestra y miraba a las niñas que eran de distintas edades, todas mayores que yo. Estábamos en una escuela unitaria.
No sé cómo aprendí a leer, apenas lo recuerdo. Pero sí me acuerdo de que mi madre me hacía leer las lecturas y poesías en voz alta y a mí me gustaba.
En mi casa sólo tenía el libro que me compraron para el colegio y mis cuadernos, un lápiz y una goma (cuando se me perdía borraba con la miga del pan), un sacapuntas que partía la mina del lápiz (pero siempre estaba mi madre o mi padre que me sacaban punta con la navaja) y poco más.

Me gustaba leer pero no tenía libros. Mi familia era una familia humilde, mi padre albañil, mi madre modista. No siempre cobraban por los trabajos realizados, así que la economía estaba ajustada. Nuestra casa estaba al lado de la de mis abuelos y yo me pasaba mucho tiempo en su casa, al lado de mi madre y de mi abuela que siempre estaban cosiendo.
Cuando mi abuelo dejó de trabajar en el campo, por la edad, se compró un canasto para vender chucherías en la calle. Además de las pipas, caramelos, chicles, etc, llevaba encargos que les hacían las mujeres: bobinas de hilos, botones... y también novelillas del oeste. A él le gustaba leer estas novelas y las cambiaba en una tienda de aquellas donde había de todo.
Recuerdo que yo me las ingeniaba para coger sus novelas del oeste y leerlas. Tenía que hacerlo a escondidas, mientras él dormía la siesta o se iba al bar, pues no quería que nadie se las tocara. Creo que por esta circunstancia aprendí a leer con gran rapidez (velocidad lectora), para que no me pillaran. ¡Cómo me gustaban aquellas novelas! Incluso me metía en la trama y vivía aquellas aventuras. Quizás eso me ayudó también a imaginar y soñar.
Los años pasaron. Fui creciendo y mi madre, principalmente, se empeñó en que estudiara. Con nueve años hice Ingreso, examinándome por libre y luego 1º , 2º y 3º, también por libre. A partir de 4º ya empecé a ir a un Instituto.
Creo que la mayor parte de lo que he aprendido en mi vida lo hice en los primeros años, aquellos que iba a clases con un maestro, Don José, y luego me tenía que examinar por libre en junio. Un hombre super exigente al que tenía que pagarle por las clases que me impartía. Mi madre me repetía una y otra vez: "Este mes tenemos dinero para pagarle. Si el mes que viene no tenemos tendrás que dejar de estudiar". Afortunadamente esto no ocurrió y pude continuar mis estudios, con ayuda de becas posteriormente.

En aquella época sólo teníamos un libro, una enciclopedia donde venía todo: la enciclopedia Álvarez. Religión, Lengua, Literatura, Matemáticas, Ciencias, Geografía, Historia... todo estaba contenido en este libro. Y aprendíamos. Y aprendimos. También gracias a la labor del maestro o maestra que se esforzaba en sus explicaciones y que no nos dejaba pasar ni una!
Con quince años me llevaron a un colegio de religiosas. Allí estuve interna durante dos cursos. Para mí significó un cambio radical en mi vida: un antes y un después. Mi madre y mi abuela me daban dinero por si necesitaba comprar algo (cinco duros =veinticinco pesetas). Normalmente no necesitaba gastarlo así que lo ahorraba y con ese dinero empecé a comprar libros. Casi siempre compraba tebeos (comics) o cuentos para mi hermana, que era pequeña (ocho años menor que yo). Así fuimos haciéndonos de una biblioteca. A ella también le gustaba mucho leer. Los libros de aquella época aún están guardados en una estantería en casa de mis padres.


Pienso que nuestra afición por la lectura la heredamos de nuestra abuela Concepción (madre de mi padre) y de nuestro abuelo Pedro (padre de mi madre, el de las novelas del oeste). Mi abuela Concepción se pasaba el día leyendo. Sus hijos cuentan que se levantaba y se sentaba a leer y cuando ellos volvían de trabajar ella seguía leyendo. Mi hermana heredó dos libros suyos, que guarda como un tesoro.

Mi abuelo Manuel murió siendo yo muy pequeña y no sé si sabía leer, pero mi abuela María no sabía ni leer ni escribir. Con ella me crié y ella me transmitió muchos valores.
Estudié Magisterio y nada más terminar empecé a trabajar. Entré a la escuela con cuatro años y aún no he salido.
Me casé con un compañero de estudios, también maestro, con gran afición por la lectura. Así que pronto nuestra casa se fue llenando de libros. Tenemos muchos muy antiguos y otros actuales.

Por nada del mundo nosotros tiraríamos un libro.
Tuvimos un hijo y una hija que desde muy pequeños leían cuentos, comics y todo lo que nosotros les ofrecíamos. Mi hija, sobre todo, sigue sintiéndose atraída por los libros, y no me refiero a los de Medicina. En cuanto tiene un poco de tiempo libre se lee un libro.
(Aún seguimos conservando en la familia la costumbre de regalarnos un libro en las celebraciones de cumpleaños, santos, navidad, etc. Nos los vamos pasando y después de leerlos los comentamos. Esto nos gusta.)
Pasaron los años y llegó a nuestras vidas un aparato que también significó un cambio: un antes y un después. Este aparato era el ordenador. Durante mucho tiempo yo me negué a manejar aquel instrumento tan novedoso, como todos decían. Yo prefería mi papel y mi lápiz. Pero también llegó al colegio y ya me convencí de que o aprendía o me quedaba descolgada. Así que empecé a sentarme delante de él, con más miedo que ilusión. Todo lo que sé me lo enseñaron ellos: mi marido y mis hijos.
Empecé a utilizar el ordenador como un procesador de textos. Luego aprendí a navegar en internet (¡qué miedo me daba!), a hacer presentaciones con el Power Point, a manejar un poquito el Photoshop y hasta me abrí una página para poner mis cosas: ¡un blog!
Después de ese primer blog, "Sueños_que_despiertan", nacieron otros: "En las estrellas nos encontramos", "Compartiendo experiencias" y "Voces Escolares MA". También, en mi afán de aprender, abrí un foro relacionado con el blog de las estrellas que se llama "Componiendo Libertad". Este espacio tiene muy poca actividad y ya casi lo dejé para guardar cosas, pero sorprendentemente recibe muchas visitas. ¡En internet no hay nada oculto!
A partir de aquí ya casi conocéis mi vida. Ahora tengo más de un blog, sí, pero lo más importante que me ha pasado es que he podido seguir aprendiendo, al mismo tiempo que he conocido a personas maravillosas, entre las que os encontráis las que asiduamente pasáis por aquí.
¡Quién me iba a decir a mí, cuando borraba el lápiz con la miga de pan, que me iban a pasar estas cosas!
Continúa...
Yo me sentaba al lado de la maestra y miraba a las niñas que eran de distintas edades, todas mayores que yo. Estábamos en una escuela unitaria.
No sé cómo aprendí a leer, apenas lo recuerdo. Pero sí me acuerdo de que mi madre me hacía leer las lecturas y poesías en voz alta y a mí me gustaba.
En mi casa sólo tenía el libro que me compraron para el colegio y mis cuadernos, un lápiz y una goma (cuando se me perdía borraba con la miga del pan), un sacapuntas que partía la mina del lápiz (pero siempre estaba mi madre o mi padre que me sacaban punta con la navaja) y poco más.

Me gustaba leer pero no tenía libros. Mi familia era una familia humilde, mi padre albañil, mi madre modista. No siempre cobraban por los trabajos realizados, así que la economía estaba ajustada. Nuestra casa estaba al lado de la de mis abuelos y yo me pasaba mucho tiempo en su casa, al lado de mi madre y de mi abuela que siempre estaban cosiendo.
Cuando mi abuelo dejó de trabajar en el campo, por la edad, se compró un canasto para vender chucherías en la calle. Además de las pipas, caramelos, chicles, etc, llevaba encargos que les hacían las mujeres: bobinas de hilos, botones... y también novelillas del oeste. A él le gustaba leer estas novelas y las cambiaba en una tienda de aquellas donde había de todo.
Recuerdo que yo me las ingeniaba para coger sus novelas del oeste y leerlas. Tenía que hacerlo a escondidas, mientras él dormía la siesta o se iba al bar, pues no quería que nadie se las tocara. Creo que por esta circunstancia aprendí a leer con gran rapidez (velocidad lectora), para que no me pillaran. ¡Cómo me gustaban aquellas novelas! Incluso me metía en la trama y vivía aquellas aventuras. Quizás eso me ayudó también a imaginar y soñar.
Los años pasaron. Fui creciendo y mi madre, principalmente, se empeñó en que estudiara. Con nueve años hice Ingreso, examinándome por libre y luego 1º , 2º y 3º, también por libre. A partir de 4º ya empecé a ir a un Instituto.
Creo que la mayor parte de lo que he aprendido en mi vida lo hice en los primeros años, aquellos que iba a clases con un maestro, Don José, y luego me tenía que examinar por libre en junio. Un hombre super exigente al que tenía que pagarle por las clases que me impartía. Mi madre me repetía una y otra vez: "Este mes tenemos dinero para pagarle. Si el mes que viene no tenemos tendrás que dejar de estudiar". Afortunadamente esto no ocurrió y pude continuar mis estudios, con ayuda de becas posteriormente.

En aquella época sólo teníamos un libro, una enciclopedia donde venía todo: la enciclopedia Álvarez. Religión, Lengua, Literatura, Matemáticas, Ciencias, Geografía, Historia... todo estaba contenido en este libro. Y aprendíamos. Y aprendimos. También gracias a la labor del maestro o maestra que se esforzaba en sus explicaciones y que no nos dejaba pasar ni una!
Con quince años me llevaron a un colegio de religiosas. Allí estuve interna durante dos cursos. Para mí significó un cambio radical en mi vida: un antes y un después. Mi madre y mi abuela me daban dinero por si necesitaba comprar algo (cinco duros =veinticinco pesetas). Normalmente no necesitaba gastarlo así que lo ahorraba y con ese dinero empecé a comprar libros. Casi siempre compraba tebeos (comics) o cuentos para mi hermana, que era pequeña (ocho años menor que yo). Así fuimos haciéndonos de una biblioteca. A ella también le gustaba mucho leer. Los libros de aquella época aún están guardados en una estantería en casa de mis padres.


Pienso que nuestra afición por la lectura la heredamos de nuestra abuela Concepción (madre de mi padre) y de nuestro abuelo Pedro (padre de mi madre, el de las novelas del oeste). Mi abuela Concepción se pasaba el día leyendo. Sus hijos cuentan que se levantaba y se sentaba a leer y cuando ellos volvían de trabajar ella seguía leyendo. Mi hermana heredó dos libros suyos, que guarda como un tesoro.

Mi abuelo Manuel murió siendo yo muy pequeña y no sé si sabía leer, pero mi abuela María no sabía ni leer ni escribir. Con ella me crié y ella me transmitió muchos valores.
Estudié Magisterio y nada más terminar empecé a trabajar. Entré a la escuela con cuatro años y aún no he salido.
Me casé con un compañero de estudios, también maestro, con gran afición por la lectura. Así que pronto nuestra casa se fue llenando de libros. Tenemos muchos muy antiguos y otros actuales.

Por nada del mundo nosotros tiraríamos un libro.
Tuvimos un hijo y una hija que desde muy pequeños leían cuentos, comics y todo lo que nosotros les ofrecíamos. Mi hija, sobre todo, sigue sintiéndose atraída por los libros, y no me refiero a los de Medicina. En cuanto tiene un poco de tiempo libre se lee un libro.
(Aún seguimos conservando en la familia la costumbre de regalarnos un libro en las celebraciones de cumpleaños, santos, navidad, etc. Nos los vamos pasando y después de leerlos los comentamos. Esto nos gusta.)
Pasaron los años y llegó a nuestras vidas un aparato que también significó un cambio: un antes y un después. Este aparato era el ordenador. Durante mucho tiempo yo me negué a manejar aquel instrumento tan novedoso, como todos decían. Yo prefería mi papel y mi lápiz. Pero también llegó al colegio y ya me convencí de que o aprendía o me quedaba descolgada. Así que empecé a sentarme delante de él, con más miedo que ilusión. Todo lo que sé me lo enseñaron ellos: mi marido y mis hijos.
Empecé a utilizar el ordenador como un procesador de textos. Luego aprendí a navegar en internet (¡qué miedo me daba!), a hacer presentaciones con el Power Point, a manejar un poquito el Photoshop y hasta me abrí una página para poner mis cosas: ¡un blog!
Después de ese primer blog, "Sueños_que_despiertan", nacieron otros: "En las estrellas nos encontramos", "Compartiendo experiencias" y "Voces Escolares MA". También, en mi afán de aprender, abrí un foro relacionado con el blog de las estrellas que se llama "Componiendo Libertad". Este espacio tiene muy poca actividad y ya casi lo dejé para guardar cosas, pero sorprendentemente recibe muchas visitas. ¡En internet no hay nada oculto!
A partir de aquí ya casi conocéis mi vida. Ahora tengo más de un blog, sí, pero lo más importante que me ha pasado es que he podido seguir aprendiendo, al mismo tiempo que he conocido a personas maravillosas, entre las que os encontráis las que asiduamente pasáis por aquí.
¡Quién me iba a decir a mí, cuando borraba el lápiz con la miga de pan, que me iban a pasar estas cosas!
Continúa...
sábado, 16 de agosto de 2008
Versos en cadena

La habilidad que tienen algunas personas para jugar con las palabras componiendo poemas, relatos, cuentos o cualquier composición literaria es impresionante.
En las escuelas solemos proponer a nuestro alumnado ejercicios de composición. Si lo hacemos como juego conseguimos respuestas magníficas.
Este ejercicio consiste en escribir al menos una estrofa de cuatro versos en cadena.
- La última sílaba de la última palabra de cada verso será con la que comience el siguiente.
- El número de sílabas de cada verso es libre.
- Los versos tendrán una rima siguiendo la estructuras:
A
B
A
B
Es decir, rimarán el primero con el tercero y el segundo con el cuarto,A
-
A
-
o pueden rimar el primero y el tercero quedando libres el segundo y el cuarto,
-
B
-
B
o también podemos hacer que rimen el segundo y el cuarto quedando libres el primero y el tercero.
Como veis podemos hacer muchas combinaciones.
Esto es sólo un ejercicio para jugar con las palabras.
Pongo un ejemplo:
Hoy siento la llamada de tu amistad sincera
Rápida luz que me llega al interior del alma
Mañana y siempre feliz me sentiré a tu vera
Rayando los minutos en los que siento tu falta.
Pongo un ejemplo:
Hoy siento la llamada de tu amistad sincera
Rápida luz que me llega al interior del alma
Mañana y siempre feliz me sentiré a tu vera
Rayando los minutos en los que siento tu falta.
(Conchi, 16-08-08)
Era una voz càlida y sonora,
rara melodìa semejante a un trino,
no serà fàcil olvidarla,
la llevaré siempre conmigo.
(Sandra, 17-08-08)
¡Cómo decirte que tú eres mi lucero!
Romance de amor y ternura
ráfagas de pasión me dicen: ¡te quiero!
Rozando mis labios a la luz de la luna.
(Piedad, 17-08-08)
A esta llamada de amistad respondo.
Donde quiera que estés, conmigo cuenta.
Tarareo una canción, verso en su fondo.
Dotado de música está amor de poeta.
(Kety, 17-08-08)
Camino del lago te perdí
diciendo adiós a la luna,
nada encontré extraño porque sentí
tinieblas, estrella fugaz alguna,
naturaleza viva o muerta por tí,
títere en la noche la luna,
nadando en el lago amanecí.
Rosa de varios colores,
respondes con tu amor,
mortal en tus apreciados lugares,
restos simples de temor,
mordaz a tu hora decides,
después de cambiar el color.
Contemplando el amanecer
cerca me sentí de la luna
nada y todo fué mi placer
cercano él, sol no luna,
nace el día ¡que temer!
(Sabela, 17-08-08)
De cien mundos posibles, hay en uno solo
lodazal de cenizas, de lo que fue vida
dador de silencio en el reposo sin herida
dama que devoró la energía con hambriento gozo.
lodazal de cenizas, de lo que fue vida
dador de silencio en el reposo sin herida
dama que devoró la energía con hambriento gozo.
Amanece y tú que eres sol,
soltando tu energía alrededor,
dormitando voy, que me llenes de arrebol
¡bolsa de harapos soy, yo que te amo con ardor!
Unos ojos desde un túnel montañoso,
sólo me parecieron lunáticos desafíos,
oscuros de intenciones acechando,
donosas esquirlas en mi blancos ríos.
(Stella, 17-08-08)
Dicen que Fonmiñá es tu cuna, allí, al amanecer, viste el sol.
Soldado impetuoso que camina
nada más empieza el día.
Diana no has hecho, porque tu vida
da lugar en El Pedregal concreto.
Todos dicen, que aquí es tu partida.
Da con amor todo a Lugo
gozoso, cantarín, ruidoso, y tu salida,
dada entre campanadas de gloria, y pasando por verdes praderas,
rastreas todos los caminos y en tu huída,
dama enjoyada, recorres ciudades, debajo de puentes y campos,
postrado te ves mirando la ida,
dalia de colores, ocaso en el mar,
martilleas, sin cesar, este fin de vida.
(Sabela, 18-08-08)
Hoy luce luna llena en el cielo estrellado
donde descansan mis ojos del ajetreado día.
Apenas se aprecia la brisa en mi mano.
No hay momento más bello e intenso en la vida.
donde descansan mis ojos del ajetreado día.
Apenas se aprecia la brisa en mi mano.
No hay momento más bello e intenso en la vida.
(Conchi, 18-08-08)
Jardín de bellos colores,
respondes con el mar en calma
maravilla en tus aguas verdes,
después dibujas en el cielo
lo único que ves en los azules,
les das color uniforme
metes algodón en las nubes,
bestiario enardecido
domador de los añiles,
leste de versos, pasión en rojo,
jóvenes divinos, blancos semblantes
testimonios de virtud, dando un amor jóven
venció este jardín de bellos colores.
(Sabela, 18-08-08)
En mi niñez, padre, te perdí
dije cosas pero otras pensaba
bajo la sombra de mi ignorancia
cianuro, yo, lloraba
bache en mi vida superado
dolor mudo por la madre que amaba
bagaje importante, tierno, calmado
domar angustia costaba
barrer penas donde las haya
yace de nuevo la dicha alcanzada
dame una mano que me hundo
dolor eterno que jugaba
badajo de sufrimientos
tosco dolor tocaba
báculo donde me apoyo
yo, sola me quedaba
bajo la sombra de la muerte
te perdí padre, a tí madre, os amaba.
(Sabela, 19-08-08)
Pena, dolor, llanto
todavía acosaba la pena
nada de dolor cantó
todo llanto calmaba
bajo el triste manto
toda alegría quise mía
mía la risa, mio el llanto
tomé sincera palabra
brazo apoyé en su encanto
todo, nada, poco
como pedazo de amor truncado
dolor por todo, por nada
damos poco, esperamos ciento
todos cantamos o lloramos
mostró días dorados... y aguantó
todo dió por terminado.
(Sabela, 25-08-08)
Espero vuestras valiosas aportaciones.
GRACIAS.
lunes, 14 de julio de 2008
Con la A
Jugar con las palabras siempre gustó a poetas y a todo género de escritores.
Encontramos este cuento atribuido a Rubén Darío donde observamos con qué maestría redacta usando sólo una vocal: la A.
Espero que os guste.
Trazada para la A
La Habana aclamaba a Ana, la dama más agarbada, más afamada. Amaba a Ana Blas, galán asaz cabal, tal amaba Chactas a Atala.
Ya pasaban largas albas para Ana, para Blas; mas nada alcanzaban. Casar trataban; mas hallaban avaras a las hadas, para dar grata andanza a tal plan.
La plaza, llamada Armas, daba casa a la dama; Blas la hablaba cada mañana; mas la mamá, llamada Marta Albar, nada alcanzaba. La tal mamá trataba jamás casar a Ana hasta hallar gran galán, casa alta, ancha arca para apañar larga plata, para agarrar adahalas1. ¡Bravas agallas! ¿Mas bastaba tal cábala?. Nada ¡ca! ¡nada basta a tajar la llamada aflamada!
Ana alzaba la cama al aclarar; Blas la hallaba ya parada a la bajada. Las gradas callaban las alharacas adaptadas a almas tan abrasadas. Allá, halagadas faz a faz, pactaban hasta la parca amar Blas a Ana, Ana a Blas. ¡Ah ráfagas claras bajadas a las almas arrastradas a amar!. Gratas pasan para apalambrarlas2 más, para clavar la azagaya3 al alma. ¡Ya nada habrá capaz a arrancarla!.
Pasaban las añadas4. Acabada la marcada para dar Blas a Ana las sagradas arras, trataban hablar a Marta para afrancar5 a Ana, hablar al abad, abastar saya, manta, sábanas, cama, alhajar casa ¡ca! ¡nada faltaba para andar al altar!
Mas la mañana marcada, trata Marta ¡mala andanza! pasar a Santa Clara al alba, para clamar a la santa adaptada al galán para Ana. Agarrada bajaba ya las gradas; mas ¡caramba! halla a Ana abrazada a Blas, cara a cara. ¡Ah! la a nada basta para trazar la zambra armada. Marta araña a Ana, tal arañan las gatas a las ratas; Blas la ampara; para parar las brazadas a Marta, agárrala la saya. Marta lanza las palabras más malas a más alta garganta. Al azar pasan atalayas, alarmadas a tal algazara, atalantadas a las palabras:
-¡Acá! ¡Acá! ¡Atrapad al canalla mata-damas! ¡Amarrad al rapaz!
Van a la casa: Blas arranca tablas a las gradas para lanzar a la armada; mas nada hará para tantas armas blancas. Clama, apalabra, aclara ¡vanas palabras! Nada alcanza. Amarran a Blas. Marta manda a Ana para Santa Clara; Blas va a la cabaña. ¡Ah! ¡Mañana fatal!
¡Bárbara Marta! Avara bajasa6 al atrancar a Ana tras las barbacanas sagradas (algar7 fatal para damas blandas). ¿Trataba alcanzar paz a Ana? ¡Ca! ¡Asparla8, alafagarla, matarla! Tal trataba la malvada Marta. Ana, cada alba, amaba más a Blas; cada alba más aflatada, aflacaba más. Blas, a la banda allá la mar, tras Casa Blanca, asayaba9 a la par un gran mal; a la par balaba10 allanar las barras para atacar la alfana11, sacar la amada, hablarla, abrazarla...
Ha ya largas mañanas trama Blas la alcaldada: para tal, habla. Al rayar la alba al atalaya, da plata, saltan las barras, avanza a la playa. La lancha, ya aparada12 pasa al galán a La Habana. ¡Ya la has amanada13 gran Blas; ya vas a agarrar la aldaba para llamar a Ana! ¡Ah! ¡Avanza, galán, avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán ¡avanza, galán, avanza!
Mas para nada alcanzará la llamada: atafagarán14 más la tapada, taparanla más. Aplaza la hazaña.
Blas la aplaza; para apartar malandanza, trata hablar a Ana para Ana nada más. Para tal alcanzar, canta a garganta baja:
La barca lanzada
allá al ancha mar
arrastra a La Habana
canalla rapaz.
Al tal, mata-damas
llamaban asaz,
mas jamás las mata,
las ha para amar.
Fallas las amarras
hará tal galán,
ca, brava alabarda
llaman a la mar.
Las alas, la aljaba,
la azagaya...¡Bah!
nada, nada basta
a tal batallar.
Ah, marcha, alma Atala
a dar grata paz,
a dar grata andanza
a Chactas acá.
Acabada la cantata Blas anda para acá, para allá, para nada alarmar al adra15. Ana agradada a las palabras cantadas salta la cama. La dama la da al galán. Afanada llama a ña Blas, aya16 parda. Ña Blasa, zampada a la larga, nada alcanza la tal llamada; para alzarla, Ana la jala las pasas. La aya habla, Ana la acalla; habla más; la da alhajas para ablandarla. Blasa las agarra. Blanda ya, para acabar, la parda da franca bajada a Ana para la sala magna. Ya allá, Ana zafa aldaba tras aldaba hasta dar a la plaza. Allá anda Blas. ¡Para, para, Blas!
Atrás va Ana. ¡Ya llama! ¡Avanza, galán avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán. ¡Avanza, galán, avanza!
-¡Amada Ana!..
-¡Blas!...
-¡Ya jamás apartarán a Blas para Ana!
-¡Ah! ¡Jamás!
-¡Alma amada!
-¡Abraza a Ana hasta matarla!
-¡¡Abraza a Blas hasta lanzar la alma!!...
A la mañana tras la pasada, alzaba ancla para Málaga la fragata Atlas. La cámara daba lar para Blas, para Ana...
Faltaba ya nada para anclar; mas la mar brava, brava, lanza a la playa la fragata: la vara.
La mar trabaja las bandas: mas brava, arranca tablas al tajamar; nada basta a salvar la fragata. ¡Ah tantas almas lanzadas al mar, ya agarradas a tablas claman, ya nadan para ganar la playa! Blas nada para acá, para allá, para hallar a Ana, para salvarla. ¡Ah tantas brazadas, tan gran afán para nada, hállala, mas la halla ya matada! ¡¡¡Matada!!!... Al palpar tan gran mal nada bala ya, nada trata alcanzar. Abraza a la ama:
-¡Amar hasta fracasar! -clama...
Ambas almas abrazadas bajan a la nada17. La mar traga a Ana, traga a Blas, traga más...¡Ca! ya Ana hablaba a Blas para pañal, para fajas, para zarandajas. ¡Mamá, ya, acababa Ana. Papá, ya, acababa Blas!...
Nada habla La Habana para sacar a la plaza a Marta, tras las pasadas; mas la palma canta hartas hazañas para cardarla la lana.
Rubén Darío
Encontramos este cuento atribuido a Rubén Darío donde observamos con qué maestría redacta usando sólo una vocal: la A.
Espero que os guste.
AMAR HASTA FRACASAR
Trazada para la A
La Habana aclamaba a Ana, la dama más agarbada, más afamada. Amaba a Ana Blas, galán asaz cabal, tal amaba Chactas a Atala.
Ya pasaban largas albas para Ana, para Blas; mas nada alcanzaban. Casar trataban; mas hallaban avaras a las hadas, para dar grata andanza a tal plan.
La plaza, llamada Armas, daba casa a la dama; Blas la hablaba cada mañana; mas la mamá, llamada Marta Albar, nada alcanzaba. La tal mamá trataba jamás casar a Ana hasta hallar gran galán, casa alta, ancha arca para apañar larga plata, para agarrar adahalas1. ¡Bravas agallas! ¿Mas bastaba tal cábala?. Nada ¡ca! ¡nada basta a tajar la llamada aflamada!
Ana alzaba la cama al aclarar; Blas la hallaba ya parada a la bajada. Las gradas callaban las alharacas adaptadas a almas tan abrasadas. Allá, halagadas faz a faz, pactaban hasta la parca amar Blas a Ana, Ana a Blas. ¡Ah ráfagas claras bajadas a las almas arrastradas a amar!. Gratas pasan para apalambrarlas2 más, para clavar la azagaya3 al alma. ¡Ya nada habrá capaz a arrancarla!.
Pasaban las añadas4. Acabada la marcada para dar Blas a Ana las sagradas arras, trataban hablar a Marta para afrancar5 a Ana, hablar al abad, abastar saya, manta, sábanas, cama, alhajar casa ¡ca! ¡nada faltaba para andar al altar!
Mas la mañana marcada, trata Marta ¡mala andanza! pasar a Santa Clara al alba, para clamar a la santa adaptada al galán para Ana. Agarrada bajaba ya las gradas; mas ¡caramba! halla a Ana abrazada a Blas, cara a cara. ¡Ah! la a nada basta para trazar la zambra armada. Marta araña a Ana, tal arañan las gatas a las ratas; Blas la ampara; para parar las brazadas a Marta, agárrala la saya. Marta lanza las palabras más malas a más alta garganta. Al azar pasan atalayas, alarmadas a tal algazara, atalantadas a las palabras:
-¡Acá! ¡Acá! ¡Atrapad al canalla mata-damas! ¡Amarrad al rapaz!
Van a la casa: Blas arranca tablas a las gradas para lanzar a la armada; mas nada hará para tantas armas blancas. Clama, apalabra, aclara ¡vanas palabras! Nada alcanza. Amarran a Blas. Marta manda a Ana para Santa Clara; Blas va a la cabaña. ¡Ah! ¡Mañana fatal!
¡Bárbara Marta! Avara bajasa6 al atrancar a Ana tras las barbacanas sagradas (algar7 fatal para damas blandas). ¿Trataba alcanzar paz a Ana? ¡Ca! ¡Asparla8, alafagarla, matarla! Tal trataba la malvada Marta. Ana, cada alba, amaba más a Blas; cada alba más aflatada, aflacaba más. Blas, a la banda allá la mar, tras Casa Blanca, asayaba9 a la par un gran mal; a la par balaba10 allanar las barras para atacar la alfana11, sacar la amada, hablarla, abrazarla...
Ha ya largas mañanas trama Blas la alcaldada: para tal, habla. Al rayar la alba al atalaya, da plata, saltan las barras, avanza a la playa. La lancha, ya aparada12 pasa al galán a La Habana. ¡Ya la has amanada13 gran Blas; ya vas a agarrar la aldaba para llamar a Ana! ¡Ah! ¡Avanza, galán, avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán ¡avanza, galán, avanza!
Mas para nada alcanzará la llamada: atafagarán14 más la tapada, taparanla más. Aplaza la hazaña.
Blas la aplaza; para apartar malandanza, trata hablar a Ana para Ana nada más. Para tal alcanzar, canta a garganta baja:
La barca lanzada
allá al ancha mar
arrastra a La Habana
canalla rapaz.
Al tal, mata-damas
llamaban asaz,
mas jamás las mata,
las ha para amar.
Fallas las amarras
hará tal galán,
ca, brava alabarda
llaman a la mar.
Las alas, la aljaba,
la azagaya...¡Bah!
nada, nada basta
a tal batallar.
Ah, marcha, alma Atala
a dar grata paz,
a dar grata andanza
a Chactas acá.
Acabada la cantata Blas anda para acá, para allá, para nada alarmar al adra15. Ana agradada a las palabras cantadas salta la cama. La dama la da al galán. Afanada llama a ña Blas, aya16 parda. Ña Blasa, zampada a la larga, nada alcanza la tal llamada; para alzarla, Ana la jala las pasas. La aya habla, Ana la acalla; habla más; la da alhajas para ablandarla. Blasa las agarra. Blanda ya, para acabar, la parda da franca bajada a Ana para la sala magna. Ya allá, Ana zafa aldaba tras aldaba hasta dar a la plaza. Allá anda Blas. ¡Para, para, Blas!
Atrás va Ana. ¡Ya llama! ¡Avanza, galán avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán. ¡Avanza, galán, avanza!
-¡Amada Ana!..
-¡Blas!...
-¡Ya jamás apartarán a Blas para Ana!
-¡Ah! ¡Jamás!
-¡Alma amada!
-¡Abraza a Ana hasta matarla!
-¡¡Abraza a Blas hasta lanzar la alma!!...
A la mañana tras la pasada, alzaba ancla para Málaga la fragata Atlas. La cámara daba lar para Blas, para Ana...
Faltaba ya nada para anclar; mas la mar brava, brava, lanza a la playa la fragata: la vara.
La mar trabaja las bandas: mas brava, arranca tablas al tajamar; nada basta a salvar la fragata. ¡Ah tantas almas lanzadas al mar, ya agarradas a tablas claman, ya nadan para ganar la playa! Blas nada para acá, para allá, para hallar a Ana, para salvarla. ¡Ah tantas brazadas, tan gran afán para nada, hállala, mas la halla ya matada! ¡¡¡Matada!!!... Al palpar tan gran mal nada bala ya, nada trata alcanzar. Abraza a la ama:
-¡Amar hasta fracasar! -clama...
Ambas almas abrazadas bajan a la nada17. La mar traga a Ana, traga a Blas, traga más...¡Ca! ya Ana hablaba a Blas para pañal, para fajas, para zarandajas. ¡Mamá, ya, acababa Ana. Papá, ya, acababa Blas!...
Nada habla La Habana para sacar a la plaza a Marta, tras las pasadas; mas la palma canta hartas hazañas para cardarla la lana.
Rubén Darío
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