
Ayer, sábado, diecinueve de mayo de dos mil doce, fue un día grande para nuestra familia. Y no lo fue porque era el fin de semana que empezaba la feria de Córdoba, noooo, lo fue porque nuestra hija, Inmaculada, se graduó en Medicina.
Casi seis años han pasado ya desde que inició su primer curso, en septiembre de 2006, y aunque aún les quedan realizar algunos exámenes, la Facultad ha decidido celebrar el Acto de Graduación de la trigésimo-quinta promoción.
Un grupo de cien médicos recibieron ayer el reconocimiento público de su trabajo, el que han hecho como estudiantes y el que deben de empezar a hacer en la nueva etapa de sus vidas que muy pronto comenzará.

A nuestra hija le puso la beca el señor Decano. Una beca de color amarillo, representativo de la Facultad de Medicina y que, por cierto, los alumnos se la tuvieron que pagar si querían que se la pusieran, no se la regalaron. Sólo le dieron un pin con el escudo de la Universidad.
También ellos, los alumnos, tuvieron que pagar el catering que ofrecieron a los familiares al finalizar el acto. Unas mesas muy bien preparadas, los cubiertos muy bien colocados, pero solo había cuatro platitos con cuatro tapitas. ¡Qué clavada para los estudiantes!

El acto fue muy bonito, no fue nada aburrido y creo que hasta se podría decir que fue familiar. Al menos eso me pareció a mí. Lo vi muy diferente a las dos graduaciones de mi hijo, que me parecieron más frías, más serias.
Me parece mentira que mi hija ya esté terminando sus estudios en la Facultad, porque de estudiar no terminará nunca y menos en la profesión que ha elegido. Tanto su padre como yo nos sentimos muy orgullosos y ayer, como los demás padres, estábamos más anchos que largos al verla a ella tan feliz y ¡tan guapa!
Junto a la familia más cercana nos fuimos a cenar al parador de Córdoba. No solo estábamos nosotros, también habían cuatro familias más cuyos hijos también se graduaron, así que la alegría y la satisfacción corría por la sala.
Desde una de las terrazas del parador pudimos ver los fuegos artificiales en el Arenal (recinto ferial) que indicaban el inicio de la feria 2012. ¡Un final para nuestra fiesta muy bonito!

Os agradezco todos los mensajes de cariño que me habéis dejado. Sé que entendéis cómo podemos sentirnos hoy porque tenéis hijos y habéis pasado por lo mismo.
Solo sentimos que no estuvieran, físicamente, sus abuelos. Hubieran disfrutado tanto...