
La ciudad no importa, el país tampoco, esta es una pequeña y grande historia, pequeña por simple y grande porque la amistad es algo que nunca debe faltar ni fallar, sucedió en los tiempos y no se sabe cuándo ni dónde.
Ana, así se llama la niña protagonista de la historia que os voy a contar, vivía con sus papás en una casita en el campo, la niña y la casita eran preciosas. Ana morena, de ojos oscuros y una risa contagiosa, era una niña buena, con un gran corazón, la casita sola, pintada de blanco, destacaba en medio del verde jardín que la rodeaba, en él un frondoso árbol, situado en el medio, era un valiente gigante que dominaba el entorno aun a pesar de que en el tronco, cerca del suelo, tenía un pequeño agujero, agujero que tiene mucha importancia en la historia que os estoy contando.
Ana pasaba los días jugando sola en casa y en el jardín, la casa estaba aislada, y, la niña, a veces, no sabía que hacer, pero un buen día, su mamá empezó a dar gritos, ¿qué pasaba?, sencillo, un diminuto ratón apareció en la vivienda y la buena señora intentaba cazarlo dando golpes con una escoba en donde se suponía estaba el ratoncito. Ana pensó ¡que no le dé! ¡que no le dé! será mi futuro y único amigo en esta soledad.
El animalito hábilmente salió corriendo hacia el jardín, la niña detrás de él vio como se escondía en el agujero del árbol, lo siguió, le hablaba intentando calmarlo, estaba asustado, tenía miedo; como no conseguía nada se fue dentro de la casa, cogió su pequeña silla y dispuesta a todo se sentó al lado del árbol, delante del agujero, se dijo: ¡voy a tener toda la paciencia del mundo!, tengo que tener, al menos, un amigo.
Con sus palabras, el ratón ya no tenía miedo, fue sacando el hocico, después la cabecita con sus orejitas en alerta, más tarde todo el cuerpo, y por último al ver la mano extendida de Ana, puso su patita en ella, con este gesto sellaron una amistad que no moriría nunca.
Ana, así se llama la niña protagonista de la historia que os voy a contar, vivía con sus papás en una casita en el campo, la niña y la casita eran preciosas. Ana morena, de ojos oscuros y una risa contagiosa, era una niña buena, con un gran corazón, la casita sola, pintada de blanco, destacaba en medio del verde jardín que la rodeaba, en él un frondoso árbol, situado en el medio, era un valiente gigante que dominaba el entorno aun a pesar de que en el tronco, cerca del suelo, tenía un pequeño agujero, agujero que tiene mucha importancia en la historia que os estoy contando.
Ana pasaba los días jugando sola en casa y en el jardín, la casa estaba aislada, y, la niña, a veces, no sabía que hacer, pero un buen día, su mamá empezó a dar gritos, ¿qué pasaba?, sencillo, un diminuto ratón apareció en la vivienda y la buena señora intentaba cazarlo dando golpes con una escoba en donde se suponía estaba el ratoncito. Ana pensó ¡que no le dé! ¡que no le dé! será mi futuro y único amigo en esta soledad.
El animalito hábilmente salió corriendo hacia el jardín, la niña detrás de él vio como se escondía en el agujero del árbol, lo siguió, le hablaba intentando calmarlo, estaba asustado, tenía miedo; como no conseguía nada se fue dentro de la casa, cogió su pequeña silla y dispuesta a todo se sentó al lado del árbol, delante del agujero, se dijo: ¡voy a tener toda la paciencia del mundo!, tengo que tener, al menos, un amigo.
Con sus palabras, el ratón ya no tenía miedo, fue sacando el hocico, después la cabecita con sus orejitas en alerta, más tarde todo el cuerpo, y por último al ver la mano extendida de Ana, puso su patita en ella, con este gesto sellaron una amistad que no moriría nunca.

La silla quedó en el jardín al lado del árbol, esperando por Ana, que la usaría en las frecuentes visitas a Pipo (así lo llamó), éste conocía la voz de Ana y en cuanto la oía salía de su nueva casita, pasaban muy buenos ratos y demostraron que la amistad puede surgir en cualquier momento, inesperadamente, de una u otra forma y con quien sea.
Nunca lo debemos de olvidar.
Sabela, 07-08-08
13 comentarios:
Sabela, tu cuento habla de la soledad de una niña. Si sentirse solo siempre es terrible lo es más para una niña o un niño.
Escribiste un canto a la amistad.
Gracias.
Ah, la foto es real, eh? La silla de mi abuela debajo de una de mis encinas. Espero que te guste.
Un abrazo.
Conchi
¡Que bonito! me encanta como escribes y describes. Bicos.
Sabela, este cuento me ha recordado la historia de una niña real, es muy bonita.
Un beso.
Conchi
Efectivamente, quería resaltar el gran tesoro que es la amistad, pero me hiciste pensar en la soledad de la niña... Para mí también es el primer cuento que escribo... inventarlos sobre la marcha un ciento de veces y cuando estaba en el final ya no me acordaba del comienzo.
Galle
Gracias por tu comentario, significa mucho para mí que tú lo hagas en esos términos.
Piedad
Para nada es real, ni me basé en nada concreto, simplemente dejé volar la imaginación y salió lo que salió.
Fué para mí un honor estar entre todos vosotros/as.
Abrazos.
Los niños entenderian perfectamente tu cuento. Ellos nunca darian escobazos a un ratoncillo... tal vez alguna travesura inoportuna. La soledad la entendemos todos y la imagen del ratoncillo dandole la patita es todo un simbolo. Amistad aunque seamos diferentes.
Mi petición ¿Podré leerselo a mis peques?
Cómo se pueden transformar los sentimientos cuando leemos cuentos. A mí -por ejemplo- me dan pánico los ratones, pero leyendo estas historias tan tiernas, una se olvida de ese miedo y hasta te imaginas dándole la mano al ratoncillo para que salga del árbol.
Esa es la magia de transmitir, y creo que aquí se ha conseguido en todos los cuentos.
Felicidades Sabela
Hola Sabela,creo que tu cuento tambien es directo,espero y deseo que los niños no se sientan solos,es triste y duro,como bien dices la amistad es importante.Gracias por recordarlo.
Felicidades.
Me ha encantado tu cuento, no solo por el contenido, sino también por la forma en que lo has llevado hasta el final.
Un delicoso cuento sabela, es bonito saber aprovechar las oportunidades que se nos presentan para iniciar y valorar la amistad, Un abrazo
Intuyo un grito de soledad, que todos alguna vez hemos sentido... Me encantó tu cuento.
Besos
Gracias a todos. Por supuesto Driada será un honor que leas este cuento a tus peques.
Abrazos.
Un niño solo es un niño triste. Nunca deberían estarlo..
Gracias a tu ratoncito por acompañarle...
Tierno y bien descrito...
Un beso
Gracias a tí Natacha, yo traté de resaltar la amistad, pero nunca pensé en un niño o niña triste, al leeros me dió un vuelco el corazón, quizás habló el subconciente... Si hay ocasión situaré a esa niña alegre y rodeada de gente.
Abrazos.
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