Yo me sentaba al lado de la maestra y miraba a las niñas que eran de distintas edades, todas mayores que yo. Estábamos en una escuela unitaria.
No sé cómo aprendí a leer, apenas lo recuerdo. Pero sí me acuerdo de que mi madre me hacía leer las lecturas y poesías en voz alta y a mí me gustaba.
En mi casa sólo tenía el libro que me compraron para el colegio y mis cuadernos, un lápiz y una goma (cuando se me perdía borraba con la miga del pan), un sacapuntas que partía la mina del lápiz (pero siempre estaba mi madre o mi padre que me sacaban punta con la navaja) y poco más.

Me gustaba leer pero no tenía libros. Mi familia era una familia humilde, mi padre albañil, mi madre modista. No siempre cobraban por los trabajos realizados, así que la economía estaba ajustada. Nuestra casa estaba al lado de la de mis abuelos y yo me pasaba mucho tiempo en su casa, al lado de mi madre y de mi abuela que siempre estaban cosiendo.
Cuando mi abuelo dejó de trabajar en el campo, por la edad, se compró un canasto para vender chucherías en la calle. Además de las pipas, caramelos, chicles, etc, llevaba encargos que les hacían las mujeres: bobinas de hilos, botones... y también novelillas del oeste. A él le gustaba leer estas novelas y las cambiaba en una tienda de aquellas donde había de todo.
Recuerdo que yo me las ingeniaba para coger sus novelas del oeste y leerlas. Tenía que hacerlo a escondidas, mientras él dormía la siesta o se iba al bar, pues no quería que nadie se las tocara. Creo que por esta circunstancia aprendí a leer con gran rapidez (velocidad lectora), para que no me pillaran. ¡Cómo me gustaban aquellas novelas! Incluso me metía en la trama y vivía aquellas aventuras. Quizás eso me ayudó también a imaginar y soñar.
Los años pasaron. Fui creciendo y mi madre, principalmente, se empeñó en que estudiara. Con nueve años hice Ingreso, examinándome por libre y luego 1º , 2º y 3º, también por libre. A partir de 4º ya empecé a ir a un Instituto.
Creo que la mayor parte de lo que he aprendido en mi vida lo hice en los primeros años, aquellos que iba a clases con un maestro, Don José, y luego me tenía que examinar por libre en junio. Un hombre super exigente al que tenía que pagarle por las clases que me impartía. Mi madre me repetía una y otra vez: "Este mes tenemos dinero para pagarle. Si el mes que viene no tenemos tendrás que dejar de estudiar". Afortunadamente esto no ocurrió y pude continuar mis estudios, con ayuda de becas posteriormente.

En aquella época sólo teníamos un libro, una enciclopedia donde venía todo: la enciclopedia Álvarez. Religión, Lengua, Literatura, Matemáticas, Ciencias, Geografía, Historia... todo estaba contenido en este libro. Y aprendíamos. Y aprendimos. También gracias a la labor del maestro o maestra que se esforzaba en sus explicaciones y que no nos dejaba pasar ni una!
Con quince años me llevaron a un colegio de religiosas. Allí estuve interna durante dos cursos. Para mí significó un cambio radical en mi vida: un antes y un después. Mi madre y mi abuela me daban dinero por si necesitaba comprar algo (cinco duros =veinticinco pesetas). Normalmente no necesitaba gastarlo así que lo ahorraba y con ese dinero empecé a comprar libros. Casi siempre compraba tebeos (comics) o cuentos para mi hermana, que era pequeña (ocho años menor que yo). Así fuimos haciéndonos de una biblioteca. A ella también le gustaba mucho leer. Los libros de aquella época aún están guardados en una estantería en casa de mis padres.


Pienso que nuestra afición por la lectura la heredamos de nuestra abuela Concepción (madre de mi padre) y de nuestro abuelo Pedro (padre de mi madre, el de las novelas del oeste). Mi abuela Concepción se pasaba el día leyendo. Sus hijos cuentan que se levantaba y se sentaba a leer y cuando ellos volvían de trabajar ella seguía leyendo. Mi hermana heredó dos libros suyos, que guarda como un tesoro.

Mi abuelo Manuel murió siendo yo muy pequeña y no sé si sabía leer, pero mi abuela María no sabía ni leer ni escribir. Con ella me crié y ella me transmitió muchos valores.
Estudié Magisterio y nada más terminar empecé a trabajar. Entré a la escuela con cuatro años y aún no he salido.
Me casé con un compañero de estudios, también maestro, con gran afición por la lectura. Así que pronto nuestra casa se fue llenando de libros. Tenemos muchos muy antiguos y otros actuales.

Por nada del mundo nosotros tiraríamos un libro.
Tuvimos un hijo y una hija que desde muy pequeños leían cuentos, comics y todo lo que nosotros les ofrecíamos. Mi hija, sobre todo, sigue sintiéndose atraída por los libros, y no me refiero a los de Medicina. En cuanto tiene un poco de tiempo libre se lee un libro.
(Aún seguimos conservando en la familia la costumbre de regalarnos un libro en las celebraciones de cumpleaños, santos, navidad, etc. Nos los vamos pasando y después de leerlos los comentamos. Esto nos gusta.)
Pasaron los años y llegó a nuestras vidas un aparato que también significó un cambio: un antes y un después. Este aparato era el ordenador. Durante mucho tiempo yo me negué a manejar aquel instrumento tan novedoso, como todos decían. Yo prefería mi papel y mi lápiz. Pero también llegó al colegio y ya me convencí de que o aprendía o me quedaba descolgada. Así que empecé a sentarme delante de él, con más miedo que ilusión. Todo lo que sé me lo enseñaron ellos: mi marido y mis hijos.
Empecé a utilizar el ordenador como un procesador de textos. Luego aprendí a navegar en internet (¡qué miedo me daba!), a hacer presentaciones con el Power Point, a manejar un poquito el Photoshop y hasta me abrí una página para poner mis cosas: ¡un blog!
Después de ese primer blog, "Sueños_que_despiertan", nacieron otros: "En las estrellas nos encontramos", "Compartiendo experiencias" y "Voces Escolares MA". También, en mi afán de aprender, abrí un foro relacionado con el blog de las estrellas que se llama "Componiendo Libertad". Este espacio tiene muy poca actividad y ya casi lo dejé para guardar cosas, pero sorprendentemente recibe muchas visitas. ¡En internet no hay nada oculto!
A partir de aquí ya casi conocéis mi vida. Ahora tengo más de un blog, sí, pero lo más importante que me ha pasado es que he podido seguir aprendiendo, al mismo tiempo que he conocido a personas maravillosas, entre las que os encontráis las que asiduamente pasáis por aquí.
¡Quién me iba a decir a mí, cuando borraba el lápiz con la miga de pan, que me iban a pasar estas cosas!
Continúa...
9 comentarios:
Nada de lo posterior pudimos imaginarlo.
Después de los mandalas nada mejor que abrirnos tu corazón y monstrarnos a la Conchi niña en medio de una familia de amor, así se pueden explicar muchas cosas.
Abrazos.
¡Caramba Conchi! cuántos recuerdos me han venido mientras te leía.
En el blog de Mª Jesus precisamente hacía mención de la famosa enciclopedia Álvarez.
Te felicito por tu trayectoria-muy merecida- y por abrirnos tu corazón.
Creo que a casi todas, nos ha ocurrido lo mismo con el ordenador. Yo por ejemplo, si no es por mis hijos que me brindaron el suyo cuando empecé con mis poemillas, -tal vez si, o tal vez no-, seguiría con la máquina de escribir. Bueno que me enrollo y no te digo que ha sido un placer CONOCERTE y conocer a este grupo tan estupendo.
Besos
Con qué placer he leído tus recuerdos, Conchi, el amor que sientes por los libros tambioén lo he sentido yo desde pequeña, en mis vacaciones asistía todas las tardes a la biblioteca, pues no tenía otro lugar dónde pasar las horas, y cuando he visto la gran cantidad de libros antiguos que guardas como recuerdo, no puedo menos que admirarte, pues un libro jamás se debe botar, en todo caso: obsequiarlos, a las personas que sabemos los van a apreciar.
Muchas gracias por compartir tu vida con nosotros,
Un abrazo muy fuerte!
Blanca Miosi
A las personas que rondamos ya una cierta edad, tus recuerdos nos hacen acercarnos a los nuestros, a las vivencias que de una u otra manera hemos compartido, aún sin saberlo: la sillita, la cartilla, las primeras letras y alguna que otra palmetada de un maestro celoso de que su quehacer no cayera en saco roto. Por cierto, yo, antes del lápiz y la goma(Johan Sindel el primero y la goma,con nombre de ciudad italiana..), yo, decía, recuerdo mi pequeño pizarrín y una pizarra del tamaño de una libreta que duraba y duraba. Pero esto, claro está, se debe a que yo debo de ser mayor...
Amiga, alguien diria que nuestra infancia es calcada...
Algo conte hace tiempo aqui:
http://imagenes-palabras.blogspot.com/2007/09/colegio-de-talega.html
Por lo demas, las mismas enciclopedias escolares, las mismas novelas de Marcial Lafuente Estefania o Corin Tellado...
¡Ay!
Te envio un abrazo, amiga
Conchi, coincidimos en muchos recuerdos de nuestra infancia. Somos de la misma época.
También conservo algunos libros de entonces ¡Me encanta mirarlos de vez en cuando y trasladarme a mi infancia!!!
¡Cuánto aprendimos con un solo libro!!! pero el mérito era de l@s maestr@s que ponían todo su empeño en enseñarnos un montón de cosas que no venían en los libros y que eran muy importantes para la vida.
Gracias por esta entrada tan entrañable.
Un abrazo
Preparé esta entrada con mucho cariño. Me apetecía contar algo de mí después de tantas horas que pasamos juntos.
Sé que las experiencias vividas pueden ser similares, ya que tod@s tenemos unos añitos a nuestras espaldas.
Disfruté buscando los libros para fotografiarlos y mis dos cuadernos, que a pesar de ser de tan poca calidad están sobreviviendo al paso de los años!.
También tuve pizarrín, claro!!! Pero se me pasó nombrarlo. A ver, la cabeza...
Bueno, que os agradezco mucho vuestras visitas y vuestras palabras.
Que sigamos junt@s muchos años!
Un abrazo grande
Conchi
Querida Conchi: Ya sabes mi infancia, pues has leido algo de mi vida en el internado, en aquel gran patio que llamabamos "tenis" yo siempre buscaba un rincos con los libros que caian en mis manos, en los años de mi juventud mis padres me reñian porque pasaba todas las horas posibles leiendo despues de mi jornada laboral, decian que no hacia la faena que me mandaban. Yo no pude estudiar una carrera pues tube que trabajar des de que sali del cole,pero, a mis hijos les inculque de que debian estudiar y gracias a Dios me hizieron caso, el mayor es abogado y la pequeña relaciones laborales.
Me alegro que tanta gente coincidamos en el amor por los libros ellos nos enseñan y nos hacen soñar.Un abrazo
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