viernes, 27 de mayo de 2011

Al Pan, Pan y al Vino, Vino (Obra completa)


PRÓLOGO


Al igual que los individuos, como cada uno de nosotros y nosotras, la Humanidad ha pasado por muchos y diferentes momentos críticos a lo largo de la historia.

El presente relato nos presenta uno de esos momentos, aún por venir y que, pese a ser y desarrollarse en un escenario imaginario, no tiene nada de ciencia-ficción, ya que quizá esté más cerca de lo que se pudiera en un primer instante pensar.

Estos días en que nuestras calles y nuestras plazas se están llenando de voces y deseos de un mundo mejor, lejos de mentiras repetidas una y otra vez, de anhelos de una sociedad más justa y democrática, de creer que otro mundo más humano es posible, donde el dios mercado no sea el motor de todo, la presente obra adquiere un doble valor y sentido.

En primer lugar, por el fondo que se trasluce en sus páginas. La Esperanza y la lucha pacífica por conseguir volver a los valores más humanos acallados por el uso de una tecnología al servicio de los poderosos, valores tapados, desterrados, prohibidos y que, sin embargo, subyacen en el corazón de los desterrados.

También adquiere relevancia en este momento la forma en que se ha escrito. Sí, ha sido fruto, como esas voces jóvenes (y no tan jóvenes) que claman en nuestras plazas, de lo que se ha dado en llamar una “red social” que ha usado como vehículo internet. También una plaza ha sido el lugar elegido para coincidir y poner en común las diferentes aportaciones, como si de una asamblea se tratara (http://compartirexperienciasyaprender.blogspot.com/). Un grupo cercano a la veintena de personas que han unido su esfuerzo y que han ido construyendo el edificio que constituye el contenido de este libro.

Lógicamente, hay muchos estilos, pero también, todos confluyen en una misma idea: el momento crítico por el que pasa la humanidad tiene una salida y esa salida es el esfuerzo común en conquistar los valores que dan sentido al ser humano.

Las incógnitas que se plantean quizá no queden del todo despejadas, porque en este mundo tan tecnificado en que vivimos, que no sabemos cuál será su final ni por qué caminos iremos en un futuro, lo que sí se puede entrever en estas páginas son los deseos compartidos, porque, en definitiva, todos somos Esperanza.


Francisco Pérez Muñoz

junio de 2011






CAPÍTULO 1


(Foto de Margarita)

Amanecía cuando Esperanza salió de su casa echándose sobre los hombros la vieja toquilla gris perla de su abuela.

"Una primavera fresquita se nos presenta", pensó, mientras se dirigía con paso ligero a la antigua estación de trenes.

El sol aparecía tímidamente por el horizonte y pronto sus rayos hicieron brillar el cabello rubio de la chica. Ésta recorría las calles sin detenerse, con el fin de llegar a su destino, la estación, antes de que la gente empezara a salir de sus casas. Llevaba haciendo este camino quince años, así todos los días, desde que cumplió los ocho. Empezó acompañando a sus hermanas mayores, pero ahora lo hacía ella sola ya que ellas se habían ido a vivir a otra ciudad.

Tardó siete minutos en llegar al viejo edificio. Las puertas estaban abiertas, siempre lo estaban, cruzó el vestíbulo vacío de gente y se dirigió al andén. Se detuvo junto a las vías y miró a izquierda y derecha. Siempre hacía los mismos movimientos, siempre a la misma hora y en el mismo lugar. Nadie la veía, pues a aquellas horas nadie estaba en la calle aún. Si alguien la hubiera observado pensaría que Esperanza estaba esperando a alguien, pero ¿a quién?

Pasados cinco minutos, la chica se giró bruscamente, como la que se despierta de un sueño, y volvió a recorrer el camino de regreso a su casa con el mismo paso ligero que la llevó hasta allí.
Abrió la puerta sin hacer ruido, subió la escalera y entró a la buhardilla. Se quitó la toquilla, la dobló cuidadosamente y la colocó en la vieja arca, junto a muchos otros objetos que allí descansaban desde hacía muchos años: un par de libros, una caja con fotografías y recortes de revistas, un sombrero, un paraguas y muchas más cosas.

Tenía que darse prisa pues debía estar puntualmente en su trabajo. Le esperaban unas horas sentada cosiendo. Le habían encomendado que se encargara, junto a otras mujeres, de coser los trajes para todos los vecinos y vecinas del barrio. Una tarea fácil, ya que todos los trajes eran iguales, tanto para hombres como para mujeres, pero también era una tarea aburrida. Ella había visto en las fotografías, y en los recortes de revistas que guardaba en el arca de su abuela, que treinta años antes no todo el mundo vestía con el mismo traje. Entonces había mucha variedad de telas, colores y formas.

¿Por qué había cambiado todo tanto?
¿Por qué la chica iba cada día a la antigua estación de trenes, si ya ninguno pasaba por allí?

A las siete en punto de la mañana, Esperanza estaba preparada para empezar su jornada laboral.


CAPÍTULO 2

(Foto de Sabela)


Guardó cuidadosamente el viejo Againer en su funda de piel y se dirigió a la puerta donde el parpadeo de una luz roja la hizo volver sobre sus pasos a recoger la mascarilla. Sería mejor cubrirse un poco o al día siguiente tendría de nuevo esa tos seca tan desagradable de las últimas alarmas. Cerró con destreza la cremallera del mono y bajó apresuradamente los escalones que la separaban de la calle. Las aceras automáticas ya estaban en marcha y una multitud de individuos estáticos con ojos apagados se desplazaba a velocidad constante hacia Fabrics Corporation, la fábrica de La Coalición encargada de suministrar uniformes a la población de la ciudad en la que Esperanza trabajaba desde hacía unos cuantos años. Los atuendos variaban de color y diseño cada estación y, ahora que la primavera se acercaba, trabajaban a contrarreloj para terminar a tiempo.

De un salto se colocó sobre la acera rodante sin que nadie se inmutara. Jugueteó tecleando con los dedos sobre la barandilla negra que rodaba más despacio que la cinta por lo que, de cuando en cuando, tenía que levantarlos y colocarlos más adelante o habría terminado cayéndose. Le gustaba el cambiante paisaje urbano: a diario surgían nuevos edificios y desaparecían otros; los parques se llenaban de árboles o se transformaban en desiertos según el capricho del encargado de La Coalición; a veces la nieve artificial hacía aparición en agosto cubriendo los tejados con una gruesa capa blanca que se mantenía intacta bajo un tórrido calor o surgía una inmensa playa en la plaza en pleno diciembre. Y arriba, por encima de sus cabezas, los nuevos modelos de autoflies se destacaban frente al gris del cielo librando la batalla del tráfico en medio de piruetas, bocinazos y alguna colisión con el consiguiente peligro para los viandantes.

Era lunes, llevaba todo el fin de semana en casa sin hablar con nadie. Su hermana, Jennifer, le había prometido venir a verla pero la había llamado el viernes para disculparse porque tenía malo al niño pequeño. Una terrible melancolía se había apoderado de ella con tal furia que el cuerpo se le quebró y decidió meterse entre sábanas. Sólo el habitual paseo matinal con el Againer la había calmado un poco. De todas maneras, los Againers habían mejorado mucho y ahora no sólo transportaban al sujeto al pasado sino que también reproducían el movimiento de los objetos de entonces e incluso se podían realizar viajes interactivos con otros usuarios. El suyo sólo le permitía moverse por escenarios del pasado en solitario, sin compartir la experiencia con nadie y, además, como un alma en pena caminando en un mundo detenido en el tiempo. Su padre se lo había regalado el día que cumplió los ocho años y la vinieron a buscar para llevarla al Training Citizen Center con todos los niños de su edad. Entonces, mientras la miraba con ese amor tan suyo, su padre había sacado el Againer del estuche de piel que lo guardaba mientras le rogaba que fuera todas las mañanas a la estación donde él trabajaba si no quería sentirse sola y desvalida. Que observara esa costumbre durante toda su vida y así sabría siempre lo mucho que su madre y él la querían. Luego, con una sonrisa, le mostró otro Againer idéntico y le dijo: “yo he sincronizado el mío con el tuyo para poder coincidir en algún viaje. Te prometo, hija mía, que si conservas la fe, algún día me verás llegar a bordo de la locomotora”. Y con esas palabras se habían despedido hacía ya quince años. Desde entonces nunca más se habían visto.


CAPÍTULO 3


(Foto de Margarita)


Secó sus lágrimas, no era cuestión de andar mostrando debilidades, la mañana llegaría pronto y volvería a tener cinco minutos de felicidad, esos que la ayudaban a continuar en la incesante rutina. Acarició el Againer que acomodó en la mesa de luz.

El día transcurrió como siempre cosiendo los uniformes, todos iguales, todos del mismo naranja horrible, tanto que le lastimaba los ojos verlo, lo peor es que debería usarlo la misma temporada.

Por los altavoces se escuchaba la música clásica que la acompañaba desde que había sido llevada al Training Citizen Center, a los pocos minutos la voz monocorde que les recordaba lealtad a La Coalición, amor al Mando Superior, que estaban prohibidas la lectura de textos que no estuvieran publicados por la Coalición. Muchas veces quería ponerse tapones en los oídos, odiaba esas palabras, esa música, detestaba todo lo que la rodeaba y sólo esos cinco minutos por las mañanas la mantenían cuerda.

Sabía que estaban prohibidos los Againer, que si la encontraban con uno iría a la isla de la Incomunicación, pero bien valía la pena esa desobediencia, ella y sus hermanas guardarían su secreto, aunque ahora ellas estaban lejos y era casi imposible recordar los viejos tiempos.

Esperanza creía que todo algún día cambiaría, estaba segura que no sería a la única que le molestaba todo aquello que la rodeaba. Una tarde cuando volvía a su casa le pareció ver un joven con un libro antiguo asomando de su bolsillo, intentó seguirlo, pero esté desapareció, pero no se dio por vencida, y desde entonces hacía siempre el mismo camino con el deseo de cruzarlo nuevamente.

Muchos detalles le hacían creer que no era única, personas que la miraban directamente a los ojos, algunos que caminaban más rápido que otros, otros llevaban sonrisas en su cara, no todos eran autómatas, no tenían el cerebro lavado, había algunos que no eran traidores ni fieles a la causa. No recordaba cuándo se dio cuenta, pero algo dentro de ella le decía que por algo su padre la había llamado Esperanza.


CAPÍTULO 4


(Foto de Antiqva)


Esperanza. Su nombre por sí sólo tenía esencia de ilusión y optimismo. Ella intuía que no era un adorno a su persona, sino una misión que debería cumplir en esta tierra. Nadie podría disuadirla, estaba convencida de ello.

Antes de llegar a su casa, se detuvo a mirar los árboles con sus hojas tan verdes que invitaban a no hacer harapos con la esperanza.

Pero además no podía sacar de su mente a aquel joven con su antiguo libro.

Se preguntó que si había sido una visión o era realidad. Más le entusiasmó la última idea. Quiso buscarlo por otros caminos, no los ya recorridos, ir por otros barrios.

Cuando llegó a su casa recorrió con su mirada las paredes, duras murallas y las ventanas abiertas pegando en sus vidrios el cielo. Esta imagen la invitó a salir, respirando la libertad mientras iría nuevamente en busca de aquel joven.

La ciudad era demasiado grande, pero ella lo buscaría en cada rincón.

Se abrigó con un chal colorido que le regalara una amiga de Perú y salió caminado lentamente pero avivando sus ojos para hallarlo.

Comenzó a recorrer el monasterio de los Benedictinos.

Llegó hasta su biblioteca, pidió por los libros más antiguos. Detuvo la mirada en uno que decía: “Viajes hacia la Esperanza”.

El bibliotecario le comentó que ese libro no podía cederlo, pues un joven lo retiraría en horas del atardecer.

Le asistió una sospecha ¿Sería aquel joven que ella buscaba encontrar?


CAPÍTULO 5


(Foto de Sabela)


El atardecer la encontró observando la entrada de aquella Biblioteca. Su nombre se fundía en un sentimiento, los dos eran uno en ese momento, formaban el alimento diario de nuestro existir, la esperanza de encontrar lo que buscamos…

A pocos metros del lugar, Nazareno caminaba absorto en sus pensamientos… en su propia búsqueda, empecinado en descubrir el conflicto que lo aquejaba desde hacía tiempo.

De alguna manera aquel libro que deseaba leer ya, le auguraba un cambio, un paso hacia una vida distinta, hacia el descubrimiento de su camino verdadero…

La calle era testigo de la desilusión; seguía su paso lamentándose, como de costumbre, por culpas vanas y otorgando una sensación de lástima a cualquiera que se le cruzara

Alberto, un señor de unos 60 años, hacía tiempo que observaba pasar al joven, notaba como sus quejidos ilógicos sobre todas las cosas tenían tal efecto negativo en las pobres personas que lo rodeaban.

En oportunidades en que Nazareno se detenía en su kiosco, Alberto trataba de cambiar su ánimo. Aquel día como atraído por un imán, se acercó una vez más al pequeño comercio vecino a la biblioteca…

Alberto, observando su mirada colmada de tristeza comenzó a hablarle…

Nada nace con valor muchacho. El valor, por suerte, lo ponemos nosotros; nosotros somos los consumidores, si el valor fuera divino, ¿Quién sería capaz de pagarlo? Cuando sientas que nada te entretiene, sube tu mirada y mira hacia el cielo. Las nubes están allí para vos, cada día es un espectáculo diferente, sus formas jugarán con tu imaginación y los rayos de luz pondrán colores extraordinarios en ellas.

¿Cómo te puedes aburrir con tanta belleza?

Si el día no te complace, siempre está la noche, y sus estrellas, luceros angelicales que iluminan tu patético rostro para que nunca te sientas solo. No necesitas a nadie si puedes descubrir la belleza en las cosas más simples. Cuando alcanzas ese nivel, nunca más veras los tonos grises.

La lluvia y los días nublados también son hermosos. Cada gota que cae del cielo, está dispuesta a limpiar todo pensamiento de maldad, codicia y barullo; la lluvia es perfecta muchacho, siempre te perdona, te rebautiza con cada gota liberándote de toda pena.

Ante estas palabras, Nazareno dejó entrever una sonrisa agradecida y siguió hacia su destino. Recordaba aquel libro que lo había maravillado por su título. Sentía en el aire una diferencia, podía respirar mejor.

La humanidad y su cultura en constante evolución habían desequilibrado su vida y necesitaba reacomodarse. La entramada red social de la época exigía estar en crecimiento continuo para no ser arrastrado por la marea de la rutina acelerada.

Pensó un minuto en su abuela. Ella se llamaba Esperanza y lo quería a su manera, no pudo darle más que pan y café por las mañanas, pero estaba con él y lo llevaba a todos lados. Había crecido con sus mimos y nunca se alejó del lugar que le dio cobijo.

Ahora estaba solo… La ausencia de la abuela lo obsesionaba…

Entró a la Biblioteca ansioso y retiró su reserva… Completó debidamente la ficha y se dispuso a salir…

Una mujer interceptó su paso. Sus miradas se cruzaron. Enmudecieron y así quedaron por largos minutos…


CAPÍTULO 6


(Foto de Margarita)


Durante los interminables minutos en que sus miradas se cruzaron, Esperanza vio los ojos de su padre; oyó su voz, recordó sus palabras…Sí, aquellas palabras que en su momento le infundieron fe en el futuro.

No siempre la vida debería ser un simple hecho monótono. Tenía frente a sí: ¡A un ser vivo! Tan vivo como ella.

Nazareno fue quien rompió la magia que él mismo había provocado, sacando a Esperanza de ese túnel de los recuerdos en que se había sumergido.

-¿Te he visto en algún sitio antes?-dijo con voz tímida el joven.

No sé, tal vez-respondió Esperanza, mientras sus mejillas se ruborizaban sin poder evitarlo.

Si este joven supiera todo lo que lo he buscado ¿Qué pensaría de mi?-monologaba internamente.

-¿Cuál es tu gracia?

-Nazareno, mi nombre es Nazareno ¿Y el tuyo?

-Esperanza-responde la muchacha ya más repuesta.

-¡Igual que mi abuela! ¡No lo puedo creer! Si nos hubiésemos buscado, quizá no nos encontrábamos, esto es para mí un milagro-se expresaba Nazareno con una alegría inusual, mientras Esperanza enrojecía cada vez más- Aprovecho los sábados en que no trabajo para venir a la biblioteca. Suelo retirar cierto tipo de libros antiguos que me proyectan…no sé, algo me dice que todo es irreal, y en estos libros encuentro la energía que necesito para continuar. ¿Te interesa la lectura?

-Sí-responde Esperanza.

-Entonces podríamos compartir los libros que retiro ¿Qué opinas?

La joven duda unos instantes pensando que en definitiva no lo conocía hasta ahora. ¿Y si no es lo que parece?, se pregunta; pero oye a Nazareno diciendo:

-En el camino del centro comercial hay una cafetería donde podríamos sentarnos por horas sin que nos digan nada, solo debemos consumir lo mínimo ¿Te parece bien?

Esperanza acepta la propuesta, y los dos se encaminan hacia el centro comercial. Al pasar por el Kiosco, Don Alberto advierte un brillo especial en los ojos de ambos jóvenes, hecho que lo alegra mucho.

Mientras caminan, advierten que un autofly, al que antes no le habían dado importancia, se desplaza a corta distancia de ellos, por precaución, deciden cambiar de camino, pero después de haber transitado algunas calles, nuevamente el autofly los sobrevuela.

Los Benedictinos formaban un mundo casi aparte del sistema en el que ahora vivían los habitantes de esa ciudad…pero ya sabían ellos que no debían poseer ni leer libros antiguos…

El Régimen no lo permitía...


CAPÍTULO 7


(Foto de Antiqva)


No, el régimen de los Benedictinos no consentía que los jóvenes de aquella época conocieran historias del pasado, ya que eran totalmente diferentes a la vida actual, pero ¿por qué? -se preguntaban los jóvenes que, una vez en la cafetería y uno sentado frente al otro, conversaban mientras tomaban un café- ¿Qué había de malo conocer historias de otros tiempos?

Esperanza y Nazareno se miraron a los ojos, atraídos por el brillo que ambos desprendían. La muchacha, ruborizada al cruzar su mirada con la del joven, sintió algo especial dentro de ella que nunca antes había sentido con ninguna otra persona. Aquella mirada le transmitía una paz infinita.

Nazareno la observaba, pues su rostro le era familiar, pero lo que más le extrañaba era su nombre.

-Nunca había conocido a nadie, aparte de mi abuela, que llevara el nombre de Esperanza.

-Yo tampoco, pero mi abuela me hablaba de su hermana que también se llamaba como yo, aunque no la conocí porque ella vivía lejos de aquí.

-Qué casualidad, ¿verdad?

Esperanza asintió con una sonrisa en los labios.

Se sentía tan feliz, que de vuelta a su casa, y después de despedirse de Nazareno y quedar para otro día e intercambiar opiniones sobre los libros antiguos, contemplaba todo lo que le rodeaba encontrando belleza en todo en lo que ponía la mirada. Las aceras mecánicas eran maravillosas, el color naranja de los uniformes, que tan desagradable le resultaba, ahora le parecía alegre, incluso, la mirada apagada de los individuos estáticos le parecía vivaracha y dulce. Levantó la cabeza hacia el cielo para contemplar las nubes blancas que, movidas por el aire, corrían lentamente bajo los rayos del sol formando bellas figuras y, de pronto, apareció nuevamente el autofly que unas horas antes le había seguido. “¿Por qué la perseguían?” -se preguntaba la joven.

Entró, pues, en la casa, se deshizo de la mascarilla y subió la escalera, abrió el arca donde guardaba infinidades de recuerdos de su abuela y se puso a ojear su contenido lleno de interrogantes. Una vez más detuvo la mirada en las fotos y en los modelos que vestían antiguamente y sintió deseos de vestir ella también aquellas ropas, que tan elegantes le parecían.

Un recorte de una revista le llamó la atención. Estaba fechada 40 años atrás y, en su artículo, un científico astrólogo hablaba del sol como una estrella gigante, que según sus estudios, ésta seguiría creciendo con el paso de los años hasta llegar a ser tan grande y potente que sus rayos quemarían como el fuego, y el cambio climático sería tan brusco que los habitantes del planeta tierra necesitarían vestir fibras térmicas para proteger su piel de tales efectos. Al llegar a este punto, Esperanza comprendió el porqué de aquellos modelos antiguos tan diferentes a los actuales y de que en aquella época no usaran los sombreros de ala ancha que usaban ellos en las estaciones de más calor. En ese mismo instante sonó el teléfono inesperadamente, que al oírlo le hizo estremecerse. Guardó el recorte, cerró el arca y se apresuró a coger el auricular, deseando que la voz que escuchara al otro lado del mismo le fuera amistosa.

La voz que oyó al otro lado del hilo telefónico era la voz de su hermana Abril, tres años mayor que ella, que le llamaba para darle una buena noticia. Abril hacía un año que vivía en pareja y ahora estaba embarazada. Hablaron de Jenifer, tres años mayor que Abril y de sus niños que estaban preciosos: Irene, de tres añitos, y Carlos, de cinco meses. Y hablaron de la fiesta sorpresa que estaban preparando, en la que se encontrarían las tres hermanas junto a sus familias respectivas.

Después de colgar el teléfono, Esperanza tomó entre sus manos el againer, sorprendiéndose al ver que este tenía encendida una lucecita verde que nunca antes la había visto. Pero, de pronto, sonó el timbre de la puerta y, acelerada, guardó el againer en la funda de piel y con el corazón golpeándole en el pecho bajó la escalera al tiempo que se hacía dos preguntas:

¿Qué significaría la luz verde en el againer? ¿Sería su padre que después de 15 años había sincronizado su againer con el de ella?

Y por último se hacía otra pregunta: ¿Quién llamaba a la puerta...?


CAPÍTULO 8


(Foto de Margarita)

Una mujer escoltada por dos hombres grandes como armarios estaba tras la puerta.

Esperanza aguantó el acto reflejo de cerrar la puerta y llamar a la policía y dijo con voz trémula:

-¿Pu-puedo ayudarles en algo?

-Lo cierto es que sí. – contestó la mujer, sin variar ni un ápice su expresión. Enarcó las cejas casi imperceptiblemente y preguntó-¿podemos pasar?

La respuesta que a Esperanza le hubiera gustado dar sería un rotundo no, esa gente le inspiraba una total desconfianza. No vestían como los demás: la mujer llevaba un vestido beige por encima de la rodilla bajo una cazadora de cuero, a juego con unos zapatos de tacón del mismo color; recogía su largo pelo castaño oscuro en una coleta alta, dejando a la vista su tez pálida, con unos pómulos muy marcados y unos ojos verdes perfectamente delineados. Los hombres llevaban jerséis de cuello vuelto azul oscuro, junto con unos pantalones que Esperanza habría jurado que ¡eran de tela vaquera! ¿Cómo era posible? ¡Hacía siglos que nadie se podía permitir vestir de una manera tan personal.

Pero algo en los ojos de la mujer hizo que Esperanza se apartara de la puerta y les permitiera la entrada. El againer tendría que esperar…

Pasaron hasta el salón y ella, como buena anfitriona, preguntó:

-¿Les apetece algo para beber? ¿Funa, cucola…?

-Con un poco de agua estaría bien, gracias.-contestó la extraña mujer.

-¿Dulce o salada?

-Salada, por favor.

Esperanza miró al techo y dijo bien alto y claro:

-Lucier, tres vasos de agua salada y una lata de funa.

-Enseguida.-contestó una voz de hombre- generando bebidas. Bebidas generadas. Por favor, retire los envases.

Esperanza se dirigió a un electrodoméstico similar a los anticuados microondas y extrajo las bebidas.

-¿Y bien? ¿En qué puedo ayudarles?-preguntó luego de darles el agua salada.

-Un momento.-cortó la mujer- Marcius, analiza el local.

Uno de los hombres asintió con la cabeza y extrajo del bolsillo trasero una especie de billetero del tamaño de un mechero. Lo desplegó y una luz azul envolvió la estancia. Segundos después, la luz se tornó verde.

-Despejado.-contestó el hombre.

-Perdona, estábamos asegurándonos de que no tienes robo-cámaras en la casa.

-¿Qué? ¿De qué hablas? ¡¿De qué va todo esto?!-exigió esta vez Esperanza.

-Mi nombre en Yira. Estos son Marcius e Elric. Somos de la OFLA.

-¿La qué?

-La Organización a Favor de las Libertades de Antes.-explicó- Estamos en contra del estricto control que la Dictadura Global tiene sobre los habitantes del mundo. Eso que los de a pie conocen como “El Régimen” es en realidad mucho más, Esperanza. Pretenden engañarnos, volvernos completamente analfabetos, hasta que lleguemos a ser tan ignorantes que no seamos más que animales.

-¿Qué? ¿Por qué… por qué me cuentas a mi todo esto?-balbuceó.

-Porque eres una de las elegidas, Esperanza. Una de las pocas personas que es consciente de que algo no anda bien. Y necesitamos tu ayuda, cuantos más seamos, más fuertes seremos. Pretenden volver a los tiempos de antes, donde el gobierno era de unos pocos y los demás eran conducidos a ciegas a donde más les convenía a los que tenían el poder.

-¿Pero qué dices? ¿Estáis locos? ¡No quiero problemas! ¡Largaos de aquí! ¡Ya!-Esperanza, muerta de miedo, se levantó y los empujó hacia la puerta. Nunca había oído hablar a nadie así. Todos aquellos que se atrevía a cuestionar el Régimen eran duramente castigados.

-Esperanza, necesitamos tu ayuda.-dijo Yira mirándola a los ojos-eres una elegida.

-¡Yo no soy nada de eso! Solo soy una costurera, como muchas otras. Y vosotros unos chalados con mucho tiempo libre. ¡Largo de aquí!-espetó, para luego abrir la puerta, invitándolos a marcharse.

-Te hemos estado observando. Sabemos que no eres “una costurera como otra cualquiera”. Tú sabes que las cosas no marchan bien, sabes que… - intentó Yira.

-¿Observando? ¿Me habéis estado observando? ¡Eráis los del autofly de esta tarde! – Yira solo pudo asentir - ¡Fuera de aquí! ¡Fuera!

-No podemos marcharnos sin ella, Yira. Antón no nos lo perdonará.-musitó Elric.

El tiempo pareció detenerse para Esperanza. ¿Antón? No podía ser… ¡imposible! No podían estar hablando de él…

-¿A-antón?-tartamudeó. Esperanza rebuscó en su bolsillo, con manos temblorosas, en busca de su Againer. Cuando lo encontró, pulsó en la pantalla táctil para ver lo que escondía esa luz verde. Entonces, en lugar de verse rodeada de la típica neblina previa al viaje al pasado virtual, la luz verde se hizo más y más grande, y creó ante sus ojos unas pocas frases:

“Hija mía, la locomotora se ha parado en la vieja estación. La espera ha terminado. Muy pronto nos volveremos a ver. Te he echado de menos. Te quiero.”

Unos segundos después, tres palabras aparecieron bajo ese mensaje:

“Confía en ellos”

Esperanza nunca sabría decir con certeza qué la llevo a saber que esas tres personas eran “ellos”, pero la sola idea de pensar que volvería a ver a su padre después de tantos años pudo más que cualquier miedo a las consecuencias de pasearse con semejantes individuos.

La mujer guardó el againer en su bolsillo de nuevo, cogió la vieja toquilla gris perla de su abuela y salió por la puerta acompañada de los componentes de la OFLA.

¿Qué quería esa gente de ella? ¿Contra qué clase de Dictadura Global decían luchar? ¿Podía fiarse de ellos? ¿Por qué querían su ayuda? ¿¿Qué era eso de “los elegidos”??

Esperanza no dejaba de darle vueltas a esas preguntas, pero sin duda, la que más presencia tenía en su mente era ¿de verdad volvería a ver a su padre después de 15 largos años?

La muchacha se subió a un autofly azul oscuro con Yira, Marcius e Elric. El vehículo inició el despegue y salió disparado, sobrevolando el cielo oscuro de la noche.


CAPÍTULO 9


(Foto de Margarita)


Esperanza se dijo que debía estar loca para confiar en ese triplete claramente subversivo que solo podría traerle problemas, pero el deseo de abrazar a su padre era más fuerte. La muchacha recordó los momentos felices vividos junto a sus padres. Las tristes separaciones de sus hermanas, que la precedieron en el ingreso en el Training Citizen Center. La creciente desolación de su madre ante la pérdida de sus hijas. Unas lágrimas resbalaron por sus mejillas al volver a evocar el día en que recibió la notificación de su muerte en la isla de la Incomunicación, a la que había sido llevada por motivos desconocidos para ella. La Coalición jamás daba explicaciones, al contrario, las exigía.

-Elric, activa el disimulador ultrasónico-la orden de Yira la sacó de sus pensamientos.

El autofly atravesó la bóveda que protegía de los nocivos efectos del sol a la ciudad, sin ser advertido. Esperanza miró horrorizada a Yira, ahora sí que estaba en un buen lío, ¡no se podía sobrevivir fuera de Nuevo Edén!

-Tranquila, querida, no pasará nada. Aquí estamos a salvo. Mira hacia abajo -le indicó, Yira- Marcius haznos el favor, vuelo rasante y enciende los focos.

Todo un espectáculo imposible se desplegó ante sus ojos: árboles, plantas, el recorrido del agua de un riachuelo, aves, pequeños animales que no alcanzaba a distinguir correteaban entre la maleza; ¡era un paisaje real! No como los decorados cambiantes de Nuevo Edén. Esperanza miró incrédula a sus “secuestradores”.

-Marcius, suficiente. Apaga los focos -Yira le aclara a Esperanza-: En Nuevo Edén nada es lo que parece. No todo lo que es está ni todo lo que está es. Como nosotros, los de la OFLA, que no se nos ve pero estamos. Ya lo creo que estamos…

-Pero ¿quiénes sois? ¿Cómo podéis estar fuera de la ciudad, los efectos del sol os matarán? ¿Saben de vuestra existencia los de La Coalición? ¿Está mi padre con vosotros en esto? ¡¿Qué está pasando?! -preguntó confusa Esperanza.

-¡Cuántas preguntas, niña! -la interrumpió Yira-. Al sol no le pasa nada de nada. Yo tengo una sola pregunta para que vayas pensando. Tómalo como parte de tu entrenamiento. Necesitamos que estés lo más despierta posible para cuando te regresemos a Nuevo Edén; te necesitamos como infiltrada, hay cosas que no podemos hacer desde fuera. No te has cuestionado nunca, ¿por qué tus hermanas y tú, entre otros “elegidos”, no habéis acabado siendo unos zombis?

-¿Cómo que no le pasa nada al sol? ¡Hace cuarenta años los científicos advirtieron del cataclismo y si no fuera por la bóveda estaríamos todos achicharrados y…!

-¡Esos científicos eran esbirros al servicio de unos pocos, los mismos que luego crearon La Coalición! ¡No necesitas esa estúpida mascarilla fuera de Nueva Edén, ni esa horrible ropa! ¿No lo has visto? Suficiente, ya sabrás toda la historia a su debido tiempo -concluyó la discusión Yira, airada.

Esperanza suspiró profundamente y apoyó su cabeza en el cristal de la ventana. La incertidumbre se había apoderado de ella, tenía muchas preguntas y muy pocas respuestas. Elric y Yira se miraron preocupados.

-Esperanza, ¿quieres saber? Verás… acércate al panel de control -le indicó Yira en un tono más amable.

Elric lanzó una mirada de desaprobación a Yira, pero está hizo caso omiso, como solía ser habitual. Pasó una mano por varios artilugios del panel y una pantalla holográfica en tres dimensiones con un mapa del planeta que no paraba de girar, emergió ante ellas.

-Mira, cielo, esta porción enorme de tierra es Nueva Edén. Aquí nos dirigimos ahora, a estas montañas en mitad del desierto, nos ocultamos en sus cuevas. Y esto, a mil kilómetros de la ciudad es… era, la isla de la Incomunicación, de donde provenimos los fundadores de la OFLA.

-¡No es posible! ¡Allí murió mi madre! ¿La conocisteis? ¿Qué sabéis de su muerte? -preguntó ansiosa Esperanza.

-¡Calma! ¡Calma, muchacha! -trató de serenarla Yira, mientras le acariciaba el pelo.

-¡Yira, son demasiadas emociones para la jovencita! ¿No crees?

-¡Cállate, Marcius! Ya está bien de tantas mentiras. Mira a dónde nos han conducido. Tiene derecho a saber la verdad, todo el mundo lo tiene -a continuación se dirigió a la joven -: Es cierto, murieron muchas personas, y en nuestra huida perdimos a la mayoría de nuestros compañeros, solo unos pocos sobrevivimos. Tu madre, Victoria, era… y es, mi mejor amiga. Vive y está con tu padre y todos nosotros.

Esperanza se abrazó a Yira llorando de felicidad. Yira la consolaba y pensó que la joven ya tenía bastante por el momento. Tiempo tendría ella y los suyos de explicarle cómo lograron escapar de esa maldita isla prisión atestada de vigilancia robótica. Isla que ya no existía como cárcel, tras la destrucción en la huida masiva, pero que La Coalición, cómo no, callaba y ocultaba el suceso.

Llegaron a la montaña. Marcius activó un control remoto, y tras intercambiar varias contraseñas sónicas que emitía desde su againer, con los del interior, una hendidura de la gruta se abrió. El autofly pasó por ella y en seguida esta se cerró. Posó la nave sobre el reluciente suelo de acero y, tras bostezar, espetó:

-¡Bienvenida a Viejo Mundo, Esperanza!


CAPÍTULO 10


("Enredo". Foto de Sabela)


Esperanza se incorporó en el lecho sobresaltada. En su mente martilleaban las palabras de:

" Bienvenida al Viejo Mundo".


Con los ojos aún semicerrados por el efecto del sueño, empezó a tomar contacto con el familiar moviliario del dormitorio.

-¡Dios mío, no puedo creer que todo haya sido un sueño! ¿Por qué me he despertado?-

Recordando el hermoso sueño, se le estaba olvidando que ese era un día muy importante. Su relación con Nazareno había llegado a un punto en que eran como hermanos, no solo compartían su amor por la lectura, también intercambiaban opiniones y preocupaciones por el mundo en que vivían y hoy, además, estaba invitado a compartir con ella mesa y comida.

Claro que esto no la preocupaba en absoluto, pues solo con poner en la pantalla el menú elegido se lo servían al momento en forma de pastillas. Eso sí, cada una con el gusto solicitado, pero nada que ver con las hermosas y variadas viandas que aparecían en los recortes de las revistas, guardadas en la buhardilla.

Nada más llegar Nazareno empezó a contarle el hermoso sueño que había tenido, y cuando se paraba para tomar aire, él continuaba en el punto que ella lo había dejado. Ambos habían soñado lo mismo. Y aquello les pareció una premonición que si cabe, les unía más.

Después de dar ambos cuenta de unas bandejitas pastilleras, subieron a poner patas arriba el baúl de los recuerdos, pues Esperanza quería compartir con Nazareno aquellas cosas, para ella tan hermosas como incomprensibles.

Ya casi al final de la inspección encontraron algo que los dejó boquiabiertos. Era una foto grande, con los bordes amarillentos, donde posaban las hermanas Alegría, y Esperanza con sus hijos Antón y Alberto, ambos vestidos con los uniformes de su graduación.

Aquella foto Nazareno recordaba haberla visto en casa de su abuela, pero entonces... ¿Alberto era su padre? ¿Él lo sabía? Si era así ¿por qué lo había ocultado?

Ante tantas preguntas sin respuestas decidieron que lo mejor era coger el toro por los cuernos y salir de dudas, para ello se fueron hasta el kiosko de Alberto esperando que éste las aclara pero se lo encontraron cerrado por orden de La Coalición que lo había confiscado.

¿Dónde estaba? ¿Volverían a verlo de nuevo? ¿En qué circunstancias? Cuando les parecía que un rayo de luz iluminaba su camino, de nuevo volvían las tinieblas. ¿Se aclararía todo algún día?


CAPÍTULO 11


(Foto de Sabela)


Pensativos, mirando la foto recordaron el sueño…, fue Esperanza la que, al verse reflejados en un viejo espejo, descubrió que llevaban puestos los trajes color naranja, uniformes utilizados en el nuevo planeta, así se lo hizo saber a Nazareno y no entendían lo que estaba pasando, pero sabían que no era un sueño.

Nazareno recordó que Alberto trataba de cambiarlo cada vez que se acercaba a su kiosco y sus palabras martilleaban en su mente “cuando nada te entretenga mira al cielo, las nubes son un espectáculo cada día, sus formas jugarán con tu imaginación y los rayos de luz les darán color…”, no podía dejar de pensar en lo mucho que le gustaba oír a este hombre ¿será realmente mi padre? Se preguntó una vez más.

Mientras Nazareno estaba ausente recordando sus pensamientos, Esperanza seguía buscando “algo” no sabía el qué, en ese baúl que estaba en la buhardilla a la que se habían trasladado. Después de revolverlo todo se encontró un sobre, no sabía qué era, pero notaba que tenía algo dentro, decidió romperlo y se encontró con unos datos importantes que descubrirían el ir y venir del presente al pasado en los que estaban metidos.

Guerras, contaminación, energías nucleares, consumo excesivo e inadecuado de agua, maltrato a la naturaleza, un ayudar al cambio climático, un malgastar todo lo que se tenía, fue el que provocó una tremenda explosión en el planeta Tierra y lejos de acabar con él, lo dividió en pequeños planetas que luchaban por ser los primeros en dominar el espacio. Uno de ellos era en donde habitaban nuestros amigos, gobernado por la Coalición y cuya misión era crear una población única y superior, la primera en todo el universo y lo conseguido hasta ahora era robotizar todo, mucha tecnología y ausencia de todo posible indicio de sentimientos.

Supo Esperanza que era la cuarta generación desde que en 2010 la Tierra se fragmentara, era una de los elegidos, también había en el viejo baúl unos billetes de tren con dirección al viejo planeta y una cartilla a nombre de su padre, tendría que buscar su origen y si era importante, ya que sus anotaciones estaban hechas en auténticos jeroglíficos, Nazareno le ayudaría, estaba tan intrigado como ella por saber sus verdaderas historias…

-¿Sabes Esperanza?, preguntó Nazareno

-Dime

-En mi casa también hay una buhardilla, quizás encontremos cosas de interés…

-De acuerdo, iremos allí, pero antes deja que mire bien en este baúl, acabo de encontrar un doble fondo…

Efectivamente, en el doble fondo había cosas muy importantes para el recuerdo, para saber la verdad y para poder retroceder en el tiempo y conocer las cosas por su nombre, al pan, pan y al vino, vino. Por una cuartilla escrita por el padre de Esperanza, supo que se había casado dos veces la primera con su madre y la segunda con otra señora, llamada también Esperanza y que decía que era la madre de (una mancha de agua había borrado el nombre y la continuación), habrá que seguir buscando, dijo ella, revolviéndolo todo…

Unos golpes en el cristal de la ventana de la buhardilla llamaron su atención, la abrió Nazareno y vio que el autofly de Yira, Marcius y Elric se posaba en el tejado, al tiempo que Yira le dice ¿Está contigo Esperanza?, rápido, venid con nosotros, volvemos al Viejo Mundo. Esperanza se quedó perpleja no entendía nada, ¿era un sueño? ¿era realidad? ¿qué pasaba?, sin saber si era un sueño o no, recordaba que no hacía nada, los tres la rescataron, le enseñaron la Nueva Edén y dijeron que su madre era Victoria y estaba viva, amiga íntima de Yari…, imposible entenderlo, cada vez se enredaba más su historia…

De repente suena el againer, el susto la estremece, es su padre…

Esperanza, hija, ¡por fin! el tren se acerca, no pierdas tiempo, dirígete a la estación o apeadero más cercano, pero no olvides coger la clave de acceso, sin ella no podrás subir….

¡Papá, papá!! Silencio, el againer se quedó mudo.

Esperanza no sabe qué hacer, sus amigos la miran y sienten pena al ver que dos lágrimas corren por su mejilla y no se atreven a decir nada, la ven impotente, con ganas de saber y encontrar sus raíces… Es Yira la que rompe el silencio y dice: rápido entremos en la buhardilla y sin perder tiempo busquemos la clave para subir al tren, seguro que está en la misteriosa cartilla…

CAPÍTULO 12


("Autoflies". Foto de Sabela)


Nazareno comprendió enseguida que algo no iba bien, pertenecía a esa clase de personas que observaban su entorno y trataban de dar un explicación lógica a lo que ocurría a su alrededor.

Su sueño lo dejó intrigado y pasó horas intentando descifrar sus claves, le sorprendía lo nítido que recordaba todos los detalles incluso los nombres de los personajes que aparecían. Estaba tan intrigado que en su trabajo (era ingeniero en una central de energía de Nuevo Edén) estuvo dándole vueltas a utilizar su poderoso computador para tratar de encontrar una pista que le abriera la cerradura de su significado. Era consciente de los riesgos que corría pues, estaba seguro, que dejaría alguna huella y ese tipo de faltas se pagaban caras, nada más y nada menos que con el destierro a la isla de Incomunicación.

El computador GOL (la evolución de los antiguos IBM) recibía la información de los sensores del mundo exterior y ajustaba la energía de Nuevo Edén dando una sensación a sus habitantes de que nada cambiaba. Él era consciente de que las cosas no son como parecen y eso le hacía sentirse diferente a los demás. El computador poseía una amplia base de datos y estaba seguro de que podía encontrar alguna pista, su curiosidad pudo más que sus temores, y se decidió a actuar. Se las ingenió para (cuando sus compañeros iban a por su comida pastillera) superar el temblor de sus labios y pronunciar correctamente la palabra OFLA delante del lector que servía para dar instrucciones al computador.

El resultado lo dejó perplejo y desilusionado. GOL había escrito:

ManOFLAmancha. El sueño imposible: Superar al enemigo imbatible.

Realmente no entendía nada, por más que rebuscaba entre sus conocimientos de la Training Citizen Center no lograba dar sentido a la información que le proporcionó GOL. En vista de ello decidió introducir el nombre de la chica que aparecía en sus sueños, Yira.

El resultado le dejó más perplejo todavía. GOL escribió esta vez:

Yira: Verás que todo es mentira, verás que nada es amor que al mundo nada le importa, yira, yira, aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda ni una mano ni un favor.

Ahora sí que no entendía nada, ¿qué querría decir ese mensaje tan largo? ¿qué estaba ocurriendo?. Pasó los datos precipitadamente a su Enofi 5-G mientras pensaba y pensaba sobre el extraño mensaje, que estaba deseando releer y compartir con Esperanza.

El ruido de sus compañeros regresando del almuerzo pastillero, le volvió a la realidad y volviendo a sus rutinas técnicas cerró apresuradamente el área de consulta de GOL. Después del trabajo tenia una cita con Esperanza, era curioso la sensación que tenía de estar unido a esa muchacha por lazos intangibles pero sólidos.

Se encaminó a su cita, concentrado en sus pensamientos, ni siquiera se dio cuenta del autofly que le seguía. Esperanza, sus sueños y ahora los extraños mensajes de GOL absorbían toda su energía mental.

Los golpes en el cristal de la buhardilla de la casa de Esperanza le hicieron dirigir la mirada hacia ese lugar. Se acercó y al abrir la ventana vio el autofly que aparecía en su sueño, entonces empezó a sospechar algo, ¿Cómo un autofly podría entrar y salir de Nuevo Edén sin que hubiese un desequilibrio energético que fuera detectado por GOL?.

Cuando sonó el againer de Esperanza, una idea se le abrió paso, era como una iluminación súbita: el tren era el único medio para abandonar Nuevo Edén y la clave estaba en esa cartilla con extraños dibujos. La impaciencia de Yira le desconcertaba y sus prisas por encontrar la clave le inquietaban, hasta que recordó lo que había escrito GOL y sintió un escalofrío al mismo tiempo que un sudor frío le recorría la frente: Estaba seguro que Yira, Marcius y Elric eran unos sicarios de la MOPLAC (Mantenimiento del Orden para La Coalición), los siniestros servicios secretos del Régimen y que desde luego no tenían ninguna intención de ayudarles.

Tenia que actuar rápido.

¿Estaría la clave relacionada con los extraños dibujos de la cartilla y estarían éstos relacionados con la primera información que proporcionó GOL? ¿Qué eran esos extraños dibujos y qué significaban?.

¿Qué significado podría tener el segundo mensaje?. ¿Alguien les estaba avisando de algo? ¿Quizá era un mensaje encriptado? Había que investigar y desvelar tantas incógnitas y si algo les faltaba era tiempo.


CAPÍTULO 13


("Viejo Mundo". Foto de Margarita)


Aparentemente en el Training Citizen Center, todo parecía igual que siempre, los hombres y las mujeres vestían todos igual, trabajaban, lo requería La Coalición, igual que tomaban su comida envasada en estuches de cristal llenos de bolitas de diferentes colores y sabores. Las fabricaban en una moderna fábrica llamada «TeleJíbara» y a la gente se la veía contenta y feliz. Solo unos pocos como Esperanza y sus amigos se daban cuenta y hacían todo lo posible por averiguar si fuera de allí habría otra forma de vivir. Es cierto que estaban motivados por los avisos que recibían desde fuera, que daban a entender que había otra forma y que había plantas y sol y Naturaleza viva, que no era todo tan artificial como ellos habían visto desde siempre.

Hacía unas semanas que Nazareno había pasado por el kiosko de Don Alberto a comprar una publicación semanal que era obligatorio comprarla, porque en ella La Coalición daba noticias e información y programaba lo que debían hacer durante la semana. Había una parte para los niños. Los niños, no sabían escribir ni leer, estudiaban a través del ordenador y por eso no sabían escribir a mano, todo era con el teclado. En los colegios estaban prohibidos los lapiceros y bolígrafos o cualquier cosa con la que se pudiera escribir o pintar, para que poco a poco se fuera perdiendo la costumbre y la necesidad de leer y escribir a mano.

Don Alberto, aprovechando que estaba solo con Nazareno, le dijo que tenía que hablar con él, le pasó a la trastienda y le enseñó un libro llamado “Viajes hacia la Esperanza

-Te lo regalo, le dijo, escóndelo bien que no te lo vea nadie por la calle y cuando llegues a casa lo lees, quiero que también lo lea tu amiga Esperanza, encontraréis cosas que os sorprenderán. Si tomáis la decisión que espero, contad conmigo para lo que sea, yo os conozco a los dos desde que nacisteis.

Nazareno guardó el libro como un tesoro y confesó a Don Alberto, que él también tenía libros del Convento de los monjes Benedictinos que leía con mucha atención cuando estaba solo.

*********

Esperanza, Nazareno, Yira, Elric y Marcius buscaban la clave para llevarla a la Vieja Estación.

Esperanza no sabía por qué, pero sí sabía que tenía que ir allí con la clave, su padre se lo había dicho algunas veces, y cuando su padre lo decía debía ser por algo muy importante.

Ella pensaba que así podrían salir de la dictadura del Training Citizen Center y llegar al Viejo Mundo para quedarse allí, al lado de sus padres.

Después del descubrimiento de Nazareno y ante la duda de si sería cierto lo que el GOL le había revelado de si Yira, Elric y Martius eran espías de la MOPLAC, Nazareno se dirigió a la casa de Esperanza con la intención de investigar.

Estuvieron hablando con los tres preguntando por la madre de Esperanza, ella quería saber cómo era su madre. Yira dijo que era una hermosa y rubia mujer de ojos azules a la que ella se parecía mucho.

Esperanza, emocionada por la llamada de su padre en la que le decía que se dirigiera a la Vieja Estación buscaba con esmero en el baúl del desván alguna ranura, algún doble fondo... algún indicio. Registraron otra vez todo el fondo del baúl y el doble fondo y no encontraron nada nuevo, pero al cerrarlo vieron que en la debajo de la tapa había escrito algo. Las letras apenas se distinguían pues estaban muy borrosas pero Nazareno y los demás, que todavía eran de los que aprendieron a leer, leyeron todos a una: AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO. Se quedaron sorprendidos.

-¿Será esta la clave?- se preguntaron todos. Yira, Marcius y Elric no salían de su asombro.

Siguieron investigando en la tapa del baúl y se dieron cuenta de que estaba hueca. Con cuidado la forzaron un poco y la levantaron y, escondido en su interior, encontraron un álbun de fotos y dos toquillas, una verde y otra negra, igual que la gris que Esperanza se ponía todos los días cuando daba su paseo por aquel andén solitario. Las toquillas estaban en una bolsa de ganchillo calada y con un cuadrado en el medio y un nombre: Victoria.

-¡Victoria es mi madre!-dijo Esperanza con los ojos muy abiertos.

Después abrió el álbum y vieron unas fotos familiares del matrimonio, tres hijas de aproximadamente 3, 2, y unos mellizos de 1 año, niño y niña.

Los padres, que llevaban a los niños en brazos, eran guapos. Ella era una señora rubia y de ojos azules, él era moreno de ojos negros y en su mirada se notaba que eran felices.

-Son mis padres, lo presiento -dijo Esperanza con voz entrecortada.

Decidió contar con sus dos hermanas y las llamó por su againer mostrándoles las toquillas que había encontrado. Nunca habían perdido el contacto, por eso quería ir con ellas a la vieja estación de trenes y llevar la clave. Algo le decía que su madre dejó allí las toquillas para ellas dos con ese fin.... Pero si tenían un hermano, nunca lo habían visto. ¿Estaría también con sus padres en el Viejo Mundo?

-“Esperanza, hija, no pierdas tiempo, dirígete a la estación, no olvides coger la clave de acceso, sin ella no podrás subir….”

-Tengo que hacer caso a mi padre-, pensaba si podría ir con todos a la Vieja Estación o sería mejor que fuera sola... Por lo menos a sus hermanas las llamaría, porque las dos toquillas encontradas en el baúl estaba segura que eran para ellas, la suya, la que ella se ponía todas las mañanas la había visto siempre en su casa, guardada en el baúl que según le contaron era de su abuela...

Nazareno observaba cómo Yira y sus dos amigos estaban muy impresionados y se miraban con miradas cómplices después del descubrimiento de la clave y el álbum, hasta que Marcius rompió el silencio:

-Debemos irnos. Dentro de una hora tenemos que reunirnos con unos compatriotas por unos asuntos importantes. No os mováis de aquí. Volveremos para ir juntos a la Estación.


CAPÍTULO 14


("Misterio". Foto de Antiqva)


Al quedarse solos, Esperanza ordenó el arca y de pronto, algo visto en su interior le hizo recordar la cita que junto a sus hermanas tenía aquella tarde y exclamó casi con un grito que asustó a Nazareno.


-¡La fiesta! Es la hora de la fiesta sorpresa en la que me tengo que juntar con mis hermanas y sus respectivas familias y con tanta emoción se me había olvidado.

-¿De qué fiesta me hablas?

Mi abuela Marta, la madre de mi madre hoy cumple ochenta años y le hacemos una fiesta sorpresa. Estoy contenta porque voy a tener la ocasión de hablar con mis dos hermanas de todo lo que estoy viviendo últimamente. ¿Vienes conmigo?

-Pero...

-¡Date prisa, no hay tiempo que perder!

-Pero ¿dónde está tu abuela?

-En el Centri-Mayoris donde fue llevada por la Coalición cuando tuvo el accidente en el que perdió una pierna arrollada por una máquina en el trabajo.

-No sabía que viviera -comentó Nazareno mientras le seguía a paso ligero.

-Siempre que puedo voy a verla, es lo único que tengo de mi familia. Mis hermanas viven lejos y apenas nos vemos, por eso, cuando pienso que puedo recuperar a mis padres siento una emoción tan grande que es difícil de explicar. Mi otra abuela, la madre de mi padre, Alegría, murió hace años.

Al llegar al Centri-Mayoris, las hermanas de Esperanza estaban esperando su llegada y en sus rostros se reflejaba la preocupación de su tardanza. Ésta, al verlas, se fundió en un fuerte abrazo que aprovechó para susurrarles al oído con palabras claves, por miedo a ser gravadas sus conversaciones por espías mecanizados que custodiaban el centro de cualquier sospechoso que fueran en contra de la coalición, los acontecimientos de los últimos días. Pero ni a Jennifer ni a Abril le sorprendió en absoluto, ya que ellas también estaban recibiendo mensajes claves en el againer y ahora que Esperanza les revelaba las noticias recibidas del viejo mundo, confirmaban sus sospechas.

Marta, emocionada por la sorpresa causada por la inesperada visita de sus nietas, abrazaba a la recién llegada sin caer en la cuenta del día en el que vivía. Las tres hermanas junto a sus parejas, los niños y Nazareno le cantaron el cumpleaños feliz al tiempo que la obsequiaban con un pastel prefabricado que vendían para las celebraciones más importantes. La abuela sonreía feliz mientras saboreaba tan rico manjar que le hizo recordar los años de su juventud cuando aún vivían en el viejo mundo, antes que este desapareciera según le habían informado los de la Coalición.

Cuando acabó de comer alzó la mirada hacia sus visitantes para agradecerles una vez más el buen rato que le estaban haciendo pasar y, clavó su mirada en la imagen de Nazareno, desapercibida hasta aquel instante, pues la emoción la había apartado de todo ser viviente que no fueran sus nietas y la familia de estas. Entonces preguntó:

-¿Quién es este guapo joven que su cara me recuerda a alguien?

-Abuela, es un amigo, y su nombre es Nazareno -contestó Esperanza acercándose al muchacho-, tú no lo conoces.

-Nazareno -balbuceó la anciana-, claro, no podía ser otro.

-¿Lo conoces, abuela?

-Es el nieto de Esperanza, la hermana de Alegría, tu otra abuela. Teresita, su madre desapareció cuando desapareció mi pobre hija Victoria, vuestra madre. Para decir verdad, ese día desapareció mucha gente que según la coalición, eran personas indignas de esta vida, pero yo sé que no era así, porque mi hija e igual que muchos otros era buena.

Marta no pudo retener las lágrimas, que se deslizaban por su rostro deteriorado por los años, al recordar aquel lejano día en el que cambió su vida haciéndose cargo de las niñas y siempre con una pregunta en su mente que nadie supo contestar. ¿Por qué habían raptado a su hija? Aunque nadie supo la verdad, ella estaba segura que había sido raptada.

Nazareno y Esperanza se acercaron más a ella y una lluvia de preguntas calló sobre sus oídos.

-Hábleme de mi madre. ¿Cómo era? ¿Quién es mi padre?

-Abuela, ¿qué pasó con mi hermano?

La abuela intentaba contestar a los jóvenes, pero un nudo en la garganta y el miedo a ser espiada le impedían hacerlo con claridad.

-Teresita era una joven morena de ojos muy grandes, alegres, guapa y sobre todo muy inteligente.

-Abuela, por favor, quiero saber qué pasó con mi hermano.

La abuela suspiró con nostalgia.

-Tu hermano, pobrecito mío, mi querido Dani...

Una voz robotizada sonó en la sala al tiempo que la abuela pronunciaba el nombre del pequeño que figuraba en la foto guardada en el baúl, indicando que había terminado la hora de visitas a los residentes del centro, y una cinta mecánica se puso en movimiento bajo la silla de Marta que la trasladaba de un lugar a otro. Pero Esperanza haciendo oídos sordos a las órdenes del robot, siguió abrazada a su abuela mientras le decía bajito:

-Abuelita, un día volveré, te sacaré de aquí y te daré la alegría más grande recibida en toda tu vida.

Y con una sonrisa en los labios la vieron partir por un pasillo sin fin, en cuyos lados habían varios mecanismos que al pasar frente a ellos se ponían en marcha ofreciendo su servicios: zumos, batidos de chocolate, café con leche así como la presión sanguínea y pulsaciones, controlada por una persona a través de una gran pantalla instalada en un apartado despacho.

Las duchas eran similares. Los que podían andar iban en pie y los que no podían andar iban sentados en un taburete y, a través de la cinta automática pasaban por un estrecho pasillo de donde fluía, primero jabón líquido y después agua, con tanta presión que no se necesitaba esponja alguna para quedar limpio. Cuando salían por la otra puerta solo faltaba vestirse.

Las hermanas se despidieron y en sus ojos brillaba la alegría de la complicidad, pues estaban seguras de que un día no muy lejano se encontrarían con sus padres.

Nazareno se echó mano al pecho sobre el bolsillo interior de su uniforme donde guardaba con sumo cuidado el libro misterioso que le había regalado Alberto, para comprobar que seguía allí, deseoso de poderlo leer en lugar seguro y saber qué era lo que escondían sus páginas. Recordó con curiosidad el título gravado todavía en su mente “Al pan, pan y al vino, vino”. ¿Encontraría en él la clave de tantas preguntas? ¿Dónde estaba el hermano de Esperanza...?


CAPÍTULO 15


("Jardines". Foto de Sabela)


Jennifer, Abril y sus familias tenían ordenes de no faltar más de un día de sus domicilios bajo sanciones, por lo que marcharon sin llegar a casa de Esperanza, pero como hemos sabido no marchaban tristes. Al besar Abril a Esperanza junto al oído le susurró: “El tren no se detiene mucho tiempo en la estación”. Por eso estaba segura que pronto volverían a verse ya que su padre también se había puesto en contacto con ellas.

Uno al lado del otro, en la acera rodante, los jóvenes iban contentos de saber que sus corazonadas se cumplían ¡eran primos! El afecto mutuo que sintieron desde el primer día en que se conocieron tenía su razón de ser.

De pronto Nazareno se da cuenta que el autofly de Yira los sigue.

-Esperanza, ¡Yira y los suyos nos siguen! ¿Qué hacemos? ¿Podemos confiar en ellos? ¿Serán de verdad quiénes dicen que son o serán espías de La Coalición?.

-No sé, vámonos a casa, si quieren ya se posarán en el tejado. Ya sabes que dijeron que les esperáramos.

Cuando entraron Yira, Marcius y Elric se les veía contrariados.

-Esperanza, Nazareno ¡tenemos que irnos!

-¿Qué pasa?- quisieron saber los chicos- ¿Cómo fue la reunión? ¿De qué se trataba el encuentro? Comprenderéis que ya no sabemos en quién confiar.

-Tienes razón. ¿Sabéis que D. Alberto, el del kiosco, ha desaparecido? Hemos estado haciendo gestiones para saber su paradero pero no hemos podido averiguar nada en concreto, solo dicen que lo han trasladado de ciudad. Nuestros contactos creen que le acusan de distribuir entre los jóvenes libros antiguos.

Esperanza no podía creer lo que acababa de sentir. En pocos días su vida había dado un giro de noventa grados, de ser una chica como tantas otras pasaba a ser conocedora de los secretos mafiosos de La Coalición, desde que aparecieron los de la OFLA ha cambiado su vida.

-Chicos, tenemos que intentar coger el tren, estáis en peligro. Sabemos que Alberto no revelará el nombre de las personas a las que regaló libros, pero hay espías por todas partes. Nazareno, guarda bien tu libro, si sospechan que tienes alguno…

¿Cómo sabía Yira que tenia él un libro prohibido? Yira se dio cuenta de sus pensamientos y afectuosa le dijo:

-No temas, no somos espías, estamos aquí para ayudaros.

Esperanza les contó el encuentro con sus hermanas y la fiesta a su abuela que la pobre todavía lloraba pensando que su hija estaba detenida. Al llegar a este punto Esperanza clavó los ojos en los de Yira diciéndole:

-Yira, dices que confiemos en vosotros, pues bien, ¿sabes que le pasó a mi hermano Dani? La abuela se puso muy triste cuando se lo preguntamos.

-Está bien, solo sé rumores…Vosotras erais muy pequeñas cuando os llevaron a vivir con vuestra abuela por eso no recordáis nada de vuestra madre ni de vuestro hermano. Cuando detuvieron a tu madre le obligaron a llevarse consigo al niño, querían hacerla sufrir más, suponían que Dani no sobreviviría. La isla de la incomunicación es territorio muy duro, no apto para niños pequeños, pero con los cuidados de tu madre logró sobrevivir. Pasaron los años y a pesar de su juventud, Dani se convirtió en uno de los pioneros en la lucha contra los tiranos. Pero, espías lo delataron, lo torturaron, muriendo al poco tiempo. A tu abuela le llego la noticia, pero no quiso haceros sufrir y jamás os habló de él. Ella, aunque han pasado años, no ha logrado superarlo. Poco después tuvo el accidente y la llevaron al Centri-Mayoris.

Esperanza lloraba desconsolada. A Yira le daba pena la chica. ¡Cuánto daría por ahorrarle tanto dolor!

Marcius tomó la palabra:

-Bien, con esta visita al Centri-Mayoris creerán que no hay peligro de que desobedezcáis a las autoridades, pero ¿y si Alberto no puede resistir los interrogatorios?...

Nazareno, pensativo, pidió un poco de tiempo. Debía ir a su casa, en la buhardilla había un baúl, tal vez allí estaba la clave para saber quién era su padre. Si descubría que Alberto…No podría marchar sin él.

Los de la OFLA le dieron una hora, el tren no espera y no podían perderlo si querían salvarse y seguir luchando.

Se acomodaron en el comedor donde Lucier les preparó bebidas de agua salada y cucola.

Reinaba un silencio tenso como tensa era la espera.

Esperanza retrocedió en sus pensamientos a 15 años atrás cuando la separaron de su padre para llevarla junto a sus hermanas que hacía tiempo que ya estaban en el Training Citizen Center.

Ella era una niña rebelde, no soportaba la disciplina que imponía el centro, apenas la dejaban ver a sus hermanas. ¡Qué sola se sentía! ¡Cuánto añoraba a su padre! Pero por muchos castigos que recibía no lograban hacerla más dócil

Recordaba cuando la regenta principal le presentó a su correctora, una mujer seca con unos ojos fríos que la llevaba con mano dura. La regenta estaba contenta, Jovita doblegaría a la hija pequeña de la subversiva Victoria.

Una madrugada Jovita fue al dormitorio, la hizo levantar. Era negra noche. Temía el castigo que se avecinaba. Por más que pensaba no recordaba qué había hecho para un castigo tan severo.

Una vez en el jardín así habló la mujer:

-Sigue con la mirada en el suelo, solo escucha. Todo lo que te he hecho pasar con los castigos ha sido para ganarme la confianza del centro. A partir de hoy vas a hacer ver que cambias, obedecerás sin levantar cabeza. Dentro de unos años saldrás de aquí y podrás hacer tu vida. Un día lo comprenderás. No te pido que dejes de pensar, de analizar lo que es bueno o malo, de llamar al pan, pan y al vino, vino pero guardándolo para ti, cultiva al máximo los buenos sentimientos, lee todo lo que caiga en tus manos, ten la mente abierta, solo así llegarás a la meta para la que estás destinada.

Desde entonces, cada día salían al jardín o al campo, ya que dependiendo con el humor que se levantaban los del Center así decoraban el paisaje. Eran horas de enseñanza y de ternura la que recibía de aquella buena maestra. Era feliz, pero… un día no fue a buscarla, desapareció.

No pudieron ni despedirse… ¡Cuánto lloró!

¡Ahora comprendía muchas cosas! La gente que no interesaba a los de La Coalición la hacían desaparecer sin dar explicaciones a nadie, como habían hecho con su madre, o sencillamente los mataban como a su hermano Dani.

Se sobresaltaron, en el aganier de Esperanza se encendió la luz verde. Todos corrieron a mirar qué pasaba. Era su padre.

-Hija, date prisa, estamos a punto de pasar. No olvides la contraseña, apresúrate.

-Papá, estamos esperando a Nazareno. Aquí están Yira, Marcius y Elric, han buscado a Alberto…

-Hija, ¿Alberto? ¿Alberto ha desaparecido? ¡Dios, estáis en peligro! ¡Abandonad la casa!

Se cortó la comunicación, el aganier se quedó sin luz.

Los de la OFLA corren tirando del brazo de Esperanza.

-Hay que irse al autofly, Elric a los mandos, ¡enciende motores!

-Y Nazareno ¿qué va ser de él? -Decía Esperanza.

A toda prisa suben al vehiculo que se eleva hacia el cielo… Pero…¿qué es esto? Cinco autoflies los rodean. ¿Quiénes son? ¿Cómo los han encontrado? ¿Son de La Coalición? ¿Son amigos? ¡Está tan oscuro! Los focos deslumbran sin dejarles ver…

********************

Nazareno corre a su casa. Sube a la buhardilla. Abre el baúl, cuando desde un rincón le llega un suave susurro.

-¿Quién anda por aquí?

-Soy yo, Alberto.

Nazareno, incrédulo, va hacía él. ¡Alberto en su casa! ¡Está libre!! ¡Qué alegría! ¿Qué ha pasado?

-La Guardium Robótica vigilaba mi kiosco por lo que decidí no volver por allí. No podía ir a casa y a pesar de que compañeros me ofrecieron cobijo no quería que por mi culpa tuvieran problemas. Hace dos días que entré en tu casa, aquí en la buhardilla estaba seguro que no buscarían, todavía no sospechan de ti, pero no tardarán en hacerlo. ¡Tenemos que marchar!

Nazareno le contó todo lo referente a la OFLA, que lo habían buscado y pensaban que La Coalición lo había detenido. Le contó que el tren de Antón estaba apunto de parar en la estación y ya tenían las contraseñas para poder subir, que Esperanza y los demás esperaban en su casa. Al hombre pareció que le quitaban un gran peso de encima.

-¿A qué estamos esperando? ¡Vámonos antes de que sea demasiado tarde!

-D. Alberto, solo una pregunta, ¿sabe usted quién….?

-Corre, no te detengas. Las respuestas otro día.

Los infelices no sabían que cinco autoflies rodeaban a Yira, Macius, Elric y a Esperanza.

¿Qué pasará? ¿Caerán en manos de los tiranos?


CAPÍTULO 16


("Irrealidades". Foto de Antiqva)


Nazareno examinó el libro con atención. Con excepción de las páginas centrales, no parecía más que un relato ambientado en otros tiempos. El centro del libro contenía una ilustración a doble página. No era la única, pero sí la más grande y detallada del libro. El sabía que en otros tiempos las ilustraciones formaban parte de los libros dedicados a los niños. Sabía también que ese ejemplar debía ser leído e interpretado de nuevo por Esperanza y por él en edad adulta, eso parecían esperar de ellos. Al mismo tiempo, quienes escondieron un mensaje entre esas páginas debieron tener en cuenta que podía caer en malas manos.



Hasta ahora las pistas exigían mirar más allá de lo evidente. Investigaban los héroes, y también los villanos. Había un doble fondo en el baúl, y también en la tapa del mismo. ¿Podría existir también un doble mensaje en el libro? La ilustración central representaba a una bella joven bailando en una noche de luna llena. Bajo la ilustración se leía: “Romina Elu baila sin secretos eternos del demente.” ¿Qué sentido podía tener esa frase? Nazareno era ingeniero, bueno con los números, las computadoras, las ciencias exactas. Esperanza era buena con las letras. Si la misteriosa frase era un juego de palabras, ella le encontraría un sentido.



Nazareno examinó de nuevo la ilustración. El libro podía ser muy viejo, pero la posición de la luna en el cielo correspondía a la próxima luna llena. En cuanto a la posición de las estrellas, debería usar su computadora, pero el instinto le decía que correspondían también a una fecha ya muy próxima. Según el paisaje representado, el lugar de la escena era un valle a unos 20 minutos de la casa de Esperanza, en dirección contraria a la estación. Si la interpretación del mensaje oculto debía hacer un trabajo en equipo, debía encontrarse a solas con Esperanza y mencionarle la extraña frase.


ÚLTIMO CAPÍTULO


("El Zoo-Robótico". Foto de Margarita)

-Marcius, Elric, rápido, camuflad el autofly y dad la vuelta- dijo Yira-. Tenemos que despistar a estos entrometidos.

Marcius y Elric pulsaron los botones de aquel aparato supersónico, expulsando un chorro de humo blanco que enseguida se convirtió en una nube que rodeó al autofly, siendo difícil localizarlo. Dieron un giro de ciento ochenta grados y desaparecieron del área de visión de los otros autoflies que los rodeaban.

-Vamos a casa de Nazareno, tenemos que recogerlo, no podemos dejarlo atrás- dijo Esperanza.

-De acuerdo- respondió Yira-. Pero tenemos que actuar muy rápido, pronto se darán cuenta de que hemos huido.

Al llegar frente a la puerta de la vivienda de Nazareno, éste salía junto a Alberto.

-¡Alberto, estás vivo!- gritó Esperanza- ¡Qué alegría! Rápido, tenemos que ir a la estación. Nos están persiguiendo.

-Espera- dijo Nazareno-. Ellos nos persiguen a ti y a mí, además de a Alberto. Es mejor dividirnos para despistarlos.

-Muy bien- contestó Esperanza-. Yira, Alberto irá con vosotros, yo me quedaré con Nazareno, pero voy a pedirte un favor, id a recoged a mi abuela Marta al Centri-Mayoris. Me comunicaré con mis hermanas por medio del againer y les diré que Jennifer se vaya a la estación con su familia y que Abril vaya en busca de nuestra abuela.

-Muy bien- respondió Yira-. ¡Tened mucho cuidado!

Alberto y Yira subieron al autofly que rápidamente se elevó en el cielo dejando tras de sí una estela blanca que se condensó sobre sus cabezas como una gran nube de algodón.

Esperanza dio gracias por que Jennifer y Abril no se hubieran ido a sus casas. Habían aprovechado la visita a su abuela para tomarse unas vacaciones y enseñarles a los niños el Citizen Zoo-Park y el Sport Robo-Center. En el primero podían ver todo tipo de animales robotizados y en el segundo podrían practicar infinidad de deportes virtuales. Se habían alojado en el Grand-Plastic Hotel porque se encontraba cerca del Centri-Mayoris.


Activó su againer y avisó a sus hermanas, dándoles las órdenes pertinentes. También les recordó que cogieran las toquillas que ella había encontrado ocultas en la tapadera del baúl, las que les entregó cuando fueron a darle la fiesta sorpresa a su abuela. Estaba segura de que al cubrirse con ellas quedaban invisibles a los ojos de aquellos seres robotizados, que sólo conocían los colores programados.

-Abril, vete a buscar a la abuela. Sácala al balcón y allí os recogerán nuestros amigos para llevaros a la Vieja Estación. Ya sabes que las palabras clave para subir al tren son: AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO.

-Muy bien, Esperanza- dijo Abril-. Mensaje recibido. Ten mucho cuidado. Pronto habrá terminado esta pesadilla.

-Vamos, Esperanza, tenemos que escondernos- dijo Nazareno- Corramos en dirección contraria a la que van ellos. Seguramente los autoflies nos seguirán a nosotros y así podremos despistarlos. Desviaremos su atención.

De un salto subieron a las aceras rodantes y, al mismo tiempo que se deslizaban calle abajo, corrían con todas sus fuerzas. Tenían que alejarse cuanto más, mejor para que los otros pudieran estar seguros.

La nube blanca poco a poco fue desvaneciéndose y ellos empezaron a ver el azul oscuro del cielo donde se empezaba a dibujar la silueta de una luna, una luna llena. Al verla, Nazareno recordó la ilustración del libro que llevaba en el bolsillo, el que le regaló Alberto a escondidas diciéndole: “escóndelo bien, que no te lo vea nadie por la calle y cuando llegues a casa lo lees, quiero que también lo lea tu amiga Esperanza, encontraréis cosas que os sorprenderán. Si tomáis la decisión que espero, contad conmigo para lo que sea, yo os conozco a los dos desde que nacisteis.”

-Esperanza, prepárate a saltar de la acera, vamos hacia ese valle- dijo de pronto Nazareno.

Ella, sin hacer preguntas, lo obedeció. Cogidos de la mano saltaron y corrieron todo lo rápido que sus piernas se lo permitían. Pisaron el césped artificial de aquel valle -falso valle ya que los árboles y las flores eran de plástico. Las plantas salían del suelo por un resorte mecánico que controlaban en el Citizen Center. Árboles que crecían o que desaparecían según desearan sus mandatarios. ¡Algunos hasta llevaban pájaros posados en sus copas que entonaban trinos como si fueran auténticos!-.

Cansados se detuvieron un momento para respirar al lado de un monolito de acero que representaba el poder, según siempre habían oído.

-Mira la luna- dijo Esperanza- ¿Esa luna es de verdad o también es falsa? Estoy tan confusa que no sé qué pensar.

-Esperanza, tengo que enseñarte algo- Nazareno sacó el libro de su bolsillo-. Este libro me lo dio Alberto hace tiempo y me dijo que lo leyéramos tú y yo. Lo he llevado siempre conmigo para que no me lo quitaran pues, según me dijo, en él hay un mensaje. Yo lo he leído y no he sabido encontrarlo, pero lo que más me llama la atención es esta ilustración.

-“Viajes hacia la Esperanza”- dijo ella leyendo el título con voz emocionada- Vi este libro en la Biblioteca del Monasterio de los Benedictinos entre los libros antiguos pero el bibliotecario me comentó que ese libro no podía cederlo, pues un joven lo retiraría en horas del atardecer. ¿El joven eras tú?

-No. No fui yo quien lo retiró. Fue Alberto pues él sabía que en él se encuentra un mensaje muy importante que nos llevará a la libertad pero que hay que saber encontrar. Sólo los elegidos sabrán interpretarlo.

Los dos se detuvieron en la ilustración central que representaba a una bella joven bailando en una noche de luna llena. Bajo el dibujo se leía: “Romina Elu baila sin secretos eternos del demente.”

-Fíjate en la posición de la luna y de las estrellas, es prácticamente igual a la que podemos observar en el cielo ahora mismo. Tendría que ir a mi computadora para fijar la fecha a la que se refiere, pero creo que es una fecha próxima.

-¿Y esta frase que hay debajo de la ilustración, qué querrá decir?- preguntó Esperanza.

-No lo sé. Confiaba en que tú supieras descifrarla. Parece un juego de palabras, un anagrama. He leído que antiguamente les gustaban jugar con las palabras y hasta se dejaban mensajes ocultos, algunos eran positivos y otros fueron claves para provocar grandes desastres. Esperemos que éste sea de los positivos. ¿Sabrás interpretarlo?

-Lo intentaré- dijo Esperanza-. ¡Pero necesito tiempo y no lo tenemos!

("Monasterio de Los Benedictinos". Foto de Margarita)


Abril se echó sobre los hombros la vieja toquilla y corrió hasta el Centri-Mayoris ocultándose en las sombras de la noche. Afortunadamente el Hotel se encontraba cerca, apenas a cinco minutos. La puerta estaba abierta (todas las puertas lo estaban ya que nadie salía a la calle después del toque de queda. La Guardium Robótica vigilaba para que las leyes se cumplieran). Abril se coló sigilosamente y agachada corrió hasta la habitación de su abuela. Sabía que si lo hacía pegada a las paredes no la descubrirían las robo-cámaras.

Marta estaba sentada en su silla, como esperando a que algo sucediera. Abril llegó hasta ella y la abrazó, diciéndole al oído: abuela, nos vamos, no tengas miedo. Esperó detrás de la puerta del balcón hasta ver aparecer el autofly de Yira. Éste apareció como de la nada. Rápidamente Marcius bajó y ayudó a Abril a subir a Marta. En menos de cinco segundos volvieron a elevarse en el cielo. Debían tener mucho cuidado de que los autoflies de la Guardium Robótica no los descubrieran otra vez, así que Elric activó de nuevo el gas de camuflaje y el aparato se envolvió en una densa nube. Sólo ellos podían ver gracias a los rayos ultravioleta.

Los againers de Abril, de Jennifer y de Esperanza se activaron a la vez encendiéndose la luz verde. Un mensaje apareció en la pantalla: “Hijas, la locomotora se ha parado en la vieja estación. La espera ha terminado.”

Abril se lo enseñó a Alberto y éste le pidió a Yira que se dieran prisa en llegar a la Estación. Yira dio las órdenes a Marcius y Elric y en dos segundos estuvieron posados junto a las vías.

Jennifer acudió a su encuentro y les dijo: “Rápido, corramos hacia la locomotora”.

Se movían en silencio, como sombras entre tinieblas. Una fuerza interior los mantenía unidos y ahora no sentían miedo.

Entraron a la vieja locomotora al tiempo que Jennifer y Abril activaban sus againers. “Estamos aquí, papá”

“Dirigíos al cuadro de mandos y decid las palabras de la clave”

Así lo hicieron. “AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO”, dijeron todos con una sola voz.

De pronto una compuerta se abrió a sus pies y unas manos los invitaban a bajar. Sin pensarlo empezaron a deslizarse por el túnel excavado bajo la locomotora. Aquella locomotora que tanto había significado en sus vidas.

Jennifer, su marido, sus hijos, Abril, su pareja, Marta, Alberto y muchas personas que habían sido avisadas y que también habían podido llegar hasta el lugar, escapando de sus viviendas, entraron por las compuertas abiertas en el suelo de la locomotora. Iban a encontrarse por fin con sus padres, sus hermanos, sus amigos…

-Marcius, Elric, yo me quedo –dijo Yira- No puedo dejar a Esperanza y a Nazareno solos. Id vosotros con los demás.

-No, Yira. Formamos un equipo, siempre hemos estado juntos así que nosotros también nos quedamos –respondieron Marcius y Elric-. Volvamos al autofly y démosle caña a esos malvados.


Bajaron varios túneles y por fin llegaron a una estación subterránea. Un tren Underground HS (High Speed) se detuvo, las puertas se abrieron y todos subieron a la vez. En dos segundos volvió a partir a su destino: el Viejo Mundo.

Antón abrazó a sus hijas Jennifer y Abril.

-¿Y Esperanza? ¿Dónde está?

-Se tuvo que quedar allí para despistar a los autoflies. Está con Nazareno. ¿Qué será de ellos?

("Túnel". Foto de Margarita)


“Romina Elu baila sin secretos eternos del demente.” –leía Esperanza una y otra vez-. ¿Qué querrá decir?

De pronto recordó que cuando niña jugaba con su madre y sus hermanas a componer y descomponer frases. A ella se le daba muy bien. Separaban las letras y con ellas formaban palabras hasta que salía una nueva frase. Sin darse cuenta empezó a hacer lo mismo con aquellas palabras:

R R R O O O M M I I I N N N N E E E E E E E E E L L L U B A A A S S S S C T T D D

Mientras ella jugaba con las letras para descifrar el anagrama, Nazareno cogió su Enofi-5G y revisó los datos que su computador GOL le había dado cuando introdujo las palabras OFLA y YIRA.

“ManOFLAmancha. El sueño imposible: Superar al enemigo imbatible.”

“Verás que todo es mentira, verás que nada es amor que al mundo nada le importa, yira, yira, aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda ni una mano ni un favor”

Había leído estos mensajes decenas de veces sin encontrarle el sentido. Lo único que descubría era un ritmo melódico en el mensaje referente a Yira, como si fuera el estribillo de una canción. Ya incluso se lo sabía de memoria y podía repetirlo sin mirar el Enofi-5G.

-¡Ya lo tengo!- gritó Esperanza-. Mira, no sé si será este el mensaje pero mi corazón ha empezado a palpitar muy deprisa cuando he formado esta frase:

“MIENTRAS LEES ESTO EL MUNDO LIBRE ESTÁ RENACIENDO”

-“El sueño imposible: Superar al enemigo imbatible.”- repitió Nazareno-. –

-Sí. ¡Eso es! Esperanza, ellos han estado preparando la revolución durante mucho tiempo para poder liberarnos del Mando Superior. Ahora sólo tenemos que descubrir cuándo será el “encuentro”. Necesitamos saber el día y la hora.

Volvió a mirar la ilustración del libro y dijo:

-Mira, este es el valle donde ahora mismo estamos.

-Es verdad –dijo Esperanza.

-La posición de la luna y las estrellas nos dirán la fecha exacta. Necesito ir a mi computador GOL y consultar los datos.

-Volvamos a nuestras casas y mañana actuaremos como de costumbre. Iremos a trabajar, nos volveremos a poner los trajes de color naranja y pondremos caras de idiotas. Por la noche nos volvemos a encontrar aquí, junto a este monolito de acero. ¿De acuerdo?

-Muy bien, Esperanza. Ve con mucho cuidado.

-Tú, también. Intentaré descifrar los signos de la vieja cartilla de mi padre, la que encontré en el baúl. Seguro que también nos ayudará a descubrir el camino a seguir.

Ambos se abrazaron emocionados y sin decir más palabras se separaron y empezaron a correr con todas sus fuerzas hacia las aceras rodantes, mientras en el cielo se dibujaron las siluetas de tres autoflies…

("Estación abandonada". Foto de Margarita)


Aquella noche apenas pudieron dormir.

Nazareno seguía repitiendo aquellas frases que tenía grabadas en su memoria:

“El sueño imposible: Superar al enemigo imbatible.”

“…no esperes nunca una ayuda ni una mano ni un favor”

Él no lo sabía pero en esas frases se escondían los deseos de los que habitaban en el Viejo Mundo. Llevaban mucho tiempo organizándose para superar al enemigo imbatible y sabían que no podían esperar ayuda externa sino que todo dependía de ellos, de su esfuerzo y de su unión.

Esperanza tampoco podía dormir. Nada más llegar a su casa buscó todo lo relacionado con su padre y se lo llevó a la cama con la decisión de volverlo a examinar para descubrir alguna pista que les indicara cuál era el camino, qué era lo que ahora debían hacer ella y Nazareno. Eran los “elegidos”, pero ¿para qué?

Allí estaban la cuartilla donde él contaba que se había casado por segunda vez (cosa que a ella no le importaba ya que sabía que sus padres se habían amado, aunque luego decidieran separarse) y la vieja cartilla a nombre de su padre con anotaciones extrañas que parecían auténticos jeroglíficos…

-¿Qué es esto?- se preguntó- Parece un dibujo de un plano, muy esquemático, pero sí parece un plano.

En una de las hojas de la cartilla había un dibujo que apenas se veía pues el paso del tiempo había borrado la tinta. Cuadrados, círculos y triángulos se unían por medio de líneas rectas. Parecía un entramado reticular. ¿Qué significaría?

Como movida por un resorte, Esperanza se levantó de un salto y cogió su lupa-láser mirando con ella aquellos garabatos. Sí, ahora sí que podía ver más detalles: letras y puntos, que no se veían a simple vista, aparecieron ante sus ojos. Descubrió que todas las líneas llegaban a un círculo en el que había dibujado un triángulo y dentro del triángulo había dos letras: una E y una N. Lejos del círculo había un cuadrado (las líneas unían las dos figuras), y en él aparecían las letras: A, V, A y alguna más que el tiempo había borrado…

Tenía que contárselo a Nazareno. Entre los dos descifrarían el significado.

Al día siguiente hicieron lo que todos los días tenían costumbre de hacer, disimulando su nerviosismo para que nadie notara nada raro en ellos.

Nazareno aprovechó el momento en que sus compañeros hacían el descanso para comer para introducir en su computadora GOL las coordenadas de la luna y las estrellas, según la ilustración del libro. Acto seguido le salió la fecha exacta en que se produciría esa disposición en el cielo: el 30 de mayo. “¡Dentro de dos días!”, exclamó, y empezó a tararear la canción de Yira… ¿Estaba contento?

Esperanza llegó a su trabajo y empezó a coser mecánicamente, como siempre, soñando con que algún día aquello se acabara. ¡Cómo le gustaría poder coser alguno de aquellos trajes de las fotos de las revistas! Si algún día las cosas cambiaban… Algo hizo que levantara los ojos de la máquina de trabajo y se encontró con una mirada que la hizo estremecer. La persona que tenía delante, vestida con un mono como el de ella, no era un robot, ¡era Yira!

-¿Qué haces aquí?- le preguntó sin apenas mover los labios.

-Todos se fueron en el tren pero nosotros nos quedamos para ayudaros. No podíamos dejaros solos.

-¿Qué tenemos que hacer ahora?- dijo Esperanza

-Tú lo descubrirás- respondió Yira- Marcius, Elric y yo despistaremos a los vigilantes mientras Nazareno y tú cumplís con vuestro destino.

-Gracias, Yira. Ahora me siento más tranquila sabiendo que estáis aquí.

Por la noche se encontraron en el valle. Nazareno le transmitió su descubrimiento: algo grande pasaría dentro de dos días. Ella le enseñó la cartilla y los dibujos que había en una de sus hojas. Ahora parecía que lo veía más claro…

Esperanza no podía dar crédito a lo que estaba pensando. Ante sus ojos había un plano de la ciudad: el cuadrado representaba la estación, el círculo representaba el valle, el triángulo era el monolito de acero y aquellas letras eran las iniciales de sus nombres. Ahora lo entendía todo: ¡las líneas eran túneles subterráneos!

("Túnel". Foto de Margarita)


Corrieron cuánto pudieron hasta llegar al tren que ya había partido. Pero no se preocuparon ya sabían cómo podrían ir con ellos, puesto que habían descubierto que caminando por esos túneles se llegaba al Viejo Mundo, era una larga caminata pero estaban juntos y nada los detendría.

El túnel estaba lleno de telarañas “verdaderas”, Esperanza se detenía a mirar las arañas que no conocía, las extrañas alimañas que habitaban ese lugar abandonado. A diferencia de otras personas no la asustaban ni las cucarachas ni las ratas, todo eso era nuevo para ella y también para Nazareno, que no se detenía tanto porque le interesaba más llegar al final.

Lo más extraño fue cuando ya habían caminado casi todo un día, encontraron un haz de luz que ingresaba por lo que parecía una puerta, una rata se escabulló por allí, Esperanza la miró, y la siguió con la vista, se preguntó dónde llevaría esa puerta.

-¡Quiero seguirla!- le dijo a Nazareno.

-Puede ser peligroso, no sabemos qué hay del otro lado, pueden estar los autoflies.

-Qué pena quisiera ver a dónde lleva esa luz. Es diferente a la que conocemos- comentó Esperanza desilusionada

-Lo veremos en otro momento, ahora debemos seguir.

-Pero tengo sed y hambre, hace muchas horas que no nos detenemos y mis piernas ya me duelen mucho.

-Bueno entonces descansemos- mientras decía eso Nazareno miró a un lado y otro y de pronto vio que había un grifo en la pared, miró a Esperanza y luego se dirigió hacia él, lo abrió y un agua clara y cristalina comenzó a salir de ella.

-¡Mira Esperanza, es agua de verdad!

Esperanza se dirigió hacia ella y sació su sed por un largo tiempo, lo mismo hizo Nazareno.

Continuaron caminando, encontraron una vieja estación en los túneles y allí decidieron detenerse para descansar y dormir un rato. Se acostaron en un banco de madera, antiguo y gastado, en él había escrito muchos nombres y fechas. Esperanza pasó sus dedos por allí con tristeza.

-¿Qué será de los que escribieron aquí?

-¡Vaya uno a saber! Vamos Esperanza duerme un rato.

Los despertó una luz enorme y un ruido ensordecedor, un tren se detuvo en la estación y un anciano los despertó para decirles que los llevaría con sus seres queridos.

Cuál fue la alegría de los chicos al recibir esa noticia, se abrazaron y subieron rápidamente.


Cuando llegaron al Viejo Mundo, se encontraron con todos sus amigos y familiares, se abrazaron fuertemente.

No salían de su asombro de lo hermoso que era el lugar, todos vestidos con ropas que nunca habían visto y el sabor de la comida era exquisito. Ambos disfrutaron comiendo aquellas viandas y no las odiadas comidas pastilleras. “Si yo pudiera montaría un restaurante”, pensó Nazareno.

("Asados Nazareno". Foto de Chus)


-¡Marcius, Elric, Yira! ¡Estáis aquí!- gritó Esperanza

-¡Sí! Nos hemos escapado y nos hemos venido con los nuestros. Esto lo hacemos a diario, ya lo sabes.

-¿Y mi padre y mi madre? Aún no los hemos visto. ¿Y mis hermanas?

-Todos están bien. Tu padre nos ha pedido que os llevemos a su encuentro.

-Pues vamos.

Antón les contó lo que se les había ocurrido a Victoria y a él para derrotar a la Corporación. (Estaban separados como pareja pero seguían unidos por los mismos ideales). Abrió la mano y mostró las pastillas de alimentación.

Habían pensado cambiar las pastillas que les daban para comer por unas con vitaminas y minerales fabricados por ellos mismos.

-Hemos tenido que hacer muchas pastillas, para que la población pueda despertar de ese sueño en el que están insertos. Disponemos de suficiente cantidad para 15 días, que es lo mínimo para salir de la intoxicación. Si bien todos pensábamos que era peligroso, nos dimos cuenta que era la mejor idea.

-¿Cómo se distribuirán?- preguntó Yira

-Tenemos todo pensado, menos eso- respondió Victoria.

-Ya sé- dijo Nazareno- Esperanza y yo nos disfrazaremos, robaremos un camión de abastecimiento y lo llevaremos a la distribuidora, no sospecharán porque nunca ven quiénes los conducen.

-Yo iré con vosotros- dijo Yira, mirando a los ojos a Nazareno. Éste le devolvió la mirada con una sonrisa de aprobación. Ambos se estremecieron.

-Muy bien- dijo Antón- Tenéis dos días para hacerlo. El 30 de mayo, a las 10 de la noche debéis estar en el valle y activar los resortes que hay bajo el monolito de acero. Si todo funciona como hemos diseñado, una gran compuerta se abrirá bajo vuestros pies y por ahí saldremos al Nuevo Edén. Poco a poco iremos recuperando lo que es nuestro.

Elric y Marcius, intervendrán las radios y televisiones y las prepararán para dar el mensaje de que todo lo que dice la Corporación es mentira, que siempre se pudo vivir fuera de la esfera y que todo es una patraña.

Al no estar bajo los efectos de las pastillas y con las nuevas vitaminas toda la población despertará…


("Gruta". Foto de Margarita)




Epílogo

Hay ocasiones en las que se impone la necesidad de olvidar para avanzar, sin el lastre del pasado. Esperanza había aprendido esta lección el día que sus recuerdos se abrieron paso entre las brumas de su memoria. Aquella noche no pudo evitar sonreír al darse cuenta que ella tarareaba la canción que tantas veces había oído cantar a Nazareno: «Verás que todo es mentira, verás que nada es amor que al mundo nada le importa, yira, yira, aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor...». De pronto, el frasco de pastillas alimenticias, con las que estaba preparándose la cena, se le resbaló de las manos. ¡Todo es mentira! Igual que un relámpago una visión había golpeado con fuerza su mente, desorientándola al verse en Viejo Mundo, junto a su padre, que le inducía a tomarse unas pastillas. Una visión tan clara e intensa que le dio la certeza de haberla vivido. No podía ser. Esperanza se acuclilló para recoger las pastillas del suelo, por alguna razón que escapaba a su control estas, ahora, le producían aversión. Decidió no tomarlas y las tiró por el sumidero de la cocina. A continuación, pequeños impulsos visuales fueron apareciendo en su mente. Partes de aquella ensoñación se entremezclaban con otras ignotas hasta ese momento. Desde la lejanía, una voz, que al acercarse identificó con la de su padre, le avisó: «Cuando empieces a recordar te inundarán las dudas. Busca entre mis viejos libros, lee los títulos, uno contiene una revelación». Esperanza subió a prisa al desván, rebuscó en el fondo del baúl y comenzó a extraer libros, “El amor en tiempos del cólera”, “El coronel no tiene quien le escriba”, “Cien años de soledad”, “No digas que fue un sueño”, «¡Dios mío, no puede ser! ¡No fue un sueño, estuve en Viejo Mundo!». Bajó del desván confundida, encaminó sus pasos hacia el sofá y se recostó en él con la intención de organizar las teselas de aquel nuevo mosaico que se formaba ante ella.


Esperanza recordó el momento en que Marcius posó el autofly sobre el suelo de acero y le dio la bienvenida al lugar. Una gran expectación se había apoderado de ella. Yira se percató y la tomó de una mano para infundirle ánimo. Recorrieron a prisa el aeródromo —donde descansaban multitud de autoflies—, y un largo pasillo hasta llegar a una gran sala. Todo era altamente tecnológico, había innumerables artilugios, paneles de control con luces y sonidos, pero sin botones a la vista, grandes pantallas holográficas y, en el centro de la sala, una plataforma que en un instante fue invadida por un haz de luz blanca y densa que casi podía tocarse. Esperanza retrocedió un paso y miró a Yira buscando una explicación, pero antes de que esta hiciera cualquier gesto, la joven vio cómo en mitad de la neblina se podía distinguir dos siluetas humanas, la de un hombre y la de una mujer. Tuvo la intuición de que se trataba de sus padres y corrió a su encuentro. Frente a ellos, parada, no daba crédito a lo que estaba viendo. Victoria se abrazó a su hija, fundiéndose ambas en un largo y cálido abrazo. Tantos años de ausencia, tantas pesadillas vividas, tantas cosas que recuperar y contarse se agolpaban en sus almas y pugnaban por salir atropelladamente. Las emociones aprisionaban las palabras en la garganta de las dos mujeres, pero dieron total libertad a las lágrimas consoladoras. Al rato, Esperanza se abrazó a su padre, todavía incrédula.

("Valle de Viejo Mundo". Foto de Margarita)

El grupo se dirigió al comedor. Esperanza observaba hasta el mínimo detalle, un mundo nuevo se abría ante sus ojos. Se sorprendió al ver a tantas personas viviendo en Viejo Mundo, y aún más al ver un asado con patatas en el plato que le sirvieron. Nada de pastillas. Antón intuyó lo que estaba pensando su hija: «Come tranquila, aquí no son necesarias esas abominables pastillas. Mañana, cuando hayas descansado verás cosas que no creerás y te contaremos cómo caímos en todo aquello que derivó la creación de Nuevo Edén. Ahora, disfrutemos del reencuentro por unas horas, hija». Hablaron de las hermanas, de los nietos que aún no conocían Antón y Victoria, de la abuela Marta, comieron, rieron y se emocionaron, ajenos a lo que los envolvía y al incierto destino. Después acompañaron a Esperanza a una habitación para pasar la noche. «Todo es blanco y luminoso en Viejo Mundo», pensó la joven al ver aquel cuarto con lo justo, una cama una mesita y un armario, pero de una limpieza que podía respirarse. Se acostó, pero apenas pudo dormir, la excitación que sentía por lo que acababa de vivir y la intriga por lo que su padre le había prometido que vería se lo impidieron.

("Caballos en el valle del Viejo Mundo". Foto de Margarita)

A la mañana siguiente, Antón fue a recoger a Esperanza y la llevó a la plataforma en la que la noche anterior habían aparecido él y Victoria. «No temas, hija. Es un transportador. Lo utilizamos para desplazarnos al lugar en el que trabajamos». La joven sintió una extraña sensación de levedad al pisarla y, tras unos segundos, se encontró ante un paraíso. Un gran valle enclavado en medio de aquellas montañas. «En realidad, esto es lo que verdaderamente le da sentido a Viejo Mundo», afirmó orgulloso, Antón. Esperanza solo había contemplado aquel espectáculo en los libros del desván, incontables huertos con todo tipo de hortalizas se desplegaban ante su paso, árboles frutales, que por primera vez podía tocar, y en la lejanía podía distinguir ovejas y cabras en los risco y unas vacas bebiendo en un arroyuelo. «¡Papá, eres como Noé!», espetó absorta. Respiró profundamente, nunca había experimentado esa sensación de paz, felicidad y pertenencia que le transmitía la naturaleza.

("Huerto en Viejo Mundo". Foto de Margarita)

Antón le explicó a su hija, que tras la rebelión en la isla de la Incomunicación su madre y los demás disidentes habían iniciado un éxodo, llevándose con ellos un pequeño grupo de animales que todavía conservaban los de La Coalición para sus experimentos genéticos, semillas de todo tipo, que aún almacenaban en hibernación y toda la tecnología que había en aquel lugar y que hasta ese momento sirvió para controlarlos. Con aquellas herramientas y mucho trabajo habían logrado crear aquel paraíso desde el cual se organizaban con la intención de volver a repoblar todo el planeta, tras su liberación.

("Trabajos de Viejo Mundo". Foto de Margarita)

De regreso, en el vientre de la montaña, Antón y Victoria hicieron sentar a su hija en la privacidad de su cuarto. Debían explicarles algo y Victoria tomó de las manos a su hija y comenzó a narrar: «Esperanza, cuando los acontecimientos se transforman gradualmente, es imperceptible el cambio, hasta que un buen día te despiertas y ya nada es igual. Nadie se cuestionó cuánto habíamos avanzado tecnológicamente en el último siglo, al contrario, las personas se emborracharon de los logros, de lo que creían progreso y conocimiento. El siglo XX había sido vertiginoso. Al comienzo de esta era apenas existía la luz eléctrica en las casas, acababa de inventarse la radio y el primer aeroplano era un recién nacido, en cuestión de cien años, el mundo había dado un vuelco sin precedentes en la historia, se contaba con ordenadores, no solo se volaba regularmente en sofisticados aviones, sino que el hombre podía salir de nuestro planeta en cohetes, llegó a pisar la Luna y parecía dominar la energía nuclear. En contraposición en otras aéreas no habían dado ni un solo paso adelante, seguían existiendo guerras, países hundidos en la miseria donde el hambre asolaba y los niños enfermaban y morían de dolencias que eran fácilmente curables en los países desarrollados. Todo eso ya lo sabes por los libros, hija». Victoria bebió un sorbo de agua y continuó: «Llegaron como ladrones en la noche. Al principio, aparecieron cabezas de ganado mutiladas. Les faltaban partes de sus órganos, no tenían señales de mordiscos de animales salvajes, no se observaba restos de sangre en las cercanías y las heridas habían sido cauterizadas, como si un experto cirujano hubiera trabajado en un quirófano. La población nunca llegó a tener noción de lo que ocurría realmente más allá de estos inexplicables sucesos, pero no así los gobernantes y los poderosos. Llegaron de Orión. Necesitaban una sustancia que poseían los seres vivos para perpetuar su raza. Tras comprobar que los seres de la Tierra eran óptimos para sus fines, entraron en contacto con los poderes mundiales y les ofrecieron un trato: enseñarles sus avances tecnológicos a cambio de total impunidad para sus acciones».


Marcius irrumpió en la habitación para anunciarles que Yira, Elric y él tenían todo preparado para el retorno a Nuevo Edén. Si tardaban demasiado en hacer regresar a Esperanza La Coalición podría comenzar a sospechar sobre su ausencia y colocarían a la joven en una situación de peligro. Antón asintió y pidió unos momentos más para concluir la explicación. Esperanza estaba intrigada y el desasosiego iba creciendo. Victoria siguió con su relato: «Hija, el hombre es avaricioso y no solo aceptaron el trato, sino que no movieron un dedo cuando los seres venidos del exterior aparte de utilizar el ganado comenzaron a hacerlo con las personas. Para ese entonces, “El Mercado” ostentaba más poder que los gobernantes, gracias a los buenos negocios creados y las fortunas amasadas con los sustanciosos negocios que habían desarrollado con las nuevas tecnologías alienígenas. No estaban dispuestos a perderlas ni el poder adquirido. Transigieron y callaron». Esperanza no daba crédito a lo que estaba oyendo. Victoria acarició el pelo a su hija y volvió al relato: «Los alienígenas no tardaron mucho en hacerse con el control del planeta, contaban con la connivencia de sus secuaces humanos. Inventaron una anomalía solar para poder construir la enorme bóveda celeste. Ya has comprobado que nada le sucede al sol. Era una artimaña de dominación, una forma de delinear el perímetro de lo que sería su “Nuevo Edén”. Un lugar donde mantendrían a la población adormecida y alimentada con pastillas, donde todo estuviera enfocado en conseguir la máxima calidad de la ansiada sustancia que nosotros portamos. Hija mía, Nuevo Edén es una granja».

("Ovejas en el valle de Viejo Mundo". Foto de Margarita)

Esperanza se levantó sobrecogida, horrorizada: «¿Cómo puede ser? ¿Quién te lo contó? ¡Puede ser una mentira! ¡Que te engañaran!». Antón abrazó a su hija para calmarla e hizo una señal a Victoria para que continuara. «La isla de la Incomunicación es la última estación, Esperanza. Yo estuve allí y lo vi. Cada día desaparecían cientos de personas. Se los llevaban y no regresaban más. Nos organizamos, investigamos, espiamos y descubrimos la verdad. Cuando yo llegué ya existían esos grupos, antes hubo otros y el fruto de tanto dolor y tanto valor lo pudimos recoger cuando me tocó estar a mí allí. Nos revelamos, perdimos muchos elementos en la acción, pero nos liberamos. El resto ya lo conoces, tu padre te lo ha enseñado. Del mismo modo liberaremos Nuevo Edén. La fecha está próxima, y después la familia podrá reunirse de nuevo». La joven corrió a los brazos de su madre y la besó.


Marcius entró de nuevo a dar el segundo aviso y todos se encaminaron aprisa hacia el aeródromo. Subieron al autotly y antes de partir Antón se dirigió a su hija: «Son demasiadas emociones, demasiada información como para que la asimiles y una vez llegada a Nuevo Edén, tus constantes vitales no te delaten. Debes tomar esta pastilla que borrará tu memoria. Recordarás en su justo momento. Cuando empieces a recordar te inundarán las dudas. Busca entre mis viejos libros, lee los títulos, uno contiene una revelación. “No digas que fue un sueño” es el indicado. Cuando tengas todas las piezas sabrás que el momento ha llegado y lo que debes hacer». Yira observó el gesto de intranquilidad de Esperanza y le indicó: «No te preocupes, cielo, cuando eso suceda nosotros permaneceremos junto a ti». La joven se abrazó a sus padres, les dio un beso de despedida, tomó la pastilla de la mano de Antón y la tragó.

Fin

(28 de mayo de 2011)




PARTICIPANTES POR ORDEN DE INTERVENCIÓN:

Conchi, Alicia, Aldhanax, Stella Maris, Colo, Susana, Piedad, María, Margarita, Loli, Sabela, Chus, Tomi, Roser, Rosa, Jorge.

ÚLTIMO CAPÍTULO:

Aldhanax y Conchi

EPÍLOGO

Margarita

PRÓLOGO
Francisco Pérez


4 comentarios:

loli dijo...

Despues de bastantes días, -por obligaciones personales -sin poder
pasar para ver como continuaba nuestra obra, hoy leo que los intríngulis que le dieron vida se resolvían, y yo creo que con un fin lógico y satisfactorio. Evidentemente lo imprimo para unirlo a nuestras composiciones poéticas y seguir sumando con lo que vaya llegando, que a la profe no podemos dejarle descansar, para que no se le oxiden las ideas. Opino que tenemos que felicitarnos todos, pues aunque la mayoría somos novatos creo que dimos la talla, y sobre todo ¡PARTICIPAMOS!

rosa mis vivencias dijo...

Buenas noches:
Mi enhorabuena a Conchi, Aldhanax y Margarita, habéis hecho un perfecto trabajo, el relato o mejor dicho la novela, ha quedado de fabula, la verdad esque es un lujo poder leerla toda de un tirón.

Loli bienvenida a la plaza, te estamos echando de menos.

Espero que hayáis pasado un buen fin de semana.
Un abrazo.
Rosa.

I. Robledo dijo...

Mi felicitacion por esta obra colectiva, en la que os habeis ido dejando algo del alma...

Un abrazo fuerte

piluca dijo...

Quiero felicitaros ha quedado estupendo ,
que bonito cuento,y las fotografias estupenda ,
¿lo vais ha publicar ?este cuento es entretenido y ameno ,gustaria mucho ,un abrazo piluca

"Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad" (Cora Weiss)

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Cumpleaños de las Amigas de La Plaza

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18 de enero: Conchi

22 de enero: Rosa

26 de enero: Tomi

20 de febrero: Sabela

2 de marzo: Loli

22 de marzo: Chus

24 de marzo: Blanca

14 de junio: Roser

15 de julio: Gloria

19 de agosto: Piedad

5 de octubre: Margarita

18 de diciembre: Driada