lunes, 6 de octubre de 2014

ANDREA



CAPÍTULO I

Andrea llegó al aeropuerto a las cinco y media de la madrugada, el avión partiría a las seis cuarenta y cinco y siempre decían que era aconsejable estar allí un par de horas antes.

A pesar de ser tan temprano había bastante gente; unos estaban tumbados en los bancos, otros en el suelo, algunos paseaban y los más previsores empezaban a ponerse en fila ante la ventanilla correspondiente para ocupar los primeros lugares en las colas.

Andrea comprobó una vez más que llevaba el billete en su bolso y también miró la hora de salida del avión, luego buscó con la mirada el gran reloj que había en la pared y sincronizó el suyo, el que llevaba en la muñeca izquierda. Un reloj que nunca se ponía ya que lo guardaba para las grandes ocasiones, pero aquella lo era, por eso lo sacó del joyerito que tenía sobre la coqueta de su dormitorio y se lo puso en la muñeca. Tenía miedo de perderlo ya que era un recuerdo de su madre, pero aún así decidió cogerlo y llevarlo a aquel viaje.

Apenas durmió esa noche. Había preparado la maleta con cuidado de que no se le olvidara nada: el traje que se pondría en la boda, un par de mudas, un pijama, la bolsa de aseo con el cepillo de dientes, el peine, un botecito con champú, el lápiz de ojos, el lápiz de labios y unas pinzas de depilar (siempre las llevaba, por si acaso). También llevaba un camisón para dormir, unas zapatillas y unos zapatos de tacón. “¿Qué me falta?”, pensaba, “seguro que algo se me queda atrás”.

La maleta y el bolso que colgaba de su hombro era el único equipaje de Andrea. No necesitaba más. La habían invitado a aquella boda y ella no sabía muy bien por qué había aceptado. ¡No le gustaban las bodas y tampoco los aviones!

Era la primera vez que viajaría en avión así que era la primera vez que andaba por aquel aeropuerto. “¿Dónde estarán los servicios?”, se dijo, “aunque no tengo muchas ganas iré antes de embarcar”. A lo lejos vio el cartelito que indicaba este lugar y hacia él se dirigió. Tenía tiempo antes de ponerse en la cola que se iba formando en su puerta de embarque. Cuando entró se topó con tres puertas: mujeres, hombres y minusválidos. Ella se fue a la de mujeres, la abrió y se encontró con un pasillo donde había otras cinco puertas a la derecha y a la izquierda había una fila de lavabos y espejos. Todas las puertas estaban cerradas, lo que quería decir que los aseos estaban ocupados y debía esperar. A los pocos segundos se abrió la segunda puerta y salió una chica joven, Andrea la saludó con una sonrisa y se dispuso a entrar con su maleta, pero el espacio era tan pequeño que no cabían las dos, así que tuvo que optar por dejar la maleta fuera. Cerró la puerta pero no le echó el pestillo pues le daba miedo se fuera a quedar atascado y no pudiera salir, así que con la mano sujetaría la puerta por si se la abrían. Aún no se había bajado el pantalón cuando escuchó muchas voces de mujeres que entraban al pasillo del servicio. Era un grupo que iba de excursión y hacían lo mismo que ella, hacer sus necesidades antes de subir al avión.

Andrea no creía en el destino ni en las casualidades, pero aquel día algo pasaría en su vida que le haría plantearse si sería verdad que el destino existía. Una de las mujeres que iban en el grupo de la excursión llevaba una maleta exactamente igual que la de Andrea. Del mismo color, del mismo tamaño y quizás fue comprada el mismo año en el mismo centro comercial. La cuestión fue que aquella mujer también soltó su maleta en el pasillo para poder entrar a uno de los aseos, lo mismo que hicieron todas las demás. Como el espacio era reducido se empujaban unas a otras para mirarse en los espejos, lavarse las manos en los lavabos y pasar a hacer sus necesidades. También las maletas eran empujadas de un lado a otro. Por eso, cuando Andrea abrió la puerta, una señora casi la estampa contra el lavabo apartándola para entrar ella. Andrea decidió no pararse a lavarse las manos y quiso salir de allí a toda prisa. Buscó su maleta, la cogió y casi corriendo se dirigió a su puerta de embarque. Una vez allí deseó que aquel grupo de mujeres no fueran en su mismo vuelo ni se dirigieran al mismo destino.


CAPÍTULO II

Había salido un poco aturdida del baño pues no estaba acostumbrada a tanto ajetreo. Aturdida y nerviosa, porque jamás se había visto en semejante fregado y, lo peor, es que ya no había marcha atrás.

No perdía ojo a la maleta, en ella llevaba cuanto necesitaba para el evento al que tenía que asistir. La boda era la de una antigua compañera de trabajo a la que hacía mucho que no veía. El solo hecho de pensar que unos años atrás se quiso liar con su novio le hizo pensar que tal vez no tenía que haber aceptado la invitación pero, por otra parte, aquello era ya agua pasada.

Se centró de nuevo en el grupo de mujeres que al parecer iban de excursión y, al pasar éstas cerca de donde estaba ella haciendo fila, apreció el comentario de dos mujeres del grupo. Al escucharlas quedó horrorizada, pues al parecer la “excursión” no era sino una excusa para ocultar su destino. Disimulando, pero con el oído muy afilado en la conversación de las dos mujeres, Andrea no podía creer lo que acaba de escuchar, la “excursión”, como ellas la llamaban, era mucho más que eso. Según intuyó, era una especie de caravana de mujeres para satisfacer los deseos a los mozos solteros y viudos de un pueblo de los Alpes, donde las mujeres escaseaban debido a la falta de trabajo y al clima de dicho pueblo.

“Entonces”, pensó, “¿para qué tantas maletas? ¿Qué llevarán en este caso en ellas?”. La incógnita seguía de nuevo en sus pensamientos. ¿Será corsetería sexi o tal vez algo más? ¿Pero qué guardaban con tanto misterio y con tantas risas como les provoca el encuentro que en pocas horas esperaban? Ejem, ejem!!! “¿Qué será?”, pensó ella con la mosca detrás de la oreja.

El grupo de mujeres empezó a desaparecer poco a poco; el avión que las llevaría a su destino estaba a punto de despegar y ellas, una a una, se dirigieron a embarcar las maletas entre risas y complicidades y, en aquel preciso momento, el misterio quedó solo en eso, ¡un misterio!

Andrea seguía pendiente de no extraviar su equipaje, cuando se fijó que algo extraño destacaba en su maleta pues, aunque había sido comprada hacía unos años aún estaba por estrenar, no la había usado antes, así que le chocó mucho el desgaste que tenía en el asa, pero no quiso darle más importancia. Siguió a la espera de que le tocara el turno a su vuelo y poder embarcar también la suya.

Por un momento se olvidó de sus nervios y de tantas incógnitas y fijó la vista en un grupo de personas, entre las que había niños, pidiendo para poder comer. Los más mayores intentaban ayudar a los viajeros con las maletas y así ganarse unos euros. Estaban acostumbrados a que la gente que estaban de paso en el aeropuerto no les hicieran caso, pero aun así, ellos lo intentaban una y otra vez.

Desde la fila que esperaba y, más hacia la izquierda, pudo ver a un grupo de jóvenes músicos, cada uno de ellos con sus respectivos instrumentos. Desenfundaron y se dispusieron a ofrecer a los allí asistentes su música. Concentrada en estos jóvenes y prestando atención a cómo tocaban algunas melodías, casi no escuchó la voz que, por el altavoz, anunciaba que el vuelo con destino a ... estaba a punto de despegar.


CAPÍTULO III

No escuchó bien lo que decían por megafonía y prestó atención al nuevo aviso “el vuelo con destino a Zúrich por causas ajenas a la compañía sufre un retraso en su salida, le seguiremos informando, disculpen las molestias”.

Andrea pensó una vez más por qué había aceptado esta invitación.

Su destino era Vaduz, la capital de Liechtenstein. Tendría que volar a Zúrich donde estaba el aeropuerto más cercano y desde allí viajaría en autobús. Su cabeza era un auténtico hervidero, no sabía qué hacer y permaneció en la fila escuchando a los músicos que comenzaban con su actuación. Se dejó llevar por las canciones y empezó a comparar a los jóvenes con otros más conocidos y así, ensimismada, se encontró frente a frente con John Lennon, Bertín Osborne, Joaquín Sabina, David Bustamante y un largo etc. eso sí, sin soltar su maleta. Cuando volvió a la realidad le pareció que ésta pesaba más que cuando llegó, ¿por qué sería? quizás por el cansancio…, aún así no la soltó por miedo a perderla.

Mientras todos buscaban un sitio para descansar, ella simplemente se apoyó en una columna sin abandonar la fila y cerró los ojos, pero el murmullo que se oía hizo que los volviera a abrir y, con sorpresa, vio que el grupo de mujeres volvía a entrar y la rodeaban. Se sintió muy agobiada, sin saber qué hacer, cuando se dio cuenta de que la chica joven con la que se encontró en los servicios le estaba sonriendo y amablemente le dijo: “Ven para este lado, el grupo que dirijo está muy nervioso y atropella a todo el mundo, por error nos confundimos de vuelo, nosotras también viajamos a Zúrich y desde allí a una pequeña aldea de Mauren, ahora nos tienen que colocar con vosotros y no saben cómo, ya que sobra gente”.

Andrea una y otra vez se arrepentía de haber aceptado la invitación a la boda, pero estaba allí y seguiría adelante, así se lo hizo saber a su nueva amiga ya que estuvieron un ratito cambiando impresiones y se habían caído muy bien. Ella fue la que le informó de que Liechtenstein, entre otras cosas, era un auténtico paraíso fiscal. Sus pensamientos se revolucionaron de nuevo y se preguntó qué ocultaría aquel grupo. Pensó que la chica joven no le había comentado nada sobre a lo que iban a esa pequeña aldea y aunque ella oyera hablar a las otras mujeres de una “caravana de mujeres”, también le oyó a ella lo del “paraíso fiscal”…

De nuevo se oyeron las señales sonoras del altavoz y seguidamente informaron que en breve y, solucionado el problema con el vuelo con destino a Zúrich, se procedería al embarque de los pasajeros.

Andrea se colocó en la fila y respiró fuerte. ¡Uff! ¡Por fin!


CAPÍTULO IV

Colocó la maleta y el bolso sobre la bandeja. “Jolines, sí que pesa” –exclamó para sí misma mientras la elevaba. Después se dispuso a pasar ella, pero antes de hacerlo un vigilante hizo que se quitara los zapatos y el cinturón y la invitó a que lo pusiera junto a sus pertenencias. Al cruzar el control, el guardia de seguridad le indicó que se apartara hacia un lado y esperara. Mientras tanto se puso los zapatos y el cinturón sin dejar de preguntarse el porqué de aquella actitud si ella sólo llevaba unas cuantas prendas de vestir. El resto de los pasajeros pasaban sin detenerse excepto el grupo de mujeres, que a la mayoría de ellas también las habían apartado a un lado.

Como era novata en aquella experiencia no apartaba la vista de todo lo que acontecía a su alrededor. Al momento, el guardia llamó su atención.

-¿Señorita?
-¿Es a mí?
-Sí, usted. ¿Me puede decir qué lleva en la maleta?
-Pues... -empezó a balbucear lentamente - lle...vo... Pues qué voy a llevar, llevo ropa de vestir... lo necesario para cuando se va de viaje.
-Ábrala, por favor -indicó el agente.

Andrea obedeció segura de que no tenía nada que ocultar y deseando de acabar cuanto antes mejor. Tenía ganas de subir al avión a pesar del respeto que le causaba, pero estaba cansada y deseaba sentarse.

La joven palideció al abrirla y comprobar su contenido. Su ropa había desaparecido y, en su lugar, había cosas que nada tenía que ver con lo que ella había guardado. El guardia levantó con la mano un extraño paquete y al momento, éste estalló saliendo de su interior una muñeca de goma del tamaño de una persona, que al liberarse de la presión en la que se hallaba, se hinchó como por obra de magia quedando de pie frente a él. Sus ojos parecían mirarle, sus labios parecían sonreírle preparados para besarle, su cuerpo exacto al de una mujer parecía provocarlo. Andrea se llevó las manos a la cara sin poder articular palabra alguna, asustada y nerviosa, sin saber qué había pasado con su equipaje. El vigilante pasaba la mirada de Andrea a la muñeca y de la muñeca a Andrea.

-Así que esta es su ropa.
-No...Bueno... Yo...
-¿A dónde viaja, señorita?
-Voy de boda a...
-Ah, sí, y esta es la novia, ¿no? ¿También lleva al novio en la maleta? – preguntaba el agente con ironía mientras Andrea no asimilaba lo ocurrido-. ¿Qué lleva dentro de la muñeca?
-¿Eh? No lo sé, esta maleta no es mía.
-¿Qué quiere decir con eso de que la maleta no es suya? Usted la llevaba ¿no es así?
-Así es, pero...
-¿La ha robado?
-No, yo no soy una ladrona.

Entonces Andrea desvió la mirada hacia el grupo de mujeres que esperaban a ser revisadas. Una de ellas esperaba un poco más apartada a que todo acabara para volverse a reunir con las demás. Se fijó en la maleta que sujetaba con la mano. Andrea gritó y salió corriendo.

-¡Mi maleta, esa es mi maleta!

Otro agente la siguió pensando que todo estaba preparado para traficar, Dios sabe qué.

Andrea cogió la maleta haciendo oídos sordos a las protestas de la señora que la portaba y buscó la etiqueta que colgaba del asa en la que había escrito su nombre y el lugar de su destino.

Una vez aclarado todo, se alejó con paso ligero hacia la puerta de embarque y sin volver la vista atrás por si surgía algún otro problema.


CAPÍTULO V

En su prisa por alejarse de allí tropezó con un joven que la miraba con una sonrisa irónica. “¡Se ve que le divirtió el espectáculo!” –pensó ella–. “¡Estúpido!”

Extenuada y nerviosa, se sentó cerca de la puerta por donde tenía que bajar al avión. Todavía no podía creer en el fregado en que se había visto metida. ¿Llevarían todas las mujeres juguetes eróticos en sus maletas? ¿Habrían pasado el control?

Pues sí. Al cabo de un rato el grupo llegó junto a Andrea. Las mujeres iban calladas y nerviosas, pero todas con sus equipajes.

-Sentimos el mal momento que has pasado con la maleta. Los agentes han pinchado la muñeca para ver si había algo adentro pero no han encontrado nada. Las demás no hemos tenido ningún problema. -Le contaba su nueva amiga guiñándole un ojo-. Je je, ¡por suerte!

Andrea la escuchaba sin dejar de pensar. “¿Qué llevarán además de los juguetes? ¡Es igual, ya se arreglarán! ¡Allá ellas!” No quería saber nada, no fuera que la volvieran a meter en otro lío. Aunque… Lo del paraíso fiscal…

Le dolía el estómago. Apoyó la espalda en el respaldo de la silla, la cabeza en la pared y cerró los ojos, pero sus manos no dejaron de sujetar con fuerza la maleta. Tenía que relajarse antes de subir al avión. Tenía pánico a volar, nerviosa como estaba podía darle un ataque de ansiedad…

De pronto, sintió un ruido. Pasos apresurados. Abrió los ojos y vio delante de ella al chico de la sonrisa irónica con una niña de la mano.

-Señorita, ¿puede vigilar un momento mi bolsa? La niña quiere ir al lavabo…

-Lo siento mi avión está a punto de salir. “Vaya a saber qué contiene la bolsa” -pensaba Andrea. ¡No se fiaba ni de su padre!

Se levantó y se dirigió a la puerta donde ya estaba la azafata a punto de abrir el paso.

La niña empezó a correr. Parecía inquieta. De pronto, tres hombres rodearon al joven y otro siguió a la niña. La cogió de la mano y empezó a hablarle bajito para tranquilizarla.

Andrea no sabía qué estaba ocurriendo pero temía que no era nada bueno.

Las chicas del grupo se reunieron con ella en la cola de la puerta, también estaban expectantes, se miraban unas a otras interrogándose con la mirada.

“¡Jesús, vaya viaje!” Cómo se arrepentía de haber aceptado la invitación de su amiga.


CAPÍTULO VI

Entre tanto barullo, se escucha una voz por megafonía: “ Viajeros con destino a Zurich diríjanse a su puerta de embarque”. Andrea dio un suspiro de alivio, al fin habían resuelto el problema y podría embarcar.

Andrea no podía apartar los ojos en la niña, cogida de la mano de un hombre que ignoraba el parentesco que les unía, ¡a saber quién era! Momentos antes, “protegida por el joven de sonrisa irónica”.

La niña era preciosa, de piel morena, ojos verdosos, pelo rizado, frágil como una muñeca de porcelana. Aparentemente tranquila, “protegida” ahora por otro hombre.

Todo transcurrió tan deprisa que era difícil asimilar nada. Lo que sí estaba claro, es que se trataba de una cuestión sospechosa. Tal vez un secuestro –pensó Andrea, dejando volar su pensamiento–, últimamente, ¡ocurrían tantas cosas! Secuestros de hijos de parejas separadas, secuestros para traficar con órganos… Andrea sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al imaginar tantos horrores, y por desgracia siempre los sufrían los más débiles.

Se dirigió a su puerta de embarque, se incorporó a la fila, una azafata joven, morena, recogido el pelo en una coleta, ataviada con una falda azul marino y una camisa blanca, supervisaba los billetes y pasaportes de los viajeros.

El avión despegaría en cuestión de minutos.

Subió al avión, caminó por el estrecho pasillo buscando su número de asiento. Al llegar comprobó que los asientos colindantes al suyo permanecían vacíos. Dejó su bolso en el portaequipajes, se sentó y se abrochó el cinturón a la espera del despegue.

Los viajeros más rezagados seguían incorporándose a sus asientos. Andrea echó un vistazo en derredor y vio el avión al completo, excepto los dos asientos colindantes al suyo. “Tal vez no los hayan vendido” –pensó–. En la puerta permanecía una azafata encargada de recibir y dar la bienvenida a los pasajeros. Aunque era la primera vez que viajaba en avión, dedujo que faltaban viajeros.

Transcurridos unos minutos, subía un señor con una niña, la niña que llevara de la mano el joven de sonrisa irónica, el que le pidió un favor y no quiso atender por miedo a perder el avión, y porque no se fiaba de nadie después de lo ocurrido con la maleta. Observó a la niña, se mostraba serena. “¿Qué parentesco tendrá esta niña con el joven de sonrisa irónica? ¿Y con el señor que la cuidaba?” – se preguntaba Andrea–.

Sintió un pellizco en el estómago al ver cómo se sentaban junto a ella. Serían sus compañeros de vuelo.

La puerta del avión se cerró, una azafata daba instrucciones de cómo usar la mascarilla y la puerta de emergencia en caso de un aterrizaje urgente. Una nueva aventura comenzaba.

Vaduz la esperaba, situada a orillas del Rin, una ciudad considerada paraíso fiscal muy importante. Tal vez –pensó Andrea–, el grupo de mujeres escondían en sus maletas algo más que una muñeca hinchable.


CAPITULO VII


Intentó disimular su malestar al ver a sus compañeros de viaje e, inclinando la cabeza sobre su asiento, cerró los ojos mientras se disponía a dar una cabezada. Aunque no consiguió su propósito, sí pudo evadirse un poco de todo cuanto en esos momentos le pasaba por su mente.

Levemente abrió los ojos y su mirada se encontró con la de la niña; parecía querer decirle algo pero ella no supo cómo interpretar aquella mirada.

-¿Cómo te llamas? –le preguntó, asustada por la reacción que pudiera tener el joven.
-¡Me llamo Paola! -dijo la niña casi sin mirarla.
-Yo, Andrea –contestó ella con una sonrisa.

La llegada de una azafata hizo que el joven desviara la mirada de la niña y se fijara en ella. Paola, esperando la ocasión y con un tanto de precaución, alargó la mano para intentar pasarle un pequeño papelito que introdujo en su bolsillo.

-¿Desean tomar algo los señores? -preguntó la azafata.

El joven pidió un refresco sin dejar de mirarla, parecía inquieto, nervioso.

-¡Ah! Y un agua para la niña, por favor -prosiguió el.
-¿La señora desea algo? –le preguntó la azafata.
-¡No, no, gracias!

El vuelo se hacía incómodo. Andrea y la niña querían comunicarse pero no sabían cómo hacerlo, era demasiado arriesgado.

Necesitaba un respiro y decidió ir al baño. Al incorporarse de su asiento notó que algo se caía al suelo; cogió la nota que Paola intentó colocar en su bolsillo. Apretó el papel en su mano, sacó el bolso del portaequipajes y, con disimulo, lo guardó dentro. Nerviosa, entró en el baño y cerró el pestillo, estaba ansiosa por saber lo que aquel mensaje decía. Se disponía a leerlo cuando desde fuera sintió cómo alguien golpeaba la puerta; la voz de un hombre interrumpió ese momento.

-¿Le pasa algo, señora? ¿Tardará mucho? -preguntaron desde fuera.
-¡No! Ya salgo. –dijo en dando una voz- “Pero si acabo de entrar”, pensó.

Al salir, sus miradas se cruzaron y ella, sin mediar palabra, se dirigió a su asiento.
Miró su reloj y se dijo a sí misma. “Ufff!!!!! Estamos a punto de aterrizar, espero que alguien este esperándome en el aeropuerto”, sin imaginar que su aventura no hacía más que empezar.

Como una ráfaga pasó por su memoria todo lo vivido desde que llegó al aeropuerto: el grupo de mujeres, el lío con su maleta y las de ellas. Volvió a preguntarse qué llevarían en su interior pero, ¿cómo averiguarlo? La niña… y ahora, el papelito que esta le pasó y que todavía no había podido leer. Apretó el bolso sobre su falda no se fuera a caer.

El avión aterrizó sin problemas, suavemente, y todos los pasajeros desembarcaron con rapidez.

El aeropuerto estaba colapsado por agentes de la policía. ¿Qué pasaba? ¿Se trataría solo de una manifestación de los trabajadores del recinto o sería algo relacionado con el contrabando?

Los coches con las luces acústicas indicaban que el control estaba relacionado con la llegada del vuelo en el que ella viajaba. La voz de alarma se extendió entre los pasajeros, sin saber qué es lo que pasaba, ni quién de los que iban a bordo del avión había pasado la información.

Todos esperaban para recoger sus equipajes que, curiosamente, tardaban en salir. ¿Pero qué estaba ocurriendo?...

Al otro lado de la sala el grupo de mujeres también esperaban sus maletas. Parecían nerviosas. Andrea se despidió de Paola con la mirada, esperando que todo aquello vivido fuese un mal sueño.


CAPÍTULO VIII

Cuando vieron aparecer por la cinta sus maletas las mujeres del grupo se apresuraron a cogerlas por miedo a perderlas como si de preciados tesoros se trataran.

“Bueno, pensó Andrea, la mía también lo es para mí” y, mientras la esperaba abstraída, cansada, deseando llegar a Vaduz, la chica joven con la que había hablado, y que era la encargada del grupo, acercándose a ella le preguntó:

-¿Sabes qué hay en las maletas?

-Pues no, ni me lo quiero imaginar (recordó la muñeca de goma y sintió que se sonrojaba…)

-Somos un pequeño grupo de teatro del cual yo soy la directora, en realidad soy la animadora sociocultural del ayuntamiento, y en las maletas va todo el vestuario y demás aderezos que necesitamos para nuestras representaciones, de ahí su intranquilidad hasta que las recuperen. Tú sabes bien lo que pasó con una maleta.

-Y tanto que lo sé, por favor no me lo recuerdes.

-Vamos a una pequeña aldea de Mauren hermanada con nuestro pueblo y por tal motivo llevamos con nosotras una sorpresa un poco misteriosa y un buen repertorio de obras para representar. ¿Ves la sra. de gafas grandes de sol y pañuelo atado a la cabeza? Es esa la sorpresa.

-Sí -contestó Andrea-, difícil no fijarse en ella parece que va camuflada y se ve muy interesada en pasar desapercibida.

-Así es, le pedimos que nos amadrinara y accedió encantada, incluso se comprometió a hacer un pequeño papel en una de nuestras obras, pero a cambio la debíamos de proteger y guardar su identidad. Nada menos que es Conchi Blasco, la actriz. No comentes nada, por favor. Me tengo que incorporar al grupo. Hasta pronto, porque quizás nos volvamos a encontrar. ¡Ha sido un placer!

-Lo mismo digo -contestó Andrea que se sentía desbordada por todos los acontecimientos que iban pasando y con un deseo grande de verse de nuevo en casa. “Si son un grupo de teatro, ¿cómo es que las oí que contaban lo de la especie de caravana de mujeres que iban a satisfacer los deseos a los mozos solteros y viudos de un pueblo de los Alpes, donde las mujeres escaseaban debido a la falta de trabajo y al clima de dicho pueblo? ¿Eso sería verdad o sería el guion de una película, cuya protagonista sería la gran actriz Conchi Blasco?”

En el momento de coger su maleta se fijó en Paola que, aunque ya se habían hecho una seña de despedida, la niña con las manos juntas y moviéndolas de un lado a otro parecía como si en ellas estuviera leyendo. Fue entonces cuando se acordó del papel que tenía en su bolso y que la cría le había dado. “Es hora de ver el mensaje escrito que tanta impaciencia le provoca a Paola”, pensó Andrea.

Alzó la vista antes de volverla hacia el papel y vio a la niña que no dejaba de hacer señas atosigándola para que lo leyera y le diera una contestación antes de separarse.

Andrea se sorprendió del mensaje que decía: “¿Quieres ser mi mamá? estoy cansada de viajar con mi papá y su secretario. Si encuentro una mamá seguro que esto cambiaría. Dime que sí ¡por favor!”

De pronto se preguntó en voz alta “¿A todos los viajeros les sucederá algo como lo que yo estoy pasando o sólo me sucede a mí?”

-¿Qué me dice jovencita? -le preguntó una señora mayor.
-Nada, nada disculpe, pero ¿sabe? yo no voy a una boda a Vaduz, yo estoy saltando de nube en nube en un cielo azul disfrutando de mi sueño, jajaja…

La viejecita no se enteró de nada, pero le sonrió.


CAPÍTULO IX

Andrea también sonreía por la ocurrencia de la pequeña. “Es lo más gracioso que me ha ocurrido hoy, ¡una niña desconocida buscándome novio! ¡Esto sí que tiene gracia!”

Paola no quitaba el ojo de ella y, cuando vio la simpática expresión de su cara, la interpretó como positiva. Entonces le tiró un beso con las dos manos, miró a su padre y aprovechando que este estaba distraído esperando el equipaje, salió corriendo y se abrazó a Andrea.

-Gracias, Andrea. Muchas gracias por aceptar mi propuesta.
-Niña, bonita, yo no he aceptado nada, cariño.
-Pero te ha gustado la idea, ¿a que sí?
-Me ha hecho gracia, eso es todo.

Paola le volvió a meter en el bolsillo otro papel doblado, justo en el momento que su padre gritaba mientras corría hacia ella:

-Paola, te he dicho mil veces que no te separes de mi lado. Hola, señorita.
-Hola, señor. Ha venido a despedirse de mí, es una niña muy cariñosa.
-Sí, es verdad, pero yo no gano para sustos y hoy ya llevo más de uno. Entre ella y los agentes de policía, tengo el estómago revuelto y los nervios de punta.

La niña miraba a su padre y a Andrea, sonriente y hablando muy rápido, dijo:

-Mi papá y yo vamos a la boda de mi padrino y me voy a poner un vestido largo muy bonito, como el de la novia, porque voy a llevar los anillos. Mi mamá no viene porque está muerta y el secretario de mi papá también va de viaje pero a otro lugar que yo no sé dónde es, pero hemos venido todos juntos desde casa.

-Calla, creatura, calla, que pareces una cotorra.
-No se preocupe, es solo una niña.
-Un torbellino, diría yo.
-Qué casualidad, yo también voy de boda. Siento mucho lo de tu mamá, Paola.

-Eso ya está superado, hace muchos años. Su madre murió cuando nació ella. Pues como le decía, al parecer esta mañana había movida policiaca y buscaban algo o a alguien importante, y parece ser que yo me parezco a ese alguien y han querido detenerme. Por suerte venía mi secretario con nosotros aunque él ha tomado otro vuelo, y yo llevo todos los papeles en regla y he podido justificar que soy una persona honrada.

-Sí, a mí también me han registrado la maleta y, entre eso y que es la primera vez que viajo en avión, estoy deseando de salir de aquí. Me asusta ver tanto movimiento, tanta gente, coches con las luces...

Al nombrar la maleta, Andrea miró inquieta a la cinta como buscándola sin darse cuenta que la tenía cogida de su mano. Con la interrupción de la niña y la conversación de su padre, se había olvidado por completo de que si estaba allí parada no era por su equipaje, sino porque había tanta gente que no podía pasar. Decidió esperar a que se desalojara el paso, y comprobó que en la cinta solo restaba la de sus compañeros de asiento, es decir, la de la niña y su padre. Ya no quedaba nadie, tan sólo ellos tres. Así que se despidió del joven y de su hija.

-Buen viaje, señor.
-Encantado de conocerla.

Paola se abrazó y le susurró al oído mientras le daba un beso:

-Llámame por teléfono.

Acto seguido se separaron y cada cual se fue por su camino. ¿Pero cuál era el camino de Andrea? Un pasillo a la derecha, otro pasillo a la izquierda... distraída en otras cosas que llamaron su atención, no se fijó por dónde se habían ido sus compañeros de viaje y de pronto se encontró en medio de un laberinto de pasillos y salidas, y sin nadie a quien preguntar. Empezó a dar vueltas de arriba abajo, de izquierda a derecha, hasta que por fin...


CAPÍTULO X


Sííí, ¡por fin Andrea ve la flecha luminosa que indicaba la salida! Respira aliviada arrastrando su maleta.

Mientras camina va pensando en lo que le espera todavía. Es miércoles y hasta el sábado no es la boda así que dedicará el resto del día para hacer turismo por Zurich y al día siguiente, temprano, cogerá el autobús hasta Vaduz donde la esperará su amiga.

Paró un taxi. Mientras se acomoda en el asiento de atrás, piensa:

-Qué ganas tengo de llegar al hotel. Me daré un baño, bajaré a comer y después… ¡Una buena una siesta! El resto de la tarde...

Cuando el taxista cierra la puerta, Andrea, con un buen inglés, le da la dirección del hotel.

El taxista es un hombre moreno y rechoncho. Parece amable. Se gira hacia ella y le pregunta con mal acento inglés:

-Mis, mind if I put music?

Andrea hace que no con la cabeza. El taxista conecta el C.D. y… entre palmas, suenan los compases de una sevillana de María del Monte. Andrea sonríe. Al hombre se le escapa bajito un ¡“ole, ole! Andrea, escapándosele la risa, le dice:

- Vaya, ¡usted es también español!
-Sé, zeñorita. De Córdoba y usté.?
-De Madrid.
-Ole que sí, vivan los Madriles, Córdoba y toa España!! Ayy, en cuanto la vide ya pensé “Esta presiosidá tiene que sé española”. ¡Mire usté que me alegrao el día! que aquí en esta ciudad no hay quien los entienda con esto de hablar alemán, inglés y toas esas cosas. ¿Cómo se llama? Yo, Manolo, pá servirla. ¿Qué viene de trabajo o turismo?
-Andrea, me llamo Andrea. Estoy de paso, mañana cogeré el autobús para Vaduz. ¡Voy a una boda!
-¡Qué bien, zeñorita! Ay, usté perdone tanto pregunteo, es que estoy mu contento. ¡Cuando se lo cuente a la parienta! ¡Qué ganitas que tenía yo de hablar español! Lástima que ya hemos llegao a su hotel. Aquí tiene mi tarjeta por si necesita mis servicios. Ya sabe, Manolo pa servirla.
-Muchas gracias, Manolo. La verdad es que ud. también me ha alegrado el día. Es agradable encontrarse con un paisano lejos de nuestro país.

Mientras le cobra la carrera, el taxista, le pregunta:

-¿Qué va hacer usté esta tarde, Andrea? Si quiere, le digo a mi mujer que le enseñe Zurich, hoy tiene fiesta. Se dedica al turismo y podría llevarla a ver cosas bonitas.
-No quisiera abusar de su amabilidad pero, si ella quiere, que me llame y quedamos. Este es mi número de teléfono. Adiós, Manolo, y muchas gracias.

En el coche siguen sonando las sevillanas de María del Monte.

Andrea pasa a recepción para identificarse y recoger la llave de la habitación cuando se da cuenta de que no lleva la maleta.

-¡Jesús!, ¡la maleta! ¡Con tanto parloteo se la llevó en el taxi!

Echa mano de la tarjeta para llamar al taxista por teléfono cuando ya ve llegar al pobre Manolo sofocado tirando de ella:

-Zeñorita Andrea, la maleta, que me la llevaba pa casa.
-Muchas gracias, Manolo, menos mal. Solo me faltaba perderla de nuevo.

Después de despedirse del taxista, sube en el ascensor, abre la habitación, deja la maleta en un lado, se quita los zapatos y … ¡por fin una cama!!

A la tarde llega Laura a recogerla.

Laura es la mujer de Manolo, una señora encantadora. Juntas pasean por la parte medieval de la ciudad, por sus oscuros callejones con sus edificios antiguos, sus plazas y numerosas iglesias. Después de tomar unas cervecitas, Laura la deja en el hotel. Andrea está rendida, pero por fin se siente feliz. Mañana, a las nueve, irá Manolo a recogerla para llevarla a la estación de autobuses.

¡Ha tenido suerte con encontrar a estas personas!


CAPÍTULO XI

No le había dado tiempo de sacar el vestido de la maleta, el que se pondría en la boda, antes de quedar con laura. Pensó que sería mejor hacerlo para que se le quitaran las posibles arrugas. Lo colgó en una percha y, antes de meterlo en el armario, se lo puso por delante para mirarse en el espejo. Era muy bonito, se lo había comprado en las rebajas pero a ella le quedaba tan bien que podría pasar por un vestido de fiesta adquirido en la mejor boutique.

Se desnudó, se puso su camisón y se metió en la cama. “¡Vaya día” -pensó de nuevo- “cuando lo cuente en mi casa, seguro que no se lo creen”.

De pronto se acordó de que Paola le había metido otro papelito en el bolsillo del pantalón. Se le había olvidado cogerlo, después del encuentro con Manolo y su mujer. Se levantó y lo sacó del bolsillo. Era un nº de teléfono escrito con números de niña, se notaba por los trazos. “Por Dios, esta niña me está creando otra preocupación” –se dijo. “Bueno, ahora voy a dormir, mañana veré qué hago, si la llamo o no”.

Apagó la luz y pronto se durmió, no sin antes imaginarse cogida del brazo del novio, como si ella fuera la novia…


CAPÍTULO XII

El sonido del despertador la despertó a las siete y media de la mañana. Dio un salto de la cama y miró con cara extrañada alrededor. ¡No sabía dónde estaba! Por unos segundos había olvidado todo lo que le ocurrió el día anterior. Sobre la mesita de noche vio una tarjeta, la del taxista, y un papel con un nº de teléfono escrito, el de Paola. Estos dos detalles le hicieron recordar.

Se vistió y bajó a desayunar. Tenía hambre, así que comió bastante. Cuando terminó volvió a subir a la habitación y empezó a recoger el equipaje ya que a las nueve la recogería Manolo, el taxista, para llevarla a coger el autobús. Colocó con mucho cuidado su vestido de boda en la maleta, y la cerró al mismo tiempo que deseaba que no se le volviera a perder ni le diera más disgustos.

De pronto, le suena su teléfono móvil. “¡Ay, qué susto! ¿Quién será?” Empieza a buscarlo en el bolso y no encuentra. Sigue sonando. Está allí perdido entre las miles de cosas que acostumbra a llevar “por si acaso”. Con los nervios, decide volcarlo sobre la cama. Coge el teléfono.

-Dígame.
-¿Andrea?
-Sí, soy yo. ¿Quién es?
-Soy Lisa.
-¿Lisa? Ay, sí, Isabelita. Perdona, no te había conocido por la voz. Como dijiste Lisa.
-Así me llamo en Alemania. Me cambié el nombre cuando me vine de España.
-Bueno, ¿qué ha pasado? ¿Por qué me llamas?
-Escucha, te llamo porque ha ocurrido una desgracia. Arturo celebró anoche su despedida de soltero y cuando volvía a casa tuvo un accidente.

Andrea se sentó sobre la cama pues sintió que las piernas se le aflojaban.

-¡Dios mío! ¿Pero qué le ha pasado?
-Fíjate que volvía caminando ya que había bebido bastante. Aquí en Alemania se bebe mucha cerveza y otras cosas.
-Entonces, ¿cómo ha tenido el accidente? ¿Lo han atropellado?
-No, no. Iba por la acera y a pocos metros de su casa tropezó con una alcantarilla, con tan mala suerte, que se estampó contra una farola. ¡El solo! Estuvo inconsciente tirado en el suelo hasta que lo encontraron los barrenderos a las seis de la mañana. Llamaron a la ambulancia y lo llevaron al hospital. Yo estoy aquí, en urgencias, llamándote.
-¿Y ya sabes qué tiene?
-Solo me han dicho que no es grave, que solo se ha roto la frente, la nariz y los dientes. ¡Ay, solo eso! ¡Qué desgracia! ¡Dos días antes de su boda!

Andrea no sabía qué decir. Las sorpresas vienen sin esperarlas, si no no serían sorpresas, claro. Pero ella ya estaba sin reflejos.

-¿Estás ahí, Andrea?
-Sí, sí, perdona, es que me he quedado sin palabras.
-Te entiendo. Imagínate cómo me he quedado yo cuando me han llamado. Aún no lo he visto, así que no puedo darte más información.
-¡Qué pena, mujer!
-¡Y qué desgracia! Enseguida me he acordado de ti y he pensado avisarte por si no quieres ya venir hasta aquí. Lógicamente la boda no se puede celebrar el sábado.
-Ya. Bueno, pues ahora mismo no sé qué hacer. Gracias por llamarme. Y ánimo, amiga.
-Gracias. Ya te contaré. Un beso.
-Un beso.

Andrea cortó la llamada y se quedó sentada en la cama como la que se acaba de despertar de un sueño. ¿Aquello era posible? ¿De verdad la había llamado su amiga? Poco a poco fue reaccionando y se fue convenciendo de que así es la vida. En un momento el destino te puede cambiar todos tus planes, sin que lo esperes, sin avisarte. Y no hay más remedio que conformarse y seguir adelante. Ahora tenía que tomar una decisión, cuando se subiera en el taxi ¿a dónde le decía a Manolo que la llevara, a la estación de autobuses o al aeropuerto?


ÚLTIMO CAPÍTULO

Después de contarle al taxista, entre sollozos, todo lo que le acababa de pasar, la mala noticia que su amiga le había dado por teléfono y el disgusto que tenía, optó por pedirle que la llevara al aeropuerto, pues ya solo deseaba volver a casa.

Manolo la consoló y, con gracia, le dijo:

-Mie usté, zeñorita. Usté es joven y no debe tomarse las cosas tan malamente. Recuerde el refrán, “a mal tiempo güena cara” o el que dice, “no hay mal que por bien no venga”.
-Nada bueno me ha ocurrido en este viaje, Manolo. Solo me divertí ayer por la tarde con su mujer, visitando la ciudad.
-Eso no lo diga. Cuando pase un poco de tiempo se dará usté cuenta.

El hombre puso el CD de las sevillanas que se ve que tanto le gustaba y esto hizo que una sonrisa se dibujara en el rostro de Andrea.

Tardaron media hora en llegar al aeropuerto. Se despidieron como dos compatriotas, deseándose lo mejor para ellos y sus familias. Él volvió a conducir su taxi por las calles de Zurich y ella se dirigió al interior del aeropuerto. Tenía que ir a comprar un billete para el primer vuelo que saliera para España.

Arrastraba la maleta con cansancio y desánimo. Buscó entre los carteles el de la ventanilla que vendía los pasajes y hacia ella se dirigía cuando sintió que una voz la llamaba:

-Andreaaaaaa.

Era una voz de niña.





FIN



Autoras: Conchi, Rosa, Sabela, Piedad, Roser y Kety.





13 comentarios:

Conchi dijo...

¡Se acabó!
No me matéis por ese final que he escrito jaja. ¿Os he sorprendido?

Bueno, lo he puesto todo seguido por si queréis copiarlo y guardarlo de recuerdo.

Un abrazo muy grande para todas. Ha sido un placer compartir este relato con vosotras!!!
Conchi

rosa mis vivencias dijo...

Buenas noches.
Conchi bronca, porque? tú siempre nos sorprendes; El final me ha gustado mucho, has sabido muy bien poner el broche de oro consiguiendo que el suspense quede entre paréntesis, para que nuestra imaginación valla más allá de este final.
El placer ha sido mio por considerarme una más, que bajo tu dirección ha sido posible que hayamos pasado este tiempo escribiendo y disfrutando cada uno de los capítulos de las amigas que han colaborado en esta andadura. La experiencia, como siempre maravillosa.
Gracias Conchi por darnos la oportunidad de seguir en este espacio que tan bien diriges y, que haces que nos sintamos orgullosas de ser una más de la PLAZA DE LA AMISTAD.

Abrazos.
Rosa.

Sabela dijo...

Jajaja... ¡yo si te mato! cuanto más entretenida estaba y metida en la historia... vas y pones fin jajaja.
¡Felicidades Conchi! realmente me encanta este final... y además queda abierto para una segundo parte...
Muchas gracias por dedicarnos tu tiempo eres algo muy especial y nunca sabré agradecértelo tanto como mereces.
Abrazos.

Sabela dijo...

Quise decir segunda parte. Esto me pasa por leer una vez publicado...
Abrazos.

Piedad dijo...

¡Maravilloso!

¡Buenas tardes!

Conchi, el final ha sido estupendo, porque como dice Sabela, queda abierto por si otro día queremos seguir con una segunda parte, y también podemos jugar con la imaginación... aunque a mí me gusta como lo has acabado.

Pero ¿qué os parece la idea que me acaba de pasar por la mente? ¿Y si continuamos jugando a ser escritoras y cada una de las participantes sigue el relato en el punto que lo dejamos, cada una en su primer capítulo y hacemos una nueva historia a partir de ahí? Como todas sabemos, hasta el final hemos estado intrigadas por ver qué iba a pasar, ya que de un principio se pensó en una carabana de mujeres, en tráfico de dinero, en secuestro... Pues que cada una ponga a circular su imaginación y nos aporte lo que en su momento pensó que iba a pasar.
Creo que sería divertido leer seis relatos diferentes con el mismo principio.

Conchi, eso es lo que acabo de pensar y así lo dejo caer, pero siempre contando con tu aprobación, que por algo eres la profe, jejeje.
Después de escribir te lo mandaríamos a ti y tú lo irías publicando poco a poco y nos encontraríamos con sorpresas diferentes, tal vez graciosas algunas... qué sé yo...

Tendremos que darle vida a la plaza y hacerla peatonal para que circule la gente y pasee con buenas vistas y lecturas, jejeje.

De momento os dejo un fuerte abrazo para todas junto con la propuesta.

Conchi dijo...

Buenas tardes. Mientras escucho las noticias del telediario os leo y digo, de verdad que tenemos que escribir o hacer algo para olvidarnos de este puñetero mundo donde vivimos. Ahora, la enfermera contagiada con el ébola. A ver qué pasa!!!

Piedad, me ha encantado tu idea. Yo digo que sí, que podemos hacer tu propuesta.
En cuanto tengáis vuestros relatos me los enviais y los vamos publicando.

Bueno, voy a descansar un poco y después seguiremos.

Muchas gracias a vosotras por estar siempre ahí!!!!

Conchi

rosa mis vivencias dijo...

Buenas noches.
Piedad me parece una buena propuesta la tuya, sera interesante ver las diferentes versiones, pero la mía quedara pendiente, no me veo capaz y creo que tampoco me podría concentrar para escribir, aunque creo que yo también tendría otra versión. Tal como a quedado esta me parece perfecta.

Mi nieto sigue con cólicos y con infección de orina y estamos un poco preocupados.

Roser, espero que hayas pasado un feliz día de tu Santo, hoy es la Virgen del Rosario.

Abrazos.
Rosa.

reser dijo...

Conchiii, fenomenal, me ha encantado este final. Cada uno que ponga imaginacion ¡que lo acabe como quiera je je.
Rosa, el día de ayer fue bonito, recibir muchas felicitaciones y eso siempre gusta, aunque a mi me da vergüenza porque yo casi nunca recuerdo los días de los santos y no sabéis lo que lo siento que se me pasen.
No sé que le pasa a mi teclas. Estoy escribiendo pero no sé si quedara publicado ya que no meja entrar a los blogs directamente.
A ver si consigo arreglarlo, sino tendre que pedir auxilio.
Abrazos.

reser dijo...

Ah Conchi,he guardado todo el relato , lo encuadernaré y ya tendré otro libro de la plaza.

reser dijo...

No se ha publicado... ¡Que descanséis!

Sabela dijo...

Rosa verás como todo va a ir bien, pero también es verdad que duele verlos malitos tan pequeniños.
Roser felicidades aunque sea con retraso, pero por supuesto con una sonrisa.
Piedad tu propuesta es estupenda.
Me apunto Conchi toma nota pero dame un poquito de tiempo.
Abrazos.

Conchi dijo...

Buenas noches
Roser, tus comentarios quedan publicados, no sé por qué tú no los ves. Eres un encanto, siempre guardas lo que escribimos!!!

Sabela, cuento con todas, tú incluida y más con esa sonrisa!!!

Rosa, espero que el niño esté mejor. Ya falta menos para que cumpla los tres meses.

Que pasemos todas un feliz fin de semana, que se nos presenta de tres días. A ver si la lluvia nos deja darnos un paseo.

Hace 26 años, a estas horas iba yo camino de la Cruz Roja esperando a mi hija. Ufff, cuánto hace ya!

Abrazos para todas.

loli dijo...

Esos trances no se nos olvidan por mucho tiempo que pase.
Hace varios días puse un comentario que se perdió, internet me falla bastante ultimamente.
Comentaba que si quisiste sorprendernos con el final del cuento conmigo lo conseguiste. No se lo que esperaba, lo que si sé es que no esperaba un final tan radical.
Me parece buena la propuesta de Piedad. Somos todas tan diferentes que sería curioso saber como, a partir de una base común, cada una de nosotros teje una nueva historia.De ahí puede salir un estudio psicológico individual.
Si se lleva a cabo ya direis si es para todas o solo pueden participar las que hicisteis la primera versión.
Os diré que estoy muy preocupada pero sobre todo muy indignada con todo esto del Ébola. Esperemos que lo puedan atajar.
Buen día del Pilar para todas.

"Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad" (Cora Weiss)

Etiquetas

2010 (1) Acentos y Tildes (1) Acrósticos (1) Al pan (24) Amazon (1) Amistad virtual (2) Anagramas (3) Año dos mil once (3) Aves (1) Cádiz (1) Canutos de papel (11) Carnaval (4) Carta de la Tierra (1) Catalán (10) Churros con chocolate (25) Cielos (2) Citas (1) Comidas (2) compadres y comadres (10) Confidencias (3) Conocer el entorno (3) Controlar la mente (1) Conversaciones (2) Costumbres y Fiestas (9) Cuentos (57) Cuentos versionados (16) Cumpleaños de las amigas (13) Curiosidades (1) Curiosidades matemáticas (5) Curso 2012-2013 (2) Curso 2013-2014 (1) Democracia real (3) Día de la Infancia (2) Día de la Inmaculada (1) Día de la Paz (2) Ébola (1) Educación (1) El tren de los sueños (17) Elecciones Parlamento Europeo 2014 (1) Encuentro en Zaragoza (1) Encuentros Enredados (3) Enero 2012 (1) Erasmus (2) Escritura colectiva creativa (1) Escuela tic 2.0 (1) Este pueblo tiene "Guasa" (1) estrellas (1) Experiencias (1) Explotación infantil (1) Facundo Cabral (3) Feliz año 2012 (2) Feliz año 2016 (2) Feria de manualidades (2) Flores (11) Frases (1) Frases palíndromas (2) Gabriel García Márquez (1) Gallego (6) Gatos (9) Gloria Fuertes (1) Graduación (1) Granada (1) Greguerías (3) Haikus (8) Haití (1) Historia de la ropa (1) Horario semanal ESO (1) Huelva (1) Información (7) JABÓN (7) Juan Goytisolo (1) Juego (9) Juegos tradicionales (28) Juguetes No sexistas- No violentos (1) La Calderón (2) Lengua (10) Lenguaje natural (19) León-Lugo (1) Libro de Piedad (4) Libros (3) Literatura (5) Lolitas (muñequitas) (1) Macramé (18) Mandalas (10) Mandalas creados (7) Mandalas naturales (11) Manualidades (4) Marcha Mundial por la Paz (4) Marcos Ana (poeta) (1) Mi cumpleaños (11) Muñequitas (1) Navidad 2009 (1) Navidad 2013 (1) Navidad 2015 (1) Nietos (4) No entiendo nada. (7) Novedades (1) Nubes (1) Nuestros libros (3) Opinión (3) Otras lenguas (1) Palabras encadenadas (1) pan... (1) Para Publicar (2) Paseos por Córdoba (2) Piedad (1) Pinturas (2) Poema colectivo (2) Poemas (56) Poemas de Santa Teresa (1) Premio Arco Iris (Daniel) (1) Profesiones antiguas (1) Proyectos (12) Quién es quién (5) Recetas de cocina (18) Recuerdos (3) Reflexiones (76) Regalos (3) Regalos recibidos (1) Relato compartido (52) Relatos breves. (3) Restauración (5) Sabías que... (8) Saludos (1) Serrat (1) Tableta Interlink (1) Teatro (20) Testimonio (trasplante de corazón) (1) Todas unidas (1) Tonterías (2) Trabajos de grupo (1) Trabalenguas (1) Trabalenguas en inglés. (1) Veo (31) Versiones infantiles (cuentos) (6) Viaje virtual (35) Viajes (13) Vídeos (4) Volando voy... (2) ya (1) Zentangle Art (1)

Cumpleaños de las Amigas de La Plaza

1 de enero: Susana

18 de enero: Conchi

22 de enero: Rosa

26 de enero: Tomi

20 de febrero: Sabela

2 de marzo: Loli

22 de marzo: Chus

24 de marzo: Blanca

14 de junio: Roser

15 de julio: Gloria

19 de agosto: Piedad

5 de octubre: Margarita

18 de diciembre: Driada