
Érase una vez un ratoncito que se llamaba Benjamín por ser el más pequeño de todos sus hermanos, era totalmente blanco y por ello, se reían de él todos los animalitos que vivían en el bosque, ya que los ratones de campo suelen ser marrones.
Estaba cansado de que todos les hicieran bromas por el color de su pelo hasta que un día decidió marcharse porque sentía que nadie le quería. Así que empezó a caminar por el campo hasta que agotado se quedó dormido bajo un árbol.
A la mañana siguiente cuando el sol le despertó tenia muchísima hambre pues no se había llevado nada de comida para el viaje, entonces divisó a los lejos una granja y pensó:
-¡Que bien, allí de seguro que hay cosas que comer!Así que se encaminó hacia la casa y cuando llegó estaba cansadito, cansadito, pues ya sabéis que los ratoncitos tienen las patitas muy cortas y les cuesta andar largas distancias.
La granja era muy grande y había muchos animales: gallinas, cerdos, caballos y vacas. Cuando se iba acercando a la casa se encontró con una gallina que le preguntó:
-Ca, ca, ca, Ratoncito ¿qué haces aquí?
-Hola - dijo el ratoncito- Me llamo Benjamín y me he escapado de casa porque todos se ríen de mí y no me quieren.
-¡No te quieren! - dijo la gallina
-No -dijo Benjamín- se ríen de mi color y dicen que soy raro... mi pelito es blanco y mis hermanos lo tienen marrón.
-Pero... - dijo la gallina- mis pollitos son de distintos colores y nadie se ríe de ellos.
-¿Me podrías dar algo de comer?- dijo Benjamín
- Tengo mucha hambre.
-Tengo granitos de maíz, me los da la hija del dueño de la casa. ¡Es muy buena, sabes!

Así que Benjamín cogió un granito de maíz y se lo comió, luego cogió otro, y otro hasta que se le quitó toda el hambre.Una vez que ya no le dolía la tripita de hambre pensó echar un vistazo por la granja para ver que tal vivían allí todos aquellos nuevos amigos que había encontrado.
Decidió pasear y se encontró a unos cerditos muy juguetones que lo saludaron con alegría, también a una vaca tranquilota que le ofreció una enorme sonrisa, a un caballo que le guiñó un ojo, a una señora pata con sus patitos que iba demasiado apresurada para poder decirle nada... Y todos decían igual ¡¡La niña de las trenzas era muy buena con ellos !!Entonces Benjamín decidió quedarse en aquella granja ya que se sentía bien rodeado de todos.
El día que conoció a Isabel (que así se llamaba la niña), se quedó sorprendido... Tenia el pelo rojo... ¡Jamás había visito a ningún humano con ese color de pelo!
-Ella me tiene que comprender... ¡¡También es rara como yo !! - dijo el ratoncito.
Era cierto, cuando Isabel vio al ratoncito, lo cogió en sus manos y lo acarició.
En un principio Benjamín tenía miedo, ya que su mamá le había dicho que los humanos eran muy malos, pero luego vio que la niña le acariciaba y se sintió cómodo.
Nunca se separaron jamás, porque desde entonces dormía junto a la cama de Isabel encima de una silla que la niña colocó para que no sintiera miedo en la noche.
Y descubrió que puede haber gente y animalitos diferentes y no por ello ser nada raros...
Jerusalem, 08-08-08
10 comentarios:
Jerusalem, me encanta tu cuento. Los personajes, animales, son los típicos de los cuentos, los que les gusta a los niños más pequeños. Pero además, nos transmites el mensaje de la tolerancia y el respeto a las diferencias. Muy bueno.
Espero que no te moleste que en la foto no pusiera una vaca grandota ni a los otros animales de la granja, pero ¡no los tenía!, jaja.
Un abrazo y gracias.
Conchi
Amiga, has hecho una historia tremendamente bella, tanto en si misma como en el trasfondo.
Todo resulta encantador, hasta "las diferencias"
Un abrazo, amiga
Decirte que es un cuento de los de siempre, de esos que yo leia de niña, me ha gustado muchisimo. Bicos.
Un cuento muy bonito, en élmuestras el valor de la igualdad, y eso es algo que tenemos que enseñar a los pequeños.
Un beso.
Por muchas historias que se les cuente a los niños sobre la tolerancia a la desigualdad nunca serán pocas. Uno de mis cuentos preferidos para contar a mis niños es el patito feo.
Te pido permiso Jerusalem , para poderles contar el tuyo.
Muy bien, hay que decirle a nuestros/as niños/as que existe todo un mundo animal al que hay que conocer, relatándolo como tu lo haces... ¡les invitas a curiosear en el mundo real!.
Me encantó como tratas el tema de las diferencias... ¡Felicidades!
Tu cuento me ha recordado El Patito Feo, pero está muy bien la versión que has hecho con el ratón.
Admiro tanta imaginación. Felicidades
A los niños les gustará.
Felicitaciones por tu cuento Jerusalem, y por el transfondo de igualdad, un abrazo
Muchas gracias a todo@s, me animais a que pueda escribir más. Jamás había pensado que podria hacer un cuento.
Muchas gracias de verdad
Driada, tienes el permiso concedido para contarlo, solamente lo he escrito ahora es de tod@s.
besotes
Jeru, vaya... no tengo el pelo rojo... pero me he sentido como ese rantoncillo muchas veces....
Qué bonita historia. Tal vez deberías escribir más ¿no crees?
Un beso. lindo cuento
Natacha.
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