
No quería volver a salir a la calle. La abuela le obligaba a sacar la silla de enea a la puerta… ellas hablaban de sus cosas y se aburría.
- ¡Niña! Saca la silla- Todos los días la misma cantinela.
Aurora se hacía la remolona. Se lavaba la cara, las manos…
-¡Aurora! ¡Quieres venir! Estamos ya fuera. Mira que brisa hace hoy. El árbol se mueve. Las hojas se mecen con fuerza…
Y allí estaba otra vez Aurora, aburrida. Escuchando los cotilleos de su abuela y todas las vecinas… Mientras hacían ganchillo, bordaban servilletas o la señora Antonia, que siempre, siempre hacía flores en punto de cruz. Con las gafas a media nariz. Que ya le habían hecho una marca sobre el hueso, imborrable.
Aurora se perdía en sus pensamientos, desconectando de aquellas conversaciones aburridas… Si tuviese alguna amiga… Alguien de mi edad… Si me dejaran ir a correr a la plaza…
En una de esas tórridas tardes de aquel verano, salió como siempre, sin sospechar que algo iba a ocurrir que lo cambiaría todo…
Al rato de estar allí fuera, algo pequeño y gris se acercaba a toda velocidad desde el tronco del gran árbol de la plaza…. A escasos cien metros de donde se hallaban sentadas…
A medida que aquella bolita gris avanzaba, una de las mujeres lo divisó… Un agudo chillido alertó a las demás, que, como movidas por un resorte, giraron la cabeza hacia el pequeño ratoncillo que se aproximaba más y más….
- ¡Niña! Saca la silla- Todos los días la misma cantinela.
Aurora se hacía la remolona. Se lavaba la cara, las manos…
-¡Aurora! ¡Quieres venir! Estamos ya fuera. Mira que brisa hace hoy. El árbol se mueve. Las hojas se mecen con fuerza…
Y allí estaba otra vez Aurora, aburrida. Escuchando los cotilleos de su abuela y todas las vecinas… Mientras hacían ganchillo, bordaban servilletas o la señora Antonia, que siempre, siempre hacía flores en punto de cruz. Con las gafas a media nariz. Que ya le habían hecho una marca sobre el hueso, imborrable.
Aurora se perdía en sus pensamientos, desconectando de aquellas conversaciones aburridas… Si tuviese alguna amiga… Alguien de mi edad… Si me dejaran ir a correr a la plaza…
En una de esas tórridas tardes de aquel verano, salió como siempre, sin sospechar que algo iba a ocurrir que lo cambiaría todo…
Al rato de estar allí fuera, algo pequeño y gris se acercaba a toda velocidad desde el tronco del gran árbol de la plaza…. A escasos cien metros de donde se hallaban sentadas…
A medida que aquella bolita gris avanzaba, una de las mujeres lo divisó… Un agudo chillido alertó a las demás, que, como movidas por un resorte, giraron la cabeza hacia el pequeño ratoncillo que se aproximaba más y más….

De un increíble salto felino, las ancianas se montaron sobre sus sillas, sin soltar las labores de sus manos.
Aurora no podía creer lo que veían sus ojos. Divertida miraba aquellas invencibles mujeres, que todo lo sabían… aterrorizadas por un bellísimo ratoncito que la miraba desde la arena, pegado a su pie…
Agachada, en cuclillas, le habló:
- ¿Quien eres?
- Un ser poderoso, como ves.
- ¿Poderoso?
- Sí. ¿Acaso no ves lo que puedo hacer con los adultos?
- Ella miró a las abuelas. Con los ojos muy abiertos. Horrorizadas con la escena.
- ¿Puedo cogerte?
- Sí. Sé que no me harás daño.
Aurora lo tomó con cariño en su mano y acarició su suave cabecita.
-¿Serás mi amigo?
- Claro. Vivo en el árbol. Siempre que estés aburrida. Guíñame un ojo y vendré.
Aurora nunca más se aburrió. Su abuela conocía su poder de llamar al ratón y ya no le obligaba a sentarse cada noche. Sino que permitió que corriese a jugar por la plaza con otros niños y con Arturo… su ratón.
Natacha, 06-08-08
14 comentarios:
Linda historia, tiene su toque de humor, su clima infantil y un hecho trascendente para el personaje contado en pocas palabras. Me gusta la historia y la tecnica.
Natacha, ya te dije que tu cuento me gustó mucho. Me recordó a un entremés de los Álvarez Quintero, jaja. No sé si te gustará la foto, pero no encontré a ninguna abuela para que se subiera encima!
Un abrazo.
Conchi
Natacha, ¡que alegria verte por aqui! Me has hecho recordar aquellos tiempos en que, de niño, en el verano, las gentes sencillas salian con sus sillas a las puertas de las casas a tomar el fresco...
Todos los vecinos chismorreando y los nenes jugando y alborotando.
Bella historia, amiga. Me encanto.
Un fuerte abrazo
Me ha encantado y me he reido muchisimo además de traerme gratos recuerdos de tiempos pasados. Bicos.
Un cuento muy simpático y además me ha hecho recordar los viejos tiempos cuando mis mayores salían a la puerta a tomar el fresco.
besos.
Me gustó y me hizo reir (algo difícil en estos tiempos). Fuera de Murallas, aquí en Lugo, también existían esos corrillos nocturnos, mi madre se quedó viuda muy joven y al no participar ella a mi tampoco me dejaba bajar, si quería tenía que participar desde "la ventana"...
Abrazos.
Muy divertida, seguro que los niños reiran cuando la escuchen. Asustar a los mayores ¡ un sueño que muchos peques les gustaria alcanzar!
Me parece que la petición se repite. ¡Podré leerselo a mis peques?
Bueno Natacha,continuo con la sonrisa,sabia que al seguir leyendo permaneceria,jaj.
Muy bonito,reflejadas aquellas situaciones que ya hace muchisimo no se ven y que me hacen recordar muy buenos momentos.
Felicidades.
Muy bueno el cuento y preciosa la comparación del "salto felino" de las abuelas. Eso sí, yo me lo he imaginado hacia atrás...
Natacha, un bonito cuento, Felicitaciones!! y un abrazo
Es ciero, a mí tambien me recordó a ese entremés que dice Conchi, y que hace mucho que leí.
Pero Eres genial Natacha, como has sabido sacarle partido a ese sentido del humor
Me gustó muchisimo
Besotes
Parece increible que una cosa tan pequeña pueda movilizar a seres humanos que "parece que nos comemos el mundo" y ante ese bichillo no somos nada.
Me ha gustado la historia.
Felicidades
Gracias a todos... Tengo que reconocer que la señora de la silla es mi abuela. Siempre la recuerdo sentada al fresco, a la puerta de su casa... para mí era extraordinaria esa reunión diaria. Yo siempre he vivido en una gran ciudad y aquello me parecía de otro mundo....
la señora Antonia... también existió... hace muchos, muchos años.
Me alegro que os gustara.
Un beso a todos. Ahora tengo la tarea de visitar a los que no conozco que sois casi todos...
Natacha.
Que recuerdos lo de las sillas a las puertas de las casas al atardecer en verano, es curioso el fin de semana pasado, estando en Campaspero, volví a ver esa imagen y me llamó la atención...
Precioso Nata, como todo lo que esribes siempre, muchos besos.
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