miércoles, 29 de octubre de 2014

ANDREA Y LA BODA (por Conchi)



Andrea llegó al aeropuerto a las cinco y media de la madrugada, el avión partiría a las seis cuarenta y cinco y siempre decían que era aconsejable estar allí un par de horas antes.
A pesar de ser tan temprano había bastante gente; unos estaban tumbados en los bancos, otros en el suelo, algunos paseaban y los más previsores empezaban a ponerse en fila ante la ventanilla correspondiente para ocupar los primeros lugares en las colas.

Andrea comprobó una vez más que llevaba el billete en su bolso y también miró la hora de salida del avión, luego buscó con la mirada el gran reloj que había en la pared y sincronizó el suyo, el que llevaba en la muñeca izquierda. Un reloj que nunca se ponía ya que lo guardaba para las grandes ocasiones, pero aquella lo era, por eso lo sacó del joyerito que tenía sobre la coqueta de su dormitorio y se lo puso en la muñeca. Tenía miedo de perderlo ya que era un recuerdo de su madre, pero aún así decidió cogerlo y llevarlo a aquel viaje.

Apenas durmió esa noche. Había preparado la maleta con cuidado de que no se le olvidara nada: el traje que se pondría en la boda, un par de mudas, un pijama, la bolsa de aseo con el cepillo de dientes, el peine, un botecito con champú, el lápiz de ojos, el lápiz de labios y unas pinzas de depilar (siempre las llevaba, por si acaso). También llevaba un camisón para dormir, unas zapatillas y unos zapatos de tacón. “¿Qué me falta?”, pensaba, “seguro que algo se me queda atrás.”
La maleta y el bolso que colgaba de su hombro era el único equipaje de Andrea. No necesitaba más. La habían invitado a aquella boda y ella no sabía muy bien por qué había aceptado. ¡No le gustaban las bodas y tampoco los aviones!

Era la primera vez que viajaría en avión así que era la primera vez que andaba por aquel aeropuerto. “¿Dónde estarán los servicios?”, se dijo, “aunque no tengo muchas ganas iré antes de embarcar”. A lo lejos vio el cartelito que indicaba este lugar y hacia él se dirigió. Tenía tiempo antes de ponerse en la cola que se iba formando en su puerta de embarque. Cuando entró se encontró con tres puertas: mujeres, hombres y minusválidos. Ella se fue a la de mujeres, la abrió y se encontró con un pasillo en el que había cinco puertas a la derecha y una fila de lavabos y espejos a la izquierda. Todas estaban cerradas, lo que quería decir que los aseos estaban ocupados y debía esperar. A los pocos segundos se abrió la segunda puerta y salió una chica joven, Andrea la saludó con una sonrisa y se dispuso a entrar con su maleta, pero el espacio era tan pequeño que no cabían las dos, así que tuvo que optar por dejar la maleta fuera. Cerró la puerta pero no le echó el pestillo pues le daba miedo se fuera a quedar atascado y no pudiera salir, así que con la mano sujetaría la puerta por si se la abrían. Aún no se había bajado el pantalón cuando escuchó muchas voces de mujeres que entraban al pasillo del servicio. Era un grupo que iba de excursión y hacían lo mismo que ella, hacer sus necesidades antes de subir al avión.

Andrea no creía en el destino ni en las casualidades, pero aquel día algo pasaría en su vida que le haría plantearse si sería verdad que el destino existía. Una de las mujeres que iba en el grupo de la excursión llevaba una maleta exactamente igual a la de Andrea. Del mismo color, del mismo tamaño y quizás fue comprada el mismo año en el mismo centro comercial. La cuestión fue que aquella mujer también soltó su maleta en el pasillo para poder entrar a uno de los aseos, lo mismo que hicieron todas las demás. Como el espacio era reducido se empujaban unas a otras para mirarse en los espejos, lavarse las manos en los lavabos y pasar a hacer sus necesidades. También las maletas eran empujadas de un lado a otro. Por eso, cuando Andrea abrió la puerta, una señora casi la estampa contra el lavabo apartándola para entrar ella. Andrea decidió no pararse ni a lavarse las manos ni a mirarse en el espejo para ver qué aspecto llevaba, quiso salir de allí a toda prisa. Buscó su maleta, la cogió y casi corriendo se dirigió a su puerta de embarque. Una vez allí deseó que aquel grupo de mujeres no fueran en su mismo vuelo ni se dirigieran al mismo destino.
Sin duda aquel no era sería su día de suerte, pues el grupo de mujeres se colocó en la misma fila de ella. Hablaban sin parar, reían y empujaban, posiblemente sin pensar que estaban molestando a las demás personas.

A Andrea no le gustaban los sitios con mucha gente y menos si formaban mucho barullo, así que se sentía cada vez más nerviosa e incómoda.
Delante de ella iba una señora mayor, bien vestida, y con el cabello canoso. Parecía tranquila y relajada, como si aquel jaleo no le molestara en absoluto. En su rostro se dibujaba una apacible sonrisa y su mirada era amable y tolerante. Con elegancia se volvió, miró a Andrea y le dijo: “¡Qué pesado es esto, ¿verdad? Es lo que menos me gusta de volar, tener que esperar tanto para pasar hasta el avión”.
Andrea le sonrió educadamente y solo contestó: “tiene usted razón, esta espera es desesperante”.
Las de detrás empujaron más de lo debido haciendo que los de delante se cayeran unos sobre otros, aunque nadie llegó a tocar el suelo.

Ni la señora mayor ni Andrea se dieron cuenta que sus maletas eran exactamente iguales. Con el empujón se habían desplazado de sus posiciones y cuando recuperaron el equilibrio, cogieron sus equipajes, pero una vez más los equivocaron.

Pasada media hora, todos los pasajeros se encontraban ya entrando al avión. Después de pasar la puerta de embarque todo fue rapidísimo.
El grupo de chicas de los aseos, las que empujaban en la cola, también viajarían en el mismo avión, algo que incomodaba a Andrea pues no le gustaban las personas que llamaban tanto la atención.
Ella, curiosamente, iba sentada justo detrás de la amable señora que la precedía mientras esperaba en la fila. Esta mujer, de vez en cuando, la miraba y le sonreía, algo que no es frecuente.
Las azafatas indicaron que todos los pasajeros se sentaran y se abrocharan los cinturones pues el vuelo iba a comenzar en pocos minutos.

Andrea estaba casi temblando, sentían miedo. Sin pensárselo sacó una pastilla de su bolso, se la metió en la boca y se la tragó sin agua y casi sin saliva. Se la habían dado en la farmacia por si se mareaba durante el vuelo, pero ella no iba a esperar a comprobarlo. El miedo le hizo decidirse sin pensarlo dos veces.
Lo que no sabía Andrea es que la chica de la farmacia se equivocó y le dio unos somníferos, hecho que, por otra parte, a ella le vino fenomenal pues antes de que el avión despegara ya estaba dormida como un tronco.
La señora que iba sentada delante de ella volvía la cabeza para regalarle una sonrisa y tranquilizarla pero como iba con los ojos cerrados pues se volvía hacia adelante y ya está.

El vuelo duró justo una hora y cinco minutos. El avión aterrizó suavemente, los pasajeros se levantaban rápidos para bajar y Andrea seguía dormida, allí en su asiento de la última fila y con la cabeza apoyada en la ventanilla. Ni un ojo había abierto durante el viaje y por supuesto, no había podido contemplar el paisaje.
La señora del pelo canoso le tocó el hombro y le dedicó una sonrisa.
-¿Qué pasa?- preguntó Andrea.
La mujer le señaló hacia la ventanilla. Al otro lado se podía ver a la gente bajando por la escalerilla. El avión estaba en tierra.
Un poco sonámbula, Andrea se levantó, cogió su bolso y siguió a la señora.

Ya en tierra, todos se dirigieron al edificio para pasar a recoger sus equipajes. Andrea se sentía mal, tenía náuseas y veía raro, como si viese doble. La gente hablaba y hablaba pero ello no distinguía ninguna conversación, solo un gran murmullo que, por cierto, le molestaba bastante.
Pasados unos diez minutos empezaron a aparecer las maletas en la cinta giratoria. La cabeza de Andrea también daba vueltas, pero lo más terrible es que no podía descubrir su maleta: ¡todas eran iguales!

La gente seguía hablando mientras cogían una maleta y se alejaban y ella seguía allí delante de la cinta giratoria sin saber cuál coger. Levantó la vista y vio al otro lado a la señora del pelo canoso, que una vez más le sonrió y le hizo un gesto con la mano como de despedida. Ella también levantó su mano y le dijo adiós, al mismo tiempo que se preguntaba si aquella mujer sería muda pues nunca le había dicho ni una palabra.

Como una autómata, y siguiendo los movimientos de las demás personas, Andrea cogió aquella maleta que se había detenido un momento delante de ella, sin pensar si era la suya o no. ¡Pero cómo iba a saberlo si todas eran iguales!
Se dirigió a la salida siguiendo al grupo que iba delante. Se sentía fatal. Tenía la cabeza totalmente embotada y los ojos le pesaban quintales. Tenía náuseas pero no quería pararse más, deseaba salir a la calle y sentir el aire fresco. Miró su reloj y le pareció tardísimo, pero no fue consciente de la hora que era.

Al llegar al exterior se encontró con una fila de coches todos iguales. “¡Qué raro!”, pensó. “Todos son iguales”. Al pasar al lado del primero de la fila, un señor le abrió la puerta trasera y la invitó a subir. Ella estaba tan cansada que no se lo pensó, entró y se sentó mientras el caballero metía su equipaje en el maletero del coche.
-“¿A dónde vamos, señorita”? –le preguntó el hombre con amabilidad.
¡Uf! Andrea no se acordaba de la dirección del hotel donde se alojaría. Abrió su bolso, sacó un sobre y sacó un folio que alargó al conductor.
-“Muy bien. El hotel Central. No está muy lejos” –comentó él.
Andrea apoyó la cabeza en el asiento y cerró los ojos. Todavía sentía mucho sueño. Cuando llegara al hotel se acostaría y seguiría durmiendo.
Pasados diez minutos el taxi paró, el conductor se bajó, sacó la maleta del maletero, la dejó en la acera y le abrió la puerta.
-“Ya hemos llegado, señorita. Son siete euros”.
Andrea no entendía nada, pero como estaba tan sonámbula no preguntó, sacó su monedero del bolso y le dio el dinero a aquel hombre tan raro. Luego, cogió su maleta y entró en el hotel.
Su habitación era la 213 y se encontraba en la segunda planta, justo al lado del ascensor. Abrió la puerta, pasó un momento al cuarto de baño, se quitó los zapatos y sin desvestirse se metió en la cama. Necesita dormir. Tenía muchísimo sueño.

Aquel somnífero, unido a la emoción por el viaje y el miedo al avión, hizo tanto efecto en Andrea que la tuvo durmiendo más de veinte horas seguidas. No escuchó el teléfono móvil aunque le sonó más de cinco veces, tampoco escuchó el del hotel, ni el timbre, ni los golpes que las empleadas dieron en su puerta. Al entrar, había echado la llave, y se había acostado. No había pensado en nada ni en nadie.
Se despertó, miró su reloj y vio que marcaba las ocho y diez minutos. No sabía si era por la mañana o por la noche. Se levantó y vio que tenía puesta la misma ropa con la que había salido de su casa. Le dolía mucho la cabeza. Se dirigió al cuarto de baño, hizo pipí y luego fue al lavabo. Se miró en el espejo y comprobó que tenía muy mala cara, estaba pálida y con grandes ojeras. Se lavó con agua fría y se sintió mejor, pero se dio cuenta que tenía hambre, mucha hambre.

Volvió a la habitación y se sentó en la cama. Intentó recordar lo que había pasado durante las últimas horas y vio que le costaba, que todo estaba embarullado en su mente. Ella había ido en avión a una boda, eso sí lo recordaba. Cogió su bolso y buscó la invitación. Su amiga se la había por correo y luego la había llamado por teléfono. “Espero que vengas”, le había dicho, casi imponiéndoselo. Y allí estaba ella, con un aspecto que daba pena.
Tenía que ir a comer algo pues el hambre la producía dolor de estómago. Antes decidió abrir la maleta y sacar el traje que había llevado para asistir a la ceremonia.
Cogió la maleta y la puso sobre la cama. Pesaba mucho, ¡qué raro! Como una autómata y sin preguntarse nada, cogió unas llavecitas que colgaban al lado de un pequeño candado y lo empezó a abrir. ¿Pero su maleta llevaba candado? Ella no recordaba ese detalle. ¿Y cómo se había dejado las llaves colgando fuera? No entendía nada y tampoco recordaba nada.
Giró la llave y sacó el candado, luego levantó los pasadores, corrió la cremallera y abrió la tapa. Al ver lo que había en su interior, sus ojos se abrieron tanto como si fueran platos. Su rostro palideció pasando  del amarillo al blanco. Sintió que un frío helado le subía de los pies hasta la cabeza y en dos segundos cayó redonda al suelo.

-“Andrea, Andrea, ¿cómo te encuentras, hija?”.
Era la voz de su madre.

Conchi



12 comentarios:

Conchi dijo...

Buenas noches, amigas. Os dejo mi trabajo. Me pareció buena idea la de Piedad y como mi capítulo fue el primero he sguido escribiendo a partir de él. Es lo que se me ha ocurrido pues la verdad es que ya no me acuerdo de qué había pensado cuando escribí aquel fragmento.
Ya me diréis qué os parece, jeje.

Como dice Piedad, esperábamos leer más versiones. Sabela y Loli dijeron que escribirían algo. Hace días que no pasan por aquí, así que imagino que estarán también ocupadas.

Yo ahora estoy haciendo unas pequeñas manualidades con una pasta fría. Posiblemente se regalen en la boda. Sabía que al final me pringaría en algo.

Os dejo un fuerte abrazo a todas.
Conchi

rosa mis vivencias dijo...

Buenas noches.
Conchi, me ha encantado leer tu versión del relato y me ha gustado mucho, parece mentira la imaginación de cada una y el giro que puede dar cualquier historia verdad?

Estoy deseando ver esas manualidades que estas haciendo, esas manos tuyas seguro que hacen maravillas, como siempre y, a los destinatarios les encantan. Eres ÚNICA!!!!!

Mi nieto esta un poco más tranquilo, por lo menos llora menos, aunque sigue durmiendo muy poco, el lunes le vuelven ha repetir la analítica y, esperamos que esta vez la infección de negativo.

Abrazos.
Rosa.

Piedad dijo...

¡Buenas noches!

Conchi, yo digo como Rosa, me encanta tu versión y además has dejado hilos por si después te apetece seguir y llegar hasta la boda, jejeje.

Bueno, tú ya la tienes cerca ...

A ver si Sabela y Loli aportan sus versiones.

Feliz fin de semana para todas.

loli dijo...

hola chicas.Estupendos los dos relatos; yo empecé el mio tres veces. La última conseguí terminarlo sin que se interrumpiera la conexión a internet-lo que me pasó las dos veces anteriores, con la diferencia que ésta se me cortó sin llegar a terminar ninguno de los dos - y en el tercero, cuando ya creí que lo había conseguido justo al ir a correo para enviártelo lo volví a perder.Me enfadé tanto que lo dejé, pero me sabía mal porque me gustaba como me había quedado, y al cabo de unos días se me ocurriÓ ir a Historial por ver si lo recuperaba, pero como ni recordaba el día que lo terminé, ni la hora, y para colmo creo que ni siquiera le llegué a poner el titulo, no conseguí encontrarlo,así que me rendí definitivamente.
Con las manos que tienes Conchi es difícil que no te responsabilizaran de algo, seguro que quedarán súper bien y que pasado el día espero poderlo ver aquí o en "sueños".
Aunque parece que faltan muchos días se te pasarán volando porque seguro que la faena se te acumula y no darás hecho. Deseo y espero que todo salga bien.
Abrazos para todas.

reser dijo...

Hola amigas! Conchi, me ha encantado tu versión de Andrea. No sabes como admiro vuestra inspiración. Se va acercando la boda... Veo que ya estas trabajando en los obsequios, seguro que sera puro arte. Ya nos lo enseñaras ¡ARTISTA!
Loli, el sr, bloguer no juegas muy malas pasadas, yo también estado dos días sin internet. Animo con tu versión del relato, espero leerlo pronto,
Rosa me alegro que Roc este mejor. Ayer, cuando nos vimos, se me pasó preguntarte por él.
Buenas noches, que paséis una feliz semana.
Abrazos.
Roser

rosa mis vivencias dijo...

Buenas noches.
Que tal habéis pasado el día de la castañada, espero que bien.

Espero que todas esteis bien, mi nieto esta igual, tiene ratos de todo, sigue llorando y durmiendo muy poco.

Abrazos.
Rosa.

Conchi dijo...

Buenas noches. Rosa, yo hoy me he comido una castaña, jeje, y estaba buena!
Hemos tenido día de fiesta, así que no hemos trabajado en el cole, lo hemos hecho en la casa.
Ha cambiado el tiempo un montón, bajada de temperaturas y mucho viento. Pero ya es lo propio.
Ya mismo cumplirá tu nieto los tres meses y seguro que llora menos, además ya se entretendrá jugando. Lo de dormir es otra cosa, pues si es de poco dormir...

Lo de los obsequios no creais que me están saliendo maravillas, qué va. No tengo ni idea de modelar, y en eso me he metido, jaja. Al menos estoy probando y aprendiendo, si luego no les gusta a los novios pues se tira y ya está, lo único que se pierde es mi tiempo. Pero en ves de sentarme a ver la televisión hago estas cosillas.

Os dejo un fuerte abrazo a todas.
Conchi

Conchi dijo...

Veo que cuando abro los comentarios sin acceder yo al blog, me dice que escriba una palabra, o números de verificación, como que no soy un robot. Cuando accedo, desaparece. Ya me lo dijo Piedad, pero aquel día no me pasó a mí, pero sí me ha ocurrido hoy. No sé por qué pasa esto pues yo no he cambiado absolutamente nada. Me he ido a configuración y no está puesto lo de la verificación de la palabra, así que lo habrá decidido blogger.
¿Os pasa en vuestros blogs?

A ver cómo quitamos eso.

Gloria dijo...

Hola chicas. Que tal? Yo un poco bien ;) Quedo maravillada de vuestra imaginación. No he leído todo el relato, pero promete.
Rosa, que tienes al nieto malito? El mio está con vómitos, por lo visto es una pasa, la mayoría de los crios de la guardería estan igual.
Me despido y os dejo un gran a brazo.
Gloria

Piedad dijo...

¡Buenos y lluviosos días!

Conchi, a mí ya no me pasa lo de las letras, pero he estado unos días que no podía comentar y yo lo hacía entrando directamente en el blog y me pasaba en todos.
Yo pensé que sería cosa de Blogger porque como lo cambian todo... Esto de Internet a mí me vuelven loca, jejeje Yo lo comparo como los supermercados cuando cambian las cosas de puesto, empezamos a dar vueltas y al final acabamos mareados, pero así lo vemos todo... los que ven, claro está, jajaja.

Abrazos para todas.
Gloria, me ha gustado mucho verte por aquí después de tanto tiempo de no coincidir... .

reser dijo...

Hola, amigas. Conchi, por aquí también ha cambiado el tiempo, hemos pasado de verano a casi invierno. Así están los cuerpos!
Eres muy humilde, Conchi, seguro que estas creando cosas preciosas, aunque no hayas modelado nunca pronto le coges el truquillo. Tu puedes con todo lo que te propones.
Gloria, me alegra verte por la plaza. Asómate más a menudo chica. Espero que tu nieto se ponga pronto bien.
Piedad, a mi también me pasó lo de las letras pero se me ha ido solo...De momento
Hace días que no veo a Sabela por aquí ¿sabéis algo de ella?
Rosa, abrazos para ti y para todassss.
Roser

reser dijo...

Hola, chicas. Ya estamos en casa. ¿Que donde estábamos? En el hospital todo el día. Han operado a mi hijo de un quiste sacro.Todo ha ido bien y ya estamos en casa, ahora a curarse a diario al ambulatorio.
Aquí parece que ha llegado el invierno, el cambio de tiempo ha sido brutal.
Abrazos para todas.
Roser

"Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad" (Cora Weiss)

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