sábado, 25 de febrero de 2012

Cuento nº 7

EL PAÍS DE LAS MARIPOSAS

Había una vez un país muy pequeñito, muy pequeñito. Era tan pequeño que sólo tenía un pueblo rodeado de un campo y una montaña con un castillo.

En el pueblo vivían unas cincuenta familias. Cada familia se alojaba en una casa. Las casas eran pequeñas pero muy bonitas. Cada una estaba pintada de un color diferente y todas estaban colocadas una al lado de la otra formando calles circulares en torno a una plaza central. La plaza era redonda y tenía muchos bancos colocados alrededor de ella, así se podía divisar todo el centro desde cualquier banco donde uno se sentara. Normalmente eran los abuelos los que se iban allí para charlar y tomar el sol. En el centro de la plaza había una fuente rodeada de un hermoso jardín con multitud de rosas de diferentes colores. Nada más entrar a la plaza se notaba un fantástico olor a rosas.

En el pueblo vivían cincuenta abuelos, cincuenta abuelas, cincuenta padres, cincuenta madres, cincuenta niños y cincuenta niñas. Había cincuenta casas, cincuenta perros, cincuenta gatos, cincuenta cerdos y cincuenta caballos.

Fuera del pueblo había un pequeño bosque formado por cincuenta pinos, cincuenta encinas y cincuenta eucaliptus. En este bosque vivían cincuenta palomas, cincuenta lagartijas, cincuenta gorriones, y cincuenta ardillas. También había un huerto con cincuenta surcos, cada uno lo cuidaba una familia y en él se sembraban diferentes productos: tomates, pimientos, patatas, cebollas, ajos, habas, judías verdes, lechugas, etc

En todas las calles había árboles frutales: naranjos, limoneros, perales, granados, manzanos, ciruelos y cerezos. Todos daban riquísimas frutas para que los habitantes del pueblo pudieran comerlas. En total había cincuenta árboles, ni uno más ni uno menos.

En la escuela había cincuenta sillas azules y cincuenta sillas rojas. También había cincuenta pupitres azules y cincuenta pupitres rojos. Había dos clases y en cada una había la mitad de los pupitres y la mitad de las sillas. En el aula de la derecha había un maestro y en el de la izquierda, una maestra, aunque a veces se cambiaban para dar las clases.

Los habitantes de este pueblo eran muy felices y siempre estaban contentos. Todos los días hacían las mismas cosas: los niños y las niñas iban al colegio para leer y escribir; los padres y las madres hacían la comida, limpiaban la casa y trabajaban en el huerto, o en la tienda de ropa, o en la tienda de comestibles, o en la peluquería, o en la farmacia, o en la panadería, o en la papelería; los abuelos y las abuelas acompañaban a sus nietos y a sus nietas al colegio y después se iban a la plaza para charlar y para tomar el sol, además de hacer pequeños trabajos manuales para entretenerse. Estos trabajos eran bonitos y útiles pues hacían cuerdas, punzones, bolsos, mantelerías, servilletas, colchas, cojines, etc

¿Sabéis una cosa? En este pueblo no había ni coches, ni autobuses, ni motos, ni bicicletas, pues como era tan pequeño todos podían ir andando a cualquier sitio. Así que el aire que respiraban era muy limpio, ya que no había contaminación por los humos que salen de los tubos de escape de los vehículos.

Desde el pueblo hasta la montaña había un campo todo verde lleno de bonitas flores silvestres: margaritas, amapolas, violetas, jaras, lavanda, dientes de león, cardos y tréboles. Pero lo más llamativo de este campo eran los lilos, unos arbustos que, cuando florecían, atraían a las mariposas. Algunas veces había tantas mariposas posadas en ellos que no dejaban ver las flores. ¡Parecía que ellas eran las flores del arbusto!

Nunca nadie había subido a la montaña ni había visitado el castillo que había arriba, ni las personas mayores, ni las más jóvenes, y mucho menos, los niños ni las niñas. Veían la montaña desde el campo, o desde el bosque, pero nunca sintieron el deseo de ir andando hasta ella. Miraban el castillo pero nunca se preguntaron quién viviría en él. Todos los habitantes del pueblo estaban acostumbrados a que estuvieran allí y ya está.

Así pasaban los días, los meses y los años. Pero ocurrió que en una de las familias nació una niña que haría que todo cambiara en aquel pueblo. La niña era muy bonita, tenía el pelo muy negro y los ojos de un color nunca visto pues a veces eran verdes y otras veces eran azules. La niña, que se llamaba Lucía, crecía pero, para sorpresa de sus padres, nunca lloraba ni se reía, ni siquiera hablaba. “¡Qué rara es esta niña!”, decía el padre, “no se parece a su hermano”. “¡No digas eso!”, decía la madre, aunque ella pensaba lo mismo.

Algunas veces los padres se llevaban a los hijos al campo para que aprendieran a trabajar en el huerto. Un día, el padre de Lucía la llevó con él para recoger los tomates, pues aunque pensaba que era rara le gustaba tenerla a su lado. Llegaron al huerto y él le explicó lo que iban a hacer, la niña no decía nada, solo estaba a su lado. De pronto, alargó una de sus manos y tocó un tomate; al sentir el tacto del fruto la expresión de su cara cambió. Poco a poco se fue alejando del padre tocando todas las plantas del huerto. Él no se dio cuenta ya que estaba muy atareado.

Al cabo de un rato, Lucía se encontraba lejos de su padre, justo al final del huerto, al lado del campo donde estaban los lilos. Una mariposa aleteó al lado de su cara y le hizo cosquillas, lo que la hizo estornudar. Aquello le gustó y siguió a la mariposa. Muy pronto estaba en medio de los arbustos y las mariposas se acercaban a ella y se posaban en su cabeza, en sus brazos y en su cuerpo. La niña no se movía para no asustarlas, aunque no sabía muy bien qué eran. De pronto, todas las mariposas empezaron a aletear sus alas y, como por arte de magia, levantaron a la niña por el aire llevándola por encima del campo hacia la montaña. Ella seguía sin hablar ni una sola palabra, solo se dejó llevar y, sin darse cuenta de lo que había ocurrido, se encontró dentro del castillo.

Cuando el padre se dio cuenta de que la niña no estaba a su lado, empezó a llamarla como loco: “Lucía, Lucíaaa”. Él pensaba que la niña nunca se alejaría, que era muy buena y obediente, así que si no estaba en el huerto es porque algo le había pasado. Salió corriendo y, después de recorrer todo el huerto, fue hasta el bosque y luego volvió al pueblo para avisar a su madre y a todos los vecinos y vecinas para que le ayudaran a buscarla.

La noticia corrió como la pólvora. “Lucía, la niña, ha desparecido”, se decían, y empezaban a correr mirando por todos los rincones, detrás de los árboles, dentro de las papeleras, debajo de las sillas y de las mesas, debajo de las camas, etc. Pero nada, parecía que la tierra se la había tragado. El padre y la madre, llorando, la seguían llamando a voces: “Lucíaaaaa, Lucíaaaaa”, pero ellos sabían que la niña no iba a responderles ya que nunca había emitido ni una palabra desde que nació.

Llegaron al campo de las flores y, al pasar entre los lilos, se dieron cuenta que no había ni una mariposa. ¡Qué raro! Los arbustos, en aquella época, siempre estaban llenos de mariposas. De pronto, sin saber cómo ni por qué, la madre de la niña miró hacia la montaña y señaló el castillo. “Vamos a subir hasta allí”, le dijo a su marido. Él no sabía qué responder, se había quedado paralizado. Nunca nadie había subido la montaña ni había llegado hasta el castillo. “Venga, vamos”, repitió la mujer, “tenemos que ver si nuestra niña está allí”. Alguien la cogió de la mano y empezó a andar a su lado, era el abuelo más viejo del pueblo. Él la acompañaría. Poco a poco todos fueron tras de ellos y se encaminaron hacia el castillo.

Cuando llegaron, la puerta estaba abierta así que entraron sin llamar. Cruzaron el gran patio central, notando que estaba totalmente vacío. Había un gran silencio y ellos andaban sigilosamente para no hacer ningún ruido. Al final, resultó que todos se animaron a seguir a la madre de Lucía y al abuelo, así que todo el pueblo se encontraba en aquellos momentos dentro del castillo.

Recorrieron pasillos y corredores, salas y salones, y en ningún sitio encontraron señales de que alguien viviera allí. Subieron uno a uno los peldaños de la gran escalera de caracol que había en medio de uno de los salones y llegaron a la almena más alta. Allí había una pequeña sala con una cama dorada y, sobre ella, yacía una hermosa niña con un pelo tan rubio y brillante como los rayos del sol. La habitación estaba llena de mariposas, revoloteando unas y otras posadas en la cama o sobre el cuerpo de la niña. De pie, al lado de la cabecera, estaba Lucía.

La madre iba a llamarla pero sintió que el abuelo le tapaba la boca indicándole que esperara. Lucía alargó sus manos y fue tocando la cama, lentamente, hasta que topó con la cabeza de la niña del pelo rubio. Sus dedos acariciaron sus cabellos, sus ojos, la nariz, la boca; poco a poco fue bajando tocando el cuello, el pecho, hasta que topó con las manos, que la niña rubia tenía cruzadas sobre el vientre. Lucía posó sus manos sobre las de la niña y las apretó. Estaban muy frías, así que Lucía las frotó para calentarlas.

Poco a poco las manos de la niña del cabello rubio fueron calentándose y, también, poco a poco, su pecho fue moviéndose ya que había empezado a respirar. A los pocos minutos, la niña del cabello rubio abrió los ojos y lo primero que vio fue el rostro de Lucía y su brillante pelo negro. La niña del cabello rubio se incorporó, se sentó en la cama, y cogió las manos de Lucía mirando fijamente sus ojos de color azul-verdoso.

“Hola”, le dijo. “Te estaba esperando.” Lucía la miraba fijamente pero no decía nada.

“Llevo muchos años tumbada en esta cama, esperando a que alguien con un corazón muy grande y puro viniera a despertarme. Has sido tú, así que desde hoy serás para mí como una hermana.” Lucía acarició el rostro de la niña del pelo rubio y notó que sus ojos estaban húmedos por las lágrimas. “Hace años”, siguió hablando la niña del pelo rubio, “mis padres, mis hermanos y yo vivíamos aquí, en este castillo, pero una maldición cayó sobre nosotros y la tristeza se apoderó de nuestros corazones. Poco a poco, todos fueron cayendo en un sueño eterno. Mi madre fue la última pero, antes de cerrar sus ojos para siempre, me dijo que mi sueño no sería eterno, que yo debería devolver la alegría a nuestra tierra, solo tenía que tener paciencia y esperar a que alguien con unos ojos limpios me despertara. Y esa has sido tú.”

La madre de Lucía, su padre, el abuelo y los habitantes del pueblo estaban allí, en la habitación, escuchando todo. Sus ojos y sus oídos no daban crédito de lo que estaba pasando pero seguían inmóviles, sin hacer el mínimo ruido. Entonces oyeron una dulce voz que no era la de la niña del pelo rubio. ¿Quién más había en la habitación? ¿De quién era aquella voz tan melodiosa?

“Debes de ser muy guapa porque tienes un pelo muy suave. Yo no puedo verte, mis ojos no me sirven para ver, pero mis manos me dicen que eres hermosa.”

“Es la voz de Lucía”, se dijo la madre a sí misma, “mi niña está hablando”. ¡Gracias, Dios mío!

“Desde hoy yo seré tus ojos”, dijo la niña del pelo rubio, “y tú serás mi corazón”. Las dos niñas se abrazaron y todas las mariposas empezaron a revolotear llenas de alegría. Salieron por las puertas y las ventanas cubriendo el cielo y el campo con sus bellos colores.

La madre de Lucía empezó a llorar y entonces la niña del pelo rubio se volvió hacia ella diciéndole: “Tu hija me ha salvado y yo siempre os lo agradeceré. Vosotros también lleváis muchos años aletargados, sobreviviendo, pero a partir de hoy podréis vivir la vida de otra manera. A partir de hoy todos viviremos en libertad. Este castillo tendrá las puertas abiertas para que todos podáis entrar y salir cuando queráis.”

Y fue cierto, a partir de aquel día todo cambió en aquel pueblo. Los padres de Lucía y su hermano se fueron a vivir con ella y con la niña del pelo rubio al castillo y, desde allí arriba, veían cómo los campos, los huertos, los pueblos y los bosques se iban haciendo cada vez más grandes. Ya no había un solo pueblo, ni un solo huerto, ni un solo bosque, había muchos y todos estaban cubiertos por alegres mariposas que velaban por que sus gentes fueran felices.



20 comentarios:

Conchi dijo...

¡Buenas tardes!
Traigo el cuento nº 7 para que os entretengáis leyéndolo este fin de semana. Este cuento es poquito más largo, bueno, ya veis que la longitud es lo de menos, lo que importa es que el autor o autora haya disfrutado escribiendo y los niños (o nosotros) disfrutemos con el cuento.
Este quizás sea para niños comprendidos entre los seis y los siete años, ¿no? También me ha parecido que podría servir para una sesión de cuenta-cuentos para que los niños participen enumerando cosas. ¿Qué opináis?

Buenooo, no sé si estáis de fin de semana viajando o paseando ya que hace buen tiempo, se nos fueron los fríos. Yo tengo puente pues el martes (día 28) es el día de Andalucía, así que aprovecharé para hacer cosas que tengo pendientes (a ver si tengo ganas!!!)

Un abrazo grande
Conchi

Piedad, el chocolatito de esta mañana me sentó de maravilla. Gracias!

Conchi dijo...

Susanaaaaa, estabas dejando tu comentario en la anterior entrada mientras yo estaba preparando esta. Gracias por tus palabras, amiga. Seguro que un día nos tomaremos un choclate juntas, ¡de verdad!
Y esperamos que todo se te solucione pronto.

Margarita, no te escribo ni te llamo por no molestarte, pero si pasas por aquí que sepas que pensamos en ti a diario. Y que espero que estés leyendo los cuentos para que nos des tu opinión en cuanto puedas!!!

Un abrazo para Susana y Margarita.
Conchi

Blanca dijo...

Hola amigas,
¡Cuánto cuento tenemos en esta plaza!je,je...
Esta historia también es muy bonita,me han gustado mucho las enumeraciones.'Enhorabuena al autor/a!!!
¡Disfrutad del buen tiempo, buen fin de semana!
Bss

Anónimo dijo...

Es un cuento muy "ecológico"y sí, yo como Conchi, creo que es para niños un poquito más mayores.
Hizo una mañana preciosa y sin perder de vista al niño, aproveché para cortar las hojas secas de las plantas y barrer algo de hojarasca que el viento de anteayer depositó
por los rincones.
Espero Margarita que te vayas recuperando y no seas muy crítica con nuestros cuentos. Y a tí Conchi, que descanses y disfrutes de este puente, y si no puedes hacer nada, no lo hagas.
A todas buen finde. Loli

La Calderón dijo...

Holaaaaa.
En ralidad, me he quedado aletargada con lo atrapante de éste cuento, lo he leído muy lentamente, pues me daba la sensación de estar viviendo en el lugar,de ser parte de lo que allí estaba sucediendo, me he sentado en la plaza con mis hilos y mi ganchillo, he disfrutado del perfumede de las flores, he saboreado el exquisito gusto de los tomates recién cortados, y he vivido las emociones de sus pobladores cuando sucedió el milagro.
Realmente, hasta he sentido un perfume de chocolate humeando en las tacitas de los niños en la escuela, sentados en sus bonitos bancos pintados.
Este cuento tiene mucha imágen y es de los que penetran ¡¡Me ha encantado!! Sois todas unas eximias escritoras....Ya no se si me animaré...Pero bueno, aquí estoy disfrutando de vuestra imaginación.
Si Loli ha estado barriendo hojarasca, parece que estuviese aquí, que pronto ha de venir el otoño.
Muchos cariños para Margarita y una pronta recuperación.
Un gran abrazo para todas, no las nombro para no olvidarme de ninguna.
Susana.......

P. D: Conchi, estarás satisfecha con tus alumnas ¿verdad?

Sabela dijo...

¡Buenas noches! Conchi espero que no va en serio lo de dejar de publicar los cuentos, totalmente prohibido, todos están siendo magníficos, además hay muchas "Glorias Fuertes" en el anonimato y hay que sacarlas a la luz.
Os deseo un buen fin de semana, sobretodo a los del sur pues tienen un buen puente.
Margarita todo bien ¿verdad?.
Abrazos.

Piedad dijo...

¡Buenas noches!

¡Qué maravilla de país! el país de las mariposas... yo le llamaría el país de las maravillas... ¡Yo quiero vivir en un país así! ¡Sería magnífico!

También pienso como tú, Conchi, que este cuento sería... quiero decir que es para niños de 7 a 8 años.Las demás no sé, pero yo estoy disfrutando como una niña, jajaja.

¡Qué bien, Conchi, que tengas fiesta, así podrás aprovechar, pero no te canses mucho...
Margarita, sin todavía no puedes teclear nos tomamos un chocolate mientras leemos estos estupendos cuentos...

Abrazos para todas.

Piedad dijo...

Sabelaaa, que te piso... ¡Estábamos escribiendo las dos a la vez!
Un abrazo.

rosa mis vivencias dijo...

¡Buenas noches!
Creo que la persona que escribió este cuento tiene mucha imaginación, contar las cantidades de todas las cosas me ha parecido muy curioso, menos mal que como todo cuento ha tenido un final emocionante, opino como vosotras este cuento lo veo para niños un poco más creciditos, por ejemplo para Juan.
Mis felicitaciones a su autora/or.

Conchi, que disfrutes de este merecido puente y,piensa que lo que no hagas, ya se hará!!!, reposa y cuídate.

Margarita, deseo que todo te valla muy bien, ya ves que tienes un buen repertorio de cuentos para que le cuentes a Joel y a tú futuro nieto/a, cuídate.

Os deseo a todas un buen fin de semana.

Abrazos.
Rosa.

reser dijo...

Buenas noches. Hoy voy muy tarde, pero no quería dejar pasar otro día sin pasar por la plaza. Ayer estuve pachucha y y no pude entrar. Acabo de llegar de ver la rua de carnaval que ha sido muy bonita y animada.
Conchi, ¡que cuento más bonito! de verdad es que me ha gustado muchísimo. Felicidades a su autor/ra que imaginación tiene!.
Margarita, ¿te vas recuperando? cuídate.
Bueno que tengáis felices fiestas las del sur.
Abrazos para todas.
Roser

Marimer dijo...

Buenos dias, ahora que estoy solita he abierto el cacharro para dar una pasadita.
Enhorabuena a la autora, me encantado este cuento, yo tambien digo que me gustaría vivir en ese pueblecito, que dicen que está aletargado, pero que maravilla de letargo, sin prisas, sin coches, ordenado.... Yo no lo he preguntado pero me gustaria sabeer si los puedo descargar, segduro que los contaré a mi niño mas pronto que tarde.
Margarita, espero que sigas recuperándote super bien y los peques Alex y Joel seguro que ya corretean por las casas.
Hoy que tengo "libre" este es mi puente el domingo, voy a hacer cosas que no puedo en el resto de la semana, ya me gustaría.
Besitos a todas, gracias Piedad el chocolatito me engorda pero esta de rico....!!!

ISABEL TEJERA CARRETERO dijo...

Hola Conchi.
Hola a todas.
Acabo de "aplastarme en el sillón" Me he metido a fondo en el jardín, febrero se acaba y casi se me pasa la fecha de la poda de rosales. Y antes de que me quede dormida por el cansancio quería ver como va este rinconcito de escritoras... ¡¡y ahora cuentos!! menuda producción la vuestra.

Un abrazo

reser dijo...

Conchi, como más leo este cuento más me gusta, ¿quien sera la o el autor. ¡Esta tan bien escrito! Me los he leído todos otra vez intentando adivinar de quien es cada uno, pero la verdad es que no hay manera saberlo.
Piedad, una tacita de chocolate de este tuyo tan rico y QUE NO ENGORDA!!
Sabela, supongo que ya estas llegando a Lugo.
Espero que hayáis pasado un buen fin de semana, tu Conchi aprovecha el día de fiesta que tienes extra.
Buenas noches. Abrazos para toda la plaza.
Roser

rosa mis vivencias dijo...

¡Buenas noches!
Roser estoy de acuerdo contigo, creo que todos están muy bien, el nivel es muy alto.

Piedad, otra taza de chocolate porfa!!!.

Espero que hayáis pasado un buen fin de semana, las que seguís de fiesta disfrutar mucho.

Abrazos.
Rosa.

Piedad dijo...

¡Buenas noches!

Aquí estoy con el chocolate y los churrros calentitos...

Yo también estoy de acuerdo con todas vosotras. Creo que podríamos publicar un libro de cuentos bien bonitos por cierto, y con las ganancias podríamos hacer un viaje,jajaja... que por cierto, ya no se ha hablado más de nuestro encuentro. ¿Cómo teneis los ánimos para ello? Tendríamos que ir pensando en la fecha y cómo hacerlo.
Yo sigo en el chiringuito, así que os escucho vuestras sugerencias.

Abrazos para todas sin dejar a nadie...

Sabela dijo...

Casi hace 24 horas que Piedad sirvió el chocolate, pero como todo es virtual tan real me apunto a tomar uno y por supuesto con churros.
Es buena idea esa de hacer un libro con todos los cuentos...
¿Qué tal el puente Conchi? y ¿la garganta?. ¿Cómo vamos Margarita? seguro que bien, con la fuerza que tú tienes no es para menos.
No sé si alguien más está malito..., Juan ya fue hoy al cole gracias a Dios y me dijeron que estuvo bien, por teléfono lo oí contento.
Se me cambió la presentación de los comentarios a ¿vosotras también?, esperemos que no traiga complicaciones.
Roser a la hora que escribiste el comentario, la que aparece en él, ya estábamos en Lugo y ahora, dios mediante, hasta el viernes por la tarde.
Abrazos.

(voy a copiar no sea que con tantos cambios...)

Piedad dijo...

Holaaa, ¿Qué pasa hoy por la plaza?
Se me ha cuajado el chocolate, los churros están más chuchurríos que una flor en agua caliente y yo más aburrida...¡Y aquí no viene gente!

Me parece que Blogger ha cambiado algo en los blogs, aunque no sé decir el qué es pero veo algo raro, jajaja. ¿Habeis notado algo, o es mi teclas?

Abrazos.

reser dijo...

Buenas noches!!
Conchi a cuento con lo que dice Piedad del encuentro, me he acordado que en un correo tu me preguntaste en que fechas estaría de vacaciones, creo que no te conteste, se me fue de la cabeza. Del 23 al al 30 de abril, si Dios quiere y no pasa nada. Vamos a Mallorca. ¿Vive alguien de la plaza en esta ciudad?.
Margarita, ¿como sigues? doy por hecho que vas bien.
Sabela, has cambiado la foto, es chula!.
Abrazos para toda.
Roser

reser dijo...

Ehiii ya decía yo que no estaba como siempre

reser dijo...

Ehiii ya decía yo que no estaba como siempre

"Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad" (Cora Weiss)

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