Viajando en el tren…
8
El grupo de muchachos con las bandurrias y guitarras entraron al vagón y, desde el pasillo, mirando al andén, se despedían cantando:
Adiós con el corazón,
que con el alma no puedo.
Al despedirme de ti
de sentimiento me muero.
Tú serás el bien de mi vida,
tú serás el bien de mi alma,
tú serás el pájaro pinto
que alegre canta por la mañana.
Al amanecer se marcha el tren,
se va mi amor, yo me voy con él.
Unas mujeres les decían adiós con las manos y con amplias sonrisas en sus rostros, ya que veían a sus hijos marchar contentos. Aún recordaban cuando de pequeños tenían que ir a coger el tren de madrugada para ir al instituto con el fin de poder continuar sus estudios. Las calles del pueblo eran muy estrechas y estaba oscuro; a ellos les daba miedo caminar solos hasta la estación así que les permitían a sus madres que los acompañaran pero con la condición de que no dijesen nada y de que se volviesen antes de llegar a la estación para que no las viesen sus compañeros. Ellos entraban solos presumiendo de ser muy valientes mientras las madres, cada una desde su particular esquina, volvían a sus casas.
Los años habían pasado y los hijos seguían cogiendo el tren pero ya no iban a estudiar al instituto sino a la universidad. Unos serían ingenieros, otros médicos, otros arquitectos… cada uno estaba haciendo posible su sueño con el orgullo de sus familias. Pero lo curioso es que seguían siendo amigos y, como no querían perder aquella amistad, habían formado una tuna y aprovechaban los viajen en el tren para ir ensayando.
Cuando terminaron la canción los jóvenes músicos irrumpieron en el vagón donde viajaba la familia Martínez Vallejo con alegres carcajadas. Cortando la conversación de Andrés y Vicente se dirigieron a ellos con respeto.
-Perdón, señor, disculpen, señoras. ¿Dan ustedes su permiso a esta humilde rondalla para cantarle a la guapa señorita?
Todos asintieron sonrientes y los niños, emocionados porque nunca habían visto a una tuna, aplaudían y se movían inquietos en sus asientos.
-Perdón, señor, disculpen, señoras. ¿Dan ustedes su permiso a esta humilde rondalla para cantarle a la guapa señorita?
Todos asintieron sonrientes y los niños, emocionados porque nunca habían visto a una tuna, aplaudían y se movían inquietos en sus asientos.
Mocita dame el clavel,
Dame el clavel de tu boca,
Que pá eso no hay que tener
Mucha vergüenza ni poca.
Yo te daré el cascabel,
Te lo prometo mocita,
Si tú me das esa miel
Que llevas en la boquita.
Clavelitos, clavelitos,
Clavelitos de mi corazón.
Hoy te traigo clavelitos
Colorados igual que un fresón.
Si algún día clavelitos
No lograra poderte traer,
No te creas que ya no te quiero,
Es que no te los pude traer.
Este vagón era el primero y ellos iban cantando una canción en cada uno de los que componían el tren hasta llegar al último. Como la parada en la estación era larga casi les daba tiempo de completar su repertorio y pasar el platillo, recogiendo así unas pesetas para sus gastos semanales, antes de que el tren cogiera velocidad.
En cada vagón se les unían los niños que viajaban haciéndose el grupo cada vez más grande, tanto que al llegar al final no era de seis personas sino de veinte, mínimo.
En cada vagón se les unían los niños que viajaban haciéndose el grupo cada vez más grande, tanto que al llegar al final no era de seis personas sino de veinte, mínimo.
Entraron al segundo vagón y buscaron a las mujeres más jóvenes para cantarles esta bonita canción:
Ese lunar que tienes cielito lindo junto a la boca
no se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca.
Ay, ay, ay, ay, canta y no llores
porque cantando se alegran,
cielito lindo, los corazones.
Por la Sierra Morena, cielito lindo, vienen pasando
un par de ojitos negros, cielito lindo, de contrabando.
ESTRIBILLO
Si tu boquita, morena, fuera de azúcar, fuera de azúcar,
yo me lo pasaría, cielito lindo, chupa que chupa.
ESTRIBILLO
De tu casa a la mía, cielito lindo, no hay más que un paso,
ahora que estamos solos, cielito lindo, dame un abrazo.
ESTRIBILLO
La mayoría de la gente conocía las letras de las canciones que el grupo de chavales cantaba con tanta alegría y con tan buena entonación, así que los acompañaban tarareándolas y dando palmadas al compás. Al finalizar los aplaudían y les echaban unos céntimos en el platillo que el último pasaba por delante de las barbas.
Pasaron al tercer vagón con gran algarabía y el que iba delante se acercó a una señora y le preguntó por su nombre. Ella le respondió que se llamaba Dolores. Con decisión el chico le dijo que le dedicarían una canción pero que no se enfadara con ellos, que la letra era popular. Ella le dijo que no se preocupara que ya le habían cantado muchas veces.
Pasaron al tercer vagón con gran algarabía y el que iba delante se acercó a una señora y le preguntó por su nombre. Ella le respondió que se llamaba Dolores. Con decisión el chico le dijo que le dedicarían una canción pero que no se enfadara con ellos, que la letra era popular. Ella le dijo que no se preocupara que ya le habían cantado muchas veces.
Por ser amiga de diversiones
Por ser alegre en su juventud
En coplas se vio la Dolores
La flor de Calatayud.
Y una coplilla recorrió España
Pregón de infamia de una mujer
Y el buen nombre de aquella maña
Yo tengo que defender.
Si vas a Calatayud
Si vas a Calatayud
Pregunta por la Dolores
Que una copla la mató
De vergüenza y sinsabores
Di que te lo digo yo
El hijo de la Dolores
Uno de los chicos era descendiente de maños así que cantaba la jota como nadie. Al terminar la canción todos los viajeros del vagón se pusieron en pie y aplaudieron calurosamente. Y también aplaudieron a Dolores, la señora que, sonrojada, daba las gracias sintiendo mucha vergüenza.
El silbato del tren sonó fuertemente anunciando que pronto partiría de la estación y empezó a moverse. Los chicos de la tuna se dirigieron al cuarto vagón a la vez que un grupo de escolares saltaban desde el andén con las carteras a cuestas. Uno de ellos se quedó atrás esperando a que el tren arrancara. Le encantaba subirse, bajo los ojos de sus admirados compañeros, cuando ya había alcanzado una cierta velocidad. Cuando esto sucedió, lanzó la cartera con los libros y de un salto se plantó en la plataforma. Una demostración de agilidad propia de la edad y que, con más o menos acierto, imitaban algunos.
Como en todas las proezas infantiles la hazaña nunca debía llegar a oídos de los padres y por lo general no llegaba. Pero en aquella estación nada se le escapaba a los ojos de Santos, el Jefe de estación, que armado de gorra, silbato y cierto bastón controlaba el andén y todo lo que en él sucedía.
A él también le dio tiempo de subirse al tren, que estaba iniciando la marcha, agarró a Rafael (que así se llamaba el temerario chico) por los tirantes que le sujetaban unos pantalones bombachos a media pierna y le blandió un par de bastonazos en el inquieto y saltarín culo.
Todo sucedió con rapidez y limpieza. Ni una palabra. Como el tren no cogería velocidad hasta salir de la estación a Santos le dio tiempo de bajarse y seguir con sus otras tareas de Jefe de estación.
Los compañeros de Rafael fueron testigos de lo sucedido pero ni una mueca se dibujó en sus rostros. Hoy por ti, mañana por mí. Nadie comentaría en casa lo sucedido. Y si Santos no coincidía ese día con los padres del chico, el salto al tren en marcha se había saldado solo con dos bastonazos.
El viaje continuó sin más contratiempos. Durante una hora el tren fue avanzando entre campos de maíz y avena acercándose a la estación donde se tendría que bajar Vicente.
El silbato del tren sonó fuertemente anunciando que pronto partiría de la estación y empezó a moverse. Los chicos de la tuna se dirigieron al cuarto vagón a la vez que un grupo de escolares saltaban desde el andén con las carteras a cuestas. Uno de ellos se quedó atrás esperando a que el tren arrancara. Le encantaba subirse, bajo los ojos de sus admirados compañeros, cuando ya había alcanzado una cierta velocidad. Cuando esto sucedió, lanzó la cartera con los libros y de un salto se plantó en la plataforma. Una demostración de agilidad propia de la edad y que, con más o menos acierto, imitaban algunos.
Como en todas las proezas infantiles la hazaña nunca debía llegar a oídos de los padres y por lo general no llegaba. Pero en aquella estación nada se le escapaba a los ojos de Santos, el Jefe de estación, que armado de gorra, silbato y cierto bastón controlaba el andén y todo lo que en él sucedía.
A él también le dio tiempo de subirse al tren, que estaba iniciando la marcha, agarró a Rafael (que así se llamaba el temerario chico) por los tirantes que le sujetaban unos pantalones bombachos a media pierna y le blandió un par de bastonazos en el inquieto y saltarín culo.
Todo sucedió con rapidez y limpieza. Ni una palabra. Como el tren no cogería velocidad hasta salir de la estación a Santos le dio tiempo de bajarse y seguir con sus otras tareas de Jefe de estación.
Los compañeros de Rafael fueron testigos de lo sucedido pero ni una mueca se dibujó en sus rostros. Hoy por ti, mañana por mí. Nadie comentaría en casa lo sucedido. Y si Santos no coincidía ese día con los padres del chico, el salto al tren en marcha se había saldado solo con dos bastonazos.
El viaje continuó sin más contratiempos. Durante una hora el tren fue avanzando entre campos de maíz y avena acercándose a la estación donde se tendría que bajar Vicente.
-Maribel, ¿puedes venir un momento al pasillo? –preguntó el chico.
Ella miró a su madre para recibir la aprobación y fue tras él.
-Me bajo en la próxima estación.
-¿Ya?
-Sí, allí cogeré un autobús que me llevará al cuartel. Me gustaría que me dieras tu dirección para escribirte.
-No puedo. No sé dónde nos alojaremos. Si quieres dame tú la tuya y yo te escribo.
-De acuerdo.
Vicente buscó un trozo de papel en los bolsillos del uniforme y solo encontró el billete de tren.
-Esto mismo. Ya no me lo pedirán. Te daré la dirección del cuartel pues aquí pasaré todavía unos cuantos meses antes de volver a casa.
Con buena letra escribió:
Ella miró a su madre para recibir la aprobación y fue tras él.
-Me bajo en la próxima estación.
-¿Ya?
-Sí, allí cogeré un autobús que me llevará al cuartel. Me gustaría que me dieras tu dirección para escribirte.
-No puedo. No sé dónde nos alojaremos. Si quieres dame tú la tuya y yo te escribo.
-De acuerdo.
Vicente buscó un trozo de papel en los bolsillos del uniforme y solo encontró el billete de tren.
-Esto mismo. Ya no me lo pedirán. Te daré la dirección del cuartel pues aquí pasaré todavía unos cuantos meses antes de volver a casa.
Con buena letra escribió:
Vicente Pardo Carrera
Cuartel de Infantería
Cl/ Las Pavas, nº 12
Cornelo
-Toma, esperaré ansioso tu carta.
-Te escribiré en cuanto estemos instalados –dijo Maribel con una bonita sonrisa.
El tren fue perdiendo velocidad y Vicente volvió al vagón para recoger su petate. Como era un chico muy educado se despidió de todos los pasajeros deseándoles un buen viaje. Todos le dieron las gracias, deseándole a él que tuviera una grata estancia en el cuartel y que saliera pronto.
-Voy a bajar para estirar las piernas y tomarme una copita de aguardiente en la cantina de la estación. ¿Te importa? –preguntó Andrés a Mercedes.
-No. Haz lo que quieras –respondió ella-, pero no te despistes vayas a perder el tren, que dicen que aquí no para tanto.
Cuando el tren se detuvo bajó Vicente seguido de Andrés y de muchos más viajeros. Una vez más hubo empujones entre los que querían subir antes de que bajaran los que se disponían a ello.
-Ha sido un placer conocerle a usted y a su familia –dijo Vicente despidiéndose de Andrés.
-Lo mismo digo –respondió este-. Con unas cosas y otras ni siquiera te he preguntado cómo está tu madre después de su operación.
-La he dejado regular.
-¿De qué la han operado?
-Del corazón. Lleva bastante tiempo enferma.
-Vaya, lo siento. Pero ella debe de ser muy joven para estar enferma del corazón.
-Sí, es joven. Tendrá la misma edad que Mercedes, su mujer, pero ha sufrido mucho en la vida. Su corazón está muy cansado. Los médicos no me aseguran que se cure.
-Te invito a una copa de aguardiente en la cantina. No tengo mucho tiempo. Tengo que volver al tren pero me gustaría charlar este rato contigo. Me has caído bien.
-De acuerdo, -contestó Vicente-. Aún me queda media hora antes de coger el autobús que me llevará al cuartel.
-Te escribiré en cuanto estemos instalados –dijo Maribel con una bonita sonrisa.
El tren fue perdiendo velocidad y Vicente volvió al vagón para recoger su petate. Como era un chico muy educado se despidió de todos los pasajeros deseándoles un buen viaje. Todos le dieron las gracias, deseándole a él que tuviera una grata estancia en el cuartel y que saliera pronto.
-Voy a bajar para estirar las piernas y tomarme una copita de aguardiente en la cantina de la estación. ¿Te importa? –preguntó Andrés a Mercedes.
-No. Haz lo que quieras –respondió ella-, pero no te despistes vayas a perder el tren, que dicen que aquí no para tanto.
Cuando el tren se detuvo bajó Vicente seguido de Andrés y de muchos más viajeros. Una vez más hubo empujones entre los que querían subir antes de que bajaran los que se disponían a ello.
-Ha sido un placer conocerle a usted y a su familia –dijo Vicente despidiéndose de Andrés.
-Lo mismo digo –respondió este-. Con unas cosas y otras ni siquiera te he preguntado cómo está tu madre después de su operación.
-La he dejado regular.
-¿De qué la han operado?
-Del corazón. Lleva bastante tiempo enferma.
-Vaya, lo siento. Pero ella debe de ser muy joven para estar enferma del corazón.
-Sí, es joven. Tendrá la misma edad que Mercedes, su mujer, pero ha sufrido mucho en la vida. Su corazón está muy cansado. Los médicos no me aseguran que se cure.
-Te invito a una copa de aguardiente en la cantina. No tengo mucho tiempo. Tengo que volver al tren pero me gustaría charlar este rato contigo. Me has caído bien.
-De acuerdo, -contestó Vicente-. Aún me queda media hora antes de coger el autobús que me llevará al cuartel.
Conchi. 6-08-12

17 comentarios:
¡El tren sigue su marcha a pesar del calor! Menos mal que encontré un cartón para hacerme aire, jeje.
Esta tarde hemos superado los 47 grados. Los gatos van arrastrándose y las pobres macetas están más mustias que otra cosa. Es que somos extremistas, no lo podemos remediar!!!!
Bueno, aquí tenéis mi parte. Me lo he pasado muy bien escribiéndola. Espero que os guste.
Como dije en la anterior entrada le escribí a Susana y le dije que siguiera pero no me ha respondido. Supongo que tendrá otros asuntos más importantes. Así que la siguiente será Roser y, como de Chus tampoco sabemos nada, pues podemos ir escribiendo ya las que queramos.
Si os parece bien, para no liarnos, la que tenga una anécdota la escribe y me la manda al correo y luego yo las voy sacando, aunque a lo mejor tengo que añadir algo para que haya continuación con el capítulo anterior. No sé si será un lío pero podemos intentarlo a ver qué sale.
Bueno, os dejo un fuerte abrazo mientras me tomo el helado de turrón que me ha preparado Piedad.
¡Feliz fin de semana para todas!
Conchi
¡Buenas noches!
Conchi he disfrutado mucho leyendo tú parte, sobre todo con las canciones, algunas hasta me han traído buenos recuerdos, ahora esperar haber que pasa con la parejita ¿ serán hermanos?, seguro que toda acabara bien y la madre de Vicente se recuperara de su operación.
Recuerdo que mi padre nos contaba que el y sus amigos, iban a las casas de sus novias a cantarles serenatas, el cantaba muy bien, además tocaba de maravilla la bandurria, Piedad fue la única que se intereso y aprendió un poco ha tocarla ¿te acuerdas Piedad cuando tocabas los limoneros, de Manolo Escobar? yo aunque era pequeña me acuerdo perfectamente, ¡que años!!!!
Conchi,te acompaño a tomar un helado mientras llegan las demás amigas, que por aquí también hace mucha calor, yo si puede ser de vainilla.
Abrazos.
Rosa.
47 grados solo de pensarlo me asfixio ¡que horror!. ¡Me encantó tu parte Conchi!, muy alegre y sonora, pero el misterio del parentesco sigue ¿hasta cuando?...
Que paséis un buen fin de semana.
Se me olvidaba decirte Conchi que no hay problema "con los añadidos al tren" remendaras bien todos esos trozos que se irán mandando y la historia seguirá en alza.
Abrazos.
Hola chicas, hola Conchi.
Vengo a darme una vueltecita por la estación para ponerme al día.
Al mencionar Rosa lo de la bandurria me ha traído a la mente que mi padre también hablaba de que se reunía con sus amigos de joven y se echaban unos cantes ....
Calor , calor y sin apenas llover.
Un abrazo
¡Holaaa!
Conchi, ¿me prestas el cartón para hacerme un poquito de aire?
A mí me ha encantado tu parte y como dice Rosa, también me ha hecho recordar otros tiempos... Claro, Rosa, que me acuerdo cuando tu padre me enseñaba a tocar la bandurria, y también me acuerdo cuando iba con los amigos a cantarle a tu madre al pie de su ventana... ¡Qué tiempos aquellos! Yo dormía con tu madre y cuando oía la música me levantaba corriendo y salía a la calle porque la música me volvía loca. Luego servía de juguete para todos los jóvenes porque como no levantaba un palmo del suelo, pues le hacía gracia...
Bueno, pues yo voy a intentar escribir mi primer viaje en estos trenes aunque no tiene nada de gracioso... pero lo importante es seguir viajando y conociendo gente.
Os dejo un abrazo con mis mejores deseos de que paseis un feliz fin de semana.
Todavía me resuenan las canciones de los muchachos ¡qué alegría!...
Que pasemos un buen día en el tren de los sueños, cada cual que tenga el que más le plazca y desee.
Abrazos.
Imagino que se les habrá llenado a estos muchachos la pandereta, o la gorra...¡cómo me gusta la tuna!!!!
Otro capítulo que me ha gustado mucho, especialmente por la alegría que le han dado al tren de los sueños.
En una semanita me podré subir al tren.
Hablamos.
Un beso muy fuerte para toda la plaza.
Bss
¡Buenas noches!
Vengo corriendo a contaros varias cosas. Primero, que por fin han bajado las temperaturas hasta diez grados y eso se nota. Hoy entra airecito por la ventana, así que a lo mejor hasta dormimos.
Lo segundo que os tengo que contar es que he tenido una visita muy especial: hoy hemos compartido el día con Tomi y su marido!!! Síii, era algo que teníamos pendiente y por fin, se ha cumplido. Ella tardará en pasar por aquí pues sigue de vacaciones, así que ha dado abrazos para todas. Me preguntó por nuestro viaje en el tren y ya la puse al día y le dije que seguramente le dará tiempo a dejarnos alguna anécdota cuando vuelva. Hemos hablado mucho y le he enseñado todos vuestros regalos, esos que guardo con tanto cariño y a ella les ha encantado todo!!!!
Blanca, me alegro mucho de verte por aquí, aunque sé que no podrás escribir tu fragmento todavía. No te preocupes y pásalo bien.
Margarita, espero que hayáis pasado un feliz día.
Y a todas las demás, también espero que hayáis pasado un feliz fin de semana.
Rosa, ¿has descansado?
Un abrazo grande
Conchi
¡Buenas tardes!
Al fin me leí la nueva entrega. Me ha gustado mucho, Conchi. Qué animado va ese tren con la tuna. Todas la canciones me sonaban, ahora me gustan, pero de niña, cuando los veía con esas ropas y todas esas cintas colgando, me encantaban. Bueno, a ver qué pasa con la parejita, que parece que se van destacando como los protagonistas de nuestro tren. Es curioso, pero los personajes mandan a veces, jaja y la historia te lleva, ¿no os parece?
Qué bonito encuentro, seguro lo pasastéis en grande. A ver si para octubre se nos da encontrarnos en Zaragoza de nuevo, sería estupendo pasar unas horas y charlar todas juntas, o un buen número de nosotras.
Ayer nos lo pasamos muy bien celebrando. Y Joel está precioso, qué os voy a decir. Además es un niño muy cariñoso, te da abrazos, te mira y llama la atención para que lo cojas, te toca la cara, en fin que se hace querer.
Esta mañana llamé al enfermero porque me ha salido una quemadura y estaba la piel en carne, jeje, y yo que ya tengo reservado habitación en los hoteles, que ya me voy el jueves de vacaciones y me dijo él que me tenían que hacer una cura y que igual tenía que ir todos los días, así que fui para allí y me ha dado unos apósitos y una crema y que me puedo hacer las curas yo y me puedo ir!!! Uff, menos mal, jeje. Así que el jueves me voy, haré parada en Logroño para visitar algo y pasa la noche y el viernes llegaré a Cantabria y el 23 salgo de allí para Burgos y lo mismo, visitarémos alguna cosa, y al día siguiente para casita. Así no vamos en el viaje del tirón y vemos más cosas con escalas. Os leeré por el móvil, pero no sé si el cacharro me dejará entrar, si puedo entraré a saludaros.
Os dejo un abrazo grande,
Margarita
Siento lo de esa quemadura, pero seguro que no es nada Margarita, ya veras que, con tus curas, sanará perfectamente. Aprovechar el tiempo a tope, pues será un viaje precioso. Hace muchos años que no estuve en Logroño, lo conozco de los tiempos en que tenía allí un tío.
¡Qué bien que estuviera Tomy contigo Conchi! me imagino que lo pasaríais estupendamente.
Blanca un saludo.
Abrazos.
¡Buenas noches!
Conchi, imagino que el domingo lo pasaste muy bien con Tomi, este año esta siendo un año de encuentros entre amigas de la plaza, me alegro que pasarais un buen día.
Margarita, veras que este pequeño contratiempo no tendrá mayor consecuencia, veras como podrás disfrutar con tu marido de esas vacaciones tan esperadas y, merecidas.Jel se esta haciendo mayor, como pasa el tiempo, seguro que esta para comérselo, dentro de poco más de un mes, con la llegada de Nil sera el mejor de los regalos, veras!!!!
Sabela ¿todo bien?
Abrazos.
Rosa.
Cansada Rosa, pero bien gracias a Dios.
Camino de la compra me paré en la plaza a saludaros, que paséis un buen día.
Abrazos.
Para mí quiero el número trece, otro saludo y muchos abrazos.....
¡Buenas tardes!
Margarita, supongo que ya estarás preparando la maleta. Seguro que esa quemadura pronto remite con tus cuidados, además por el norte no hará demasiada calor que sería más perjudicial.
Yo no conozco Logroño ni Cantabria, así que estaré pendiente de tus fotos y será como haber estado allí, jeje.
Tu sobrino debe de estar ya para comérselo. Y pronto empezará a dar sus primeros pasos y a decir sus primeras palabras. Eso es emocionante para la familia!!!
Rosa, que te cuides!!!!!
Sabela, dile al chico grande que acompañe al chico chico y te deje descansar a ti un poquito.
Piedad, ¿dónde andas? Vamos a tomarnos un helado, ¿no?
Os mando un fuerte abrazo
Conchi
Estoy aquí, en el chiringuito preparando los helados...
¡Buenas tardes!
Ay, con este calor me había quedado traspuesta, jajaja.
Conchi, qué bien, venir Tomi. ¡qué lástima no hubiera sido antes y nos hubieramos encontrado las tres... o las cuatro... aunque mejor dicho hubiera sido los cinco más dos, jajajaja. Otra vez será.
Margarita, cuídate mucho y disfruta de tus vacaciones.
Sabela, ven, siéntate un poco conmigo y descansa.
Rosa, igual te digo y a todas las demás... Os espero.
Abrazos.
Pues aquí vengo a sentarme un poco que buena falta me hace, menos mal que hoy toca casa porque el tiempo no permite otra cosa, llovió y el cielo está completamente gris amenazando nuevamente lluvia.
¡Qué bien se está en la plaza! Tienes Piedad un gusto especial y exquisito para decorar el chiringuito, contemplándolo ya se siente esa paz que tu trasmites y hoy se oye una música deliciosa que acompaña a una voz bien timbrada que se escucha en el ambiente, recita bonitos poemas y narra preciosos cuentos de una gran autora...
Abrazos.
Sabela, es verdad, aquí se está estupendamente y como tú bien dices, con esa música de fondo... con esa voz... los helados saben mejor.
Voy a cerrar el chiringuito pero os dejo todo preparado por si alguien llega tarde.
Abrazos...
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