Andrea llegó al aeropuerto a las
cinco y media de la madrugada, el avión partiría a las seis cuarenta y cinco y
siempre decían que era aconsejable estar allí un par de horas antes.
A pesar de ser tan temprano había
bastante gente; unos estaban tumbados en los bancos, otros en el suelo, algunos
paseaban y los más previsores empezaban a ponerse en fila ante la ventanilla
correspondiente para ocupar los primeros lugares en las colas.
Andrea comprobó una vez más que
llevaba el billete en su bolso y también miró la hora de salida del avión,
luego buscó con la mirada el gran reloj que había en la pared y sincronizó el
suyo, el que llevaba en la muñeca izquierda. Un reloj que nunca se ponía ya que
lo guardaba para las grandes ocasiones, pero aquella lo era, por eso lo sacó
del joyerito que tenía sobre la coqueta de su dormitorio y se lo puso en la
muñeca. Tenía miedo de perderlo ya que era un recuerdo de su madre, pero aún
así decidió cogerlo y llevarlo a aquel viaje.
Apenas durmió esa noche. Había
preparado la maleta con cuidado de que no se le olvidara nada: el traje que se
pondría en la boda, un par de mudas, un pijama, la bolsa de aseo con el cepillo
de dientes, el peine, un botecito con champú, el lápiz de ojos, el lápiz de
labios y unas pinzas de depilar (siempre las llevaba, por si acaso). También
llevaba un camisón para dormir, unas zapatillas y unos zapatos de tacón. ¿Qué
me falta?, pensaba, seguro que algo se me queda atrás.
La maleta y el bolso que colgaba
de su hombro era el único equipaje de Andrea. No necesitaba más. La habían
invitado a aquella boda y ella no sabía muy bien por qué había aceptado. ¡No le
gustaban las bodas y tampoco los aviones!
Era la primera vez que viajaría
en avión así que era la primera vez que andaba por aquel aeropuerto. ¿Dónde
estarán los servicios?, se dijo, aunque no tengo muchas ganas iré antes de
embarcar. A lo lejos vio el cartelito que indicaba este lugar y hacia él se
dirigió. Tenía tiempo antes de ponerse en la cola que se iba formando en su
puerta de embarque. Cuando entró se encontró con tres puertas: mujeres, hombres
y minusválidos. Ella se fue a la de mujeres, la abrió y se encontró con un
pasillo donde había otras cinco puertas a la derecha y a la izquierda había una
fila de lavabos y espejos. Todas las puertas estaban cerradas, lo que quería
decir que los aseos estaban ocupados y debía esperar. A los pocos segundos se
abrió la segunda puerta y salió una chica joven, Andrea la saludó con una
sonrisa y se dispuso a entrar con su maleta, pero el espacio era tan pequeño
que no cabían las dos, así que tuvo que optar por dejar la maleta fuera. Cerró
la puerta pero no le echó el pestillo pues le daba miedo se fuera a quedar
atascado y no pudiera salir, así que con la mano sujetaría la puerta por si se
la abrían. Aún no se había bajado el pantalón cuando escuchó muchas voces de
mujeres que entraban al pasillo del servicio. Era un grupo que iba de excursión
y hacían lo mismo que ella, hacer sus necesidades antes de subir al avión.
Andrea no creía en el destino ni
en las casualidades, pero aquel día algo pasaría en su vida que le haría
plantearse si sería verdad que el destino existía. Una de las mujeres que iban
en el grupo de la excursión llevaba una maleta exactamente igual que la de
Andrea. Del mismo color, del mismo tamaño y quizás fue comprada el mismo año en
el mismo centro comercial. La cuestión fue que aquella mujer también soltó su
maleta en el pasillo para poder entrar a uno de los aseos, lo mismo que
hicieron todas las demás. Como el espacio era reducido se empujaban unas a
otras para mirarse en los espejos, lavarse las manos en los lavabos y pasar a
hacer sus necesidades. También las maletas eran empujadas de un lado a otro. Por
eso, cuando Andrea abrió la puerta, una señora casi la estampa contra el lavabo
apartándola para entrar ella. Andrea decidió no pararse a lavarse las manos y
quiso salir de allí a toda prisa. Buscó su maleta, la cogió y casi corriendo se
dirigió a su puerta de embarque. Una vez allí deseó que aquel grupo de mujeres
no fueran en su mismo vuelo ni se dirigieran al mismo destino.
(Conchi, 29-06-‘14)
(Este es el primer capítulo de nuestro nuevo relato compartido. Le he dejado de título el nombre de la protagonista, pero si más adelante queremos cambiarlo, siempre se puede hacer.
Me gustaría que este nuevo reto fuera divertido y que nos haga pasar buenos ratos. Os aconsejo que os dejéis llevar y que procuréis buscar situaciones absurdas. En fin, tomaos vuestro tiempo y ¡adelante!
Le paso el turno a Rosa.)

10 comentarios:
Buenas noches.
Conchi, he disfrutado mucho con esta primera parte del relato, creo que esto puede ser un buen principio para esta nueva andadura, una vez más y gracias a ti, seguro que valdrá la pena participar y arriesgarse.
Has puesto el listón altito, pero haré lo que pueda.
Cuando tenga mi parte te la envío.
Abrazos.
Rosa.
¡Holaaa!
Conchi, solo empezar ya me hace imaginar el viajecito de Andrea... Y me temo que habrá tomado la maleta equivocada. Ay, madre, ¡lo que se va a liar! Jajajaja. ¡este relato promete, estoy segura que lo vamos a pasar en grande!
A mí dejadme unos días que me ponga las pilas para este tema. Es que ahora estoy en otra cosa y la quiero terminar... No es nada importante pero estoy pegada con los canutillos, jejeje.
Supongo que la semana que viene ya habré acabado.
Os dejo abrazos para todas.
¡Buenos días! Nada más terminar de leer el comienzo de la historia y de saludaros parece que se cambió mi situación anímica, llevo una temporada de capa caída y este nuevo reto merece la pena, promete que pasaremos un buen rato, lo malo, en mi caso tengo miedo a no estar a vuestra altura, pero bueno algo se hará o al menos lo voy a intentar...
Abrazos.
Buenas tardes. Me alegro que os haya gustado la primera parte y, como decís, seguro que a Andrea le pasan muchas aventuras. Pobre mujer, ¡en buenas manos ha caído! ¡En las nuestras!, jeje.
Mi propuesta es que no corramos en el tiempo. Me explico, cada una debe escribir lo que le pasa a Andrea durante un tiempo limitado, como máximo una hora de su vida.
Yo la he dejado en la cola de la puerta de embarque, ¿no? pues Rosa debe describir lo que le ocurre allí, en la cola: sus pensamientos, sus preocupaciones, sus miedos,... y lo que ocurre a su alrededor. Una hora, más o menos. La siguiente persona describiría la siguiente hora y así sucesivamente.
Es importante que vayamos atando bien todos los cabos porque así facilitamos el trabajo a las demás.
Imaginemos que vamos a hacer un cuadro a punto de cruz entre todas. Dividimos el dibujo en X partes y cada una cose su parte. Seguro que cada una hace su parte lo mejor que sepa y no se va a dar puntadas a las partes de las otras, jeje
Al final, el cuadro quedará bien terminado y eso que no hemos podido repasarlo. Puntada que se da, puntada que se queda.
¿Es bueno el ejemplo? ¿Se entiende mi idea?
Bueno, pues cuando Rosa tenga su parte ya nos dirá a quién le pasa la pelota.
Sabela, anímate!!!
Un abrazo
Conchi
Buenas noches.
Conchi, ya he empezado mi parte del relato, en cuanto lo tenga te lo envió, otra cosa es lo que salga jajaja!!!!
Sabela ya ves, Conchi no descansa ni en vacaciones, creo que esta nueva propuesta nos va a ir bien, no solo tú lo necesitabas.
Quería comentaros que Roser esta otra vez en reposo con la rodilla, es el motivo por el cual no pasa por la plaza, aunque piensa mucho con todas, os envía un saludo.
Abrazos.
Rosa.
Rosa, sé que andas ocupada con otras cosas, así que no te preocupes, tómate tu tiempo. Pero ya sabes, tampoco hace falta que escribas mucho, solo lo correspondiente a un folio (una página) más o menos.
Siento mucho que Roser haya tenido una recaída con su rodilla, con lo bien que estaba. Si hablas con ella dale un abrazo y dile que le haga caso al médico!!! Que no se haga la valiente.
Qué verano más fresquito tenemos ¿no? Pues sí que ha habido tormentas y granizadas por todos lados (menos por aquí que no ha caído ni una gota).
Sabela, siento lo de la huelga de basura en Lugo, tendréis un grave problema. ¡Cómo está todo!
Os dejo un fuerte abrazo
Conchi
Ah, si veis a las demás decidles que se pasen por la plaza!!!
¡Buenas noches! Yo que presumía de ciudad limpia da pena verla, pues no solo se amontona la basura alrededor de los contenedores, sino que se extiende por la calle ¡es una pena que suceda esto! y eso que anduvieron recogiendo alguna...
Cuídate Roser y te digo como Conchi. Yo el domingo también fui de narices menos mal que una niña me ayudó a levantarme, además ando con la boca a vueltas, en fin ¡paciencia!.
La comunión de Juan fue muy bonita y emocionante ¡como crecen! demasiado rápido.
Rosa tienes razón Conchi no descansa y menos mal pues así nos viene bien ya que nos pone a trabajar y mientras lo hacemos la mente está ocupada en cosas agradables.
Abrazos.
Holaa chicas,paso un momento a saludaros y deciros que no os olvido solo que no puedo poner la pierna doblada ya que me han inmovilizado la rodilla,ni puedo estar mucho rato de pie y aquí en el teclas no tengo suficiente sitio para tenerla estirada. Pero paso a leeros.
Conchi, me ha gustado como has empezado el relato de Andrea. Puede ser muy divertido entre el miedo a volar y todo lo se puede encontrar en el aeropuerto le pueden pasar un sin fin de cosas. Ya han empezado con el cambio de la maleta je je.
Seguro que Rosa bordará el siguiente capitulo.
Muchos abrazos para todassss.
Roser
Roser, me alegro mucho verte por aquí. Gracias por acercarte a la plaza y dejarnos tus palabras.
Ten mucho cuidado y cuidate la rodilla para que se cure bien.
Ya verás cómo vamos a disfrutar con el relato. Ya mismo pondremos el capítulo de Rosa.
Un abrazo grande para todas.
Conchi
Buenas noches.
¿Que tal el fin de semana?
menos mal que el tiempo esta bastante estable y el calor aún no ha apretado fuerte, por lo menos por aquí.
Aún y así me tomare un helado con Piedad, os apetece?
Que tengáis una buena semana.
Abrazos.
Rosa.
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